tribuna
El silencio como arma y estrategia de supervivencia
Obituario
Son unos días tristes para la familia del Puerto de Algeciras. Nos ha dejado Carlos de las Rivas Hidalgo, una figura cuya trayectoria es parte destacada de nuestra historia reciente.
Carlos no solo fue nuestro jefe de Servicios Jurídicos y secretario del Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras (APBA), fue un hombre que llevó el mar en su ADN. Biznieto de Francisco Vicente Montero (primer presidente de la Junta de Obras del Puerto y uno de los impulsores de la llegada del ferrocarril junto a Alexander Henderson), Carlos comenzó su andadura a los 16 años como marinero en la compañía familiar Vapores Punta Europa. Gracias a ello fue testigo de excepción de las escalas de transatlánticos en el Puerto de Algeciras dentro de las líneas regulares que las navieras tenían establecidas entre los años 1955 y 1976. Por aquel entonces, los buques no atracaban en los muelles y la motonave Punta Europa se abarloaba al costado de estos para embarcar y desembarcar a los pasajeros. Fue así como tuvo la oportunidad de conocer a numerosas personalidades de la época, como, por ejemplo, al embajador de Estados Unidos en España, John Davis Lodge, en su llegada a Algeciras en su travesía desde Nueva York.
Esa visión “a pie de muelle” le otorgó una sensibilidad única que más tarde aplicaría con rigor y excelencia en su carrera como letrado. A lo largo de su dilatada vida profesional, Carlos desempeñó roles de alta responsabilidad, no solo en la Autoridad Portuaria, sino también como letrado del Fogasa y delegado del INEM.
Sin embargo, su vínculo con Algeciras siempre fue más allá del deber: orgulloso de haber nacido en la Plaza Alta -en la fotografía posa junto a la que fue su casa-, fue un activo participante de la vida cultural en el Casino de Algeciras, y, junto a Pepe Corrales, fue socio fundador de la Asociación de Jubilados y Pensionistas de la APBA. Un colectivo, este último, que mantiene unidos a los empleados ya retirados de la Autoridad Portuaria, cuyo trabajo ha sido fundamental para llevar al Puerto de Algeciras al Top 5 de puertos europeos y ser el más eficiente de Europa según los datos del Banco Mundial.
Quienes tuvimos el honor de trabajar con Carlos recordamos su memoria prodigiosa, capaz de relatar con precisión desde las escalas de esos grandes trasatlánticos de los años 50 hasta los entresijos legales más complejos de nuestra expansión moderna. Pero, sobre todo, recordamos su cercanía y su compromiso con nuestra tierra.
En nombre de toda la comunidad portuaria, quiero trasladar todo nuestro cariño y apoyo a su esposa Luchi, a sus hijas, y a todos sus familiares y seres queridos.
Su legado técnico permanece en nuestros archivos, pero su calidad humana y su amor por el puerto quedarán para siempre en el corazón de Algeciras y su Puerto.
Descansa en paz, Carlos.
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