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Interesante versión de un clásico de la novela y el cine fantástico

EL HOMBRE MENGUANTE | CRÍTICA

Un momento de la película dirigida por Jan Kounen. / D. S.

La ficha

*** 'El hombre menguante'. Ciencia ficción. Francia. 2025. 99 min. Dirección: Jan Kounen. Guion: Christophe Deslandes, Jan Kounen. Novela: Richard Matheson. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Christophe Nuyens. Intérpretes: Jean Dujardin, Marie-Josée Croze, Miranda Raison, Daphné Richard, Salim Talbi

Richard Maheson (1926-2013) es un maestro de la literatura fantástica al que debemos, quienes amamos el género, las novelas Soy leyenda, El hombre menguante, La comedia de los terrores, La casa infernal o En algún lugar del tiempo y las colecciones de relatos cortos reunidos en Las playas del espacio, Shock o Pesadilla a 2.000 pies. Muchas de sus obras fueron llevadas a la televisión, en episodios de las legendarias series Dimensión desconocida o Rumbo a lo desconocido, y al cine, en casi todas las ocasiones con su colaboración en el guión, con excelentes resultados que en no pocos casos hoy se consideran clásicos: El increíble hombre menguante (Arnold, 1957), La comedia de los horrores (Tourneur, 1963), El último hombre sobre la tierra (Salkow, 1964), El diablo sobre ruedas (Spielberg, 1971), El último hombre vivo (Sagal, 1971), La leyenda de la casa del infierno (Hough, 1973), En algún lugar del tiempo (Szwarc, 1980), La increíble mujer menguante (Schumacher, 1981), En los límites de la realidad (1983, uno de cuyos episodios se basa en Pesadilla a 2.000 pies), Más allá de los sueños (Ward, 1998), El último escalón (Koepp, 1999), Soy leyenda (Lawrence, 2007), The Box (Kelly, 2009) y Acero puro (Levy, 2011). A lo que hay que añadir su estupenda estación como adaptador de relatos de Poe para Roger Corman en La caída de la casa Usher (1960), El péndulo de la muerte (1961), Historias de terror (1962) y El cuervo (1963).

El interés de su obra, que, por supuesto se basta a sí misma para justificarse, es refrendado por este ininterrumpido interés del cine por sus relatos a lo largo de 68 años. Son los que han pasado desde la versión de Jack Arnold de El increíble hombre menguante en 1957, hoy considerada un clásico del género, hasta esta nueva versión dirigida por el errático Jan Kounen, cuya filmografía va de la ultraviolenta Dóberman (1997) y la extravagante Blueberry: la experiencia secreta (2004), con las que saltó de la publicidad al cine, a comedias (99 francos, Mi primo) o biografías (Coco Chanel & Igor Stravinski). Nada de extraordinario en su haber. Salvo esta nueva, valerosa (porque está el precedente de Arnold) y más que digna aproximación a la gran novela de Matheson y la gran película de Arnold, agrandada por la interpretación de un Jean Dujardin que más crece cuanto más mengua su personaje.

Porque además de muy buenos efectos especiales (cuyo mayor acierto es dar la sensación, no de que el protagonista decrece, sino de que el mundo se agranda), apoyados por unas muy interesantes perspectivas de cámara, y de situaciones angustiosas que demuestran hasta qué punto el tamaño importa cuando un gato, una araña, un pececillo o una mariposa se convierten en monstruos, la película tiene una interesante dimensión humana centrada en la vulnerabilidad a la que nos expone la ruptura de la siempre protectora y consoladora normalidad. En la vida común, su suspensión suele abrir las puertas al dolor. En esta ficción fantástica todo cuanto constituía el entorno del protagonista se vuelve inaccesible, si no peligroso, pese a estar ahí, ante sus ojos, al alcance de la mano a la vez que inalcanzable.

Hay sensibilidad e interés en esta nueva versión, incluso ternura, muy bien subrayadas por la excelente banda sonora del camaleónico e infatigable Alexandre Desplat, que ha captado perfectamente la intención del director haciendo prevalecer los temas sentimentales y nostálgicos, algunos con toques feéricos o grotescos, sobre los de tensión. Se nota que todo ha nacido del empeño de Jean Dujardin, impulsor del proyecto que luchó para obtener los derechos y poder abordar esta nueva versión. Se arriesgó al elegir al director, de quien es amigo y con quien trabajó en 99 francos, dada su irregular filmografía. Pero debió contagiarle su entusiasmo por el relato de Matheson y la película de Arnold, logrando realizar su mejor película al demostrar que la más inteligente forma de respeto a los originales es hacer una versión personal.

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