CONCERT MUSIC FESTIVAL La eterna sonrisa

  • Sancti Petri se rindió ante el grandioso espectáculo de Manuel Carrasco 

  • La cita contuvo constantes referencias a Cádiz durante sus más de dos horas y media de duración

Carrasco en el escenario del Concert Music Festival Carrasco en el escenario del Concert Music Festival

Carrasco en el escenario del Concert Music Festival / Nacho Frade (Chiclana)

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Contaban al término del concierto de Manuel Carrasco el domingo en el Concert Music Festival de Sancti Petri que el onubense había escrito en el mismo día del recital y para la ocasión una letra dedicada a Chiclana, simplemente tomando algunas notas de los lugareños de la localidad. Y el resultado no pudo ser más exitoso. "Salinas de Sancti Petri, entre marismas y esteros, quiero seguir navegando y tu cariño pescando cual marinero en tu puerto...". 

Leyenda urbana o no esta impresionante capacidad compositora, el poder de convicción y emoción de las letras del artista continúa intacto. Suponemos que desde que conocimos en televisión a ese chico tímido que escribía canciones y las cantaba con gran sensibilidad mil cosas se habrán quedado por el camino del éxito y otras muchas se habrán incorporado a la mochila de la experiencia. Pero hay algo que no ha desaparecido en el ánimo del cantante y compositor. Su sonrisa, esa eterna abertura de comisuras cuando se planta ante el micrófono y que regala a audiencias masivas, como la que le jaleaba en Sancti Petri. La sonrisa de aquel que, a pesar de los años de bagaje, no termina aún de creérselo y se lo cree todo encima del escenario para deleite de sus seguidores.

Un gran espectáculo fue el que montó en el poblado chiclanero para presentar su último trabajo, La cruz del mapa, y repasar además sus melodías más populares. Un mapa delimitado para la ocasión por las fronteras de Cádiz, un punto geográfico y emocional que en directo afloró plagado de continuas referencias a la tierra y momentos que hicieron las delicias del público. De esos instantes, los más mágicos fueron los que, en la desnudez del piano o la guitarra -a pesar del enorme acompañamiento de músicos que llevaba el artista, con gran presencia de instrumentos de viento-, llevaron su sonrisa a pie de escenario, casi desde donde una pancarta le pedía por escrito dedicarles a José y Jeni una canción por su primer aniversario de casados. "Que os dure mucho tiempo", les deseaba el artista antes de afrontar una letra de hace 15 años. "Me he acordado de ella viniendo para acá, de mi familia, de mis orígenes, mis lugares y paisajes...". A la guitarra la magia se convirtió en Montañas de sal, una de las más sentidas y disfrutadas de la noche. Un pasaje acústico que siguió encandilando con Espera un momento, Soy afortunado y Dispara lentamente.

El cantante llenó por otra parte el recital con letras de superación personal como No dejes de soñarMe dijeron de pequeño, Que nadie y Yo quiero vivir, coreadas por el respetable como prácticamente el noventa por ciento de las melodías -y piropos al artista- que se sucedían sin parar durante las más de dos horas y media de espectáculo. Tiene un impresionante poder de atracción, carisma el chico de la sonrisa perenne para enganchar al público y que éste se quedara con ganas de más a pesar de lo extenso del recital.

"¡Qué ganitas de volver a mi Cai! Tengo la alegría instalada en el corazón. Ya noto la vibración. Va a ser una noche espectacular", afirmaba el cantante y compositor. Y lo fue sin duda gracias a canciones como Los primeros días, Ya no, Uno x uno, Me gusta, Sabrás, Te busco en las estrellas Tambores de guerra durante la primera parte del concierto, en la que también fue una destacada protagonista la mujer, con composiciones como Mi única bandera, Mujer de las mil batallas, dedicada "a toda esa gente que lucha día a día y para quienes les acompañan" en la batalla contra el cáncer, y Vete, ante la que el artista expuso sus razones para cerrar las puertas definitivas al odio: "A ti que estás pensando en él que dice que te quiere pero te dice qué te tienes que poner, dile 'vete' -el público lo gritaba-. Queda mucho camino por recorrer, hay que acabar con el acoso y la intolerancia". La tremenda ovación dio aún más brillo al necesario mensaje lanzado desde el escenario.

La gran sonrisa de Manuel Carrasco también es compartida, de ida y vuelta. No quiso hacerle un feo a sus orígenes como parte de la fábrica de artistas más conocida de este país y ofreció su show para mostrar el arte y gran voz de la jerezana Alba Gil, ganadora de otro concurso de talentos del que Carrasco formó parte. "La primera vez que la oí me enamoré de su voz", dijo el cantante de su aventajada alumna. Ella respondió al alimón interpretando con mucha garra Llámame loco con el público rendido a la propuesta. 

Otro talento de la tierra y exconcursante de OT, Julia Medina -por segunda vez este verano en Sancti Petri tras acompañar a Vanesa Martín- subió al escenario para interpretar Déjame ser, "esta canción que me ha hecho tan feliz y dado tanta vida", confesaba la isleña.

Y no hay dos sin tres. La vuelta al pasado de Carrasco rescató para Sancti Petri la enorme voz de su compañero de academia, el gaditano Miguel Nández, "una de las cosas más bonitas que me ha traído la música", admitía el onubense, y puso a Cádiz en el centro de nuevo del mapa musical de aquella noche de verano. Juntos regalaron Siempre fuertes, toda una declaración de intenciones frente a la fugacidad del estrellato, una sonrisa musical con la que pisar fuerte el suelo de la honestidad artística.

Y ya en los bises de nuevo olor y sabor a Cádiz. "Voy a cantar una cosita así de esa manera y la quiero dedicar a dos autores que están aquí, Martínez Ares y Tino Tovar. No saben todo lo que he aprendido y aprendo de sus letras. Siempre llevo a gala ser un carnavalero, es una de las mayores culturas que tenemos y nos tenemos que sentir orgullosos". Y así, al ritmo del tres por cuatro al piano, encaró para deleite de la audiencia Yo te vi pasar ante el "¡qué bonito!" del público. La sonrisa conjunta fue inabarcable.

Como inmenso fue el repertorio del artista para el Concert Music, donde se sentía como en casa enfrentando la humedad reinante en el ambiente. "¿Cómo es esto de compartir con 6.000 personas la misma sauna?", bromeaba. Para evitar resbalones -físicos, que no musicales-, Carrasco fue a cambiarse de botas para regresar con el ánimo intacto y una segunda tanda de bises que incluyeron Amor planetario, Tan solo tú, En el bar de los pesares y Qué bonito es querer para celebrar la amistad, esa que infunde sonrisas y posee la fuerza inquebrantable de la eternidad, con la bufanda del eterno corazón amarillo del Cádiz Club de Fútbol sobre sus hombros.

La sonrisa de Manuel Carrasco no se apaga y su carácter humilde tiene mucho que ver en su supervivencia y éxito musical. Nadie como su "hermano" Miguel Nández para resumirlo en el escenario: "Me alegra que todo te vaya así de bien. Te lo mereces porque sigues teniendo el mismo corazón y el alma igual de limpia que cuando pintabas". Como pintor de canciones de trazo grueso, un Carrasco emocionado sonrió a Cádiz y ésta le devolvió una gran lienzo de emociones compartidas que tardará en ser borrado.

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