Los Barrios Palmones lanza un SOS desgarrador

  • La prolongación del cierre perimetral y del toque de queda, un asedio invisible para la barriada

  • De las 1.300 empresas de Los Barrios, 345 están solo en su polígono industrial

  • Los 25.000 residentes en el municipio no pueden sostener la oferta de todos los sectores

  • La libre circulación por el área metropolitana, la demanda más repetida

  • Palmones, en fotos

Sillas apiladas a las puertas de un bar en Palmones Sillas apiladas a las puertas de un bar en Palmones

Sillas apiladas a las puertas de un bar en Palmones / Erasmo Fenoy

Cierres echados, mesas amontonadas en las puertas, trabajadores de todos los sectores cruzados de brazos con cara de circunstancias. La prolongación hasta el próximo día 10 de diciembre del cierre perimetral y de las restricciones horarias impuestos por la Junta de Andalucía para frenar la expansión del Covid-19 (coronavirus), unidos a las medidas añadidas al adentrarse en el nivel 4 -con la consiguiente reducción de los aforos- han sonado como una detonación en Palmones (Los Barrios) y en todo su sector comercial e industrial, en el de la hostelería de manera muy especial. Los cálculos de los propietarios de todo tipo de negocios hablan de una reducción de entre un 70% y un 80% de sus ingresos en las dos últimas semanas. La consigna, en aquellos que tienen el arrojo de mantener abiertas sus puertas, se repite como un mantra: “Trataremos de aguantar hasta la Navidad… luego ya se verá”.

Palmones (y su vecino Guadacorte) lanza un desesperado mensaje de alarma. Su oferta gastronómica y de ocio está estructurada para una demanda que va mucho más allá de la que pueden proporcionar los algo más de 25.000 habitantes de Los Barrios. El cierre perimetral que impide acercarse a los habituales clientes de Algeciras, La Línea, San Roque… se ha convertido en un asedio invisible. Pero no solo para bares y restaurantes, que es lo primero que entra por los ojos, sino de todo tipo de empresas, desde gasolineras a taxistas, pasando por talleres de todo tipo, tiendas de material de construcción, grandes superficies…

“Aquí todos nos retroalimentamos, formamos parte de un todo”, explica Salvador, que lleva años subido en un taxi. “Cuando vienen las familias a comprar unos aprovechan para echar gasolina, o mientras unos compran el acompañante va a la peluquería, a echar la primitiva, otros se toman una cerveza o se quedan a comer, van al cine… pero ahora no hay casi nadie y desde las seis de la tarde para qué contar”.

La solución que han tomado muchos establecimientos es conceder vacaciones hasta después del puente de diciembre a una parte de sus empleados, con la esperanza de que el tramo final de diciembre y el comienzo del 2021 sean más prósperos. “Si no, habrá que meter más gente en el ERTE o lo que es peor, cerrar”, sugiere José Luis, el veterano dueño de un bar de Guadacorte al que, asegura, le está costando “más de cien euros cada día abrir las puertas”.

“No sé hasta dónde vamos a poder aguantar, porque las ayudas que anuncian solo son publicidad, nunca llegan a los empresarios”, denuncia. "Tendríamos que hacernos fuertes y pedir reducciones de impuestos, aportaciones... pero es perder el tiempo, sale el político de turno, habla de cifras millonarias, pero nunca más se sabe de ellas".

El Black Friday, que en años anteriores había supuesto la primera de las bombas de oxígeno como preludio de las ventas navideñas, ni se espera en este 2020 marcado por la pandemia. “Cuatro ventas por Internet para las grandes marcas, para los demás las migajas”, afirma desolado Carlos, la cabeza visible de una tienda de electrodomésticos cercana al polígono.

Tampoco es que en esas grandes superficies se froten precisamente las manos. "El sábado antes del anuncio hubo hasta peleas porque la gente, sobre todo la que viene de Jimena, Castellar... se lo quería llevar todo. Después, una mañana, sobre las diez, estaba reponiendo. Me paré y miré para los dos lados y no había nadie. Nadie. Se me saltaron las lágrimas. No había visto eso jamás", confiesa Sofía, que trabaja "desde que lo abrieron" en el mismo hipermercado.

Después de que Europa Sur ya avisase de que esta zona era posiblemente la más perjudicada de la comarca por las nuevas medidas, el alcalde de Los Barrios, Miguel Alconchel, puso negro sobre blanco el sentimiento de todos los vecinos. Habló de una sensación “desoladora”.

“No podemos estar parados y ver como el gran centro empresarial y comercial de la comarca se desangra por culpa de estas medida”, dijo Alconchel, que como todos apela a la imperiosa necesidad de que mientras dure esta medida todo el Campo de Gibraltar (o al menos las poblaciones que se asoman a la Bahía) sea considerado parte de un mismo área metropolitana, y se pueda circular libremente de un punto a otro.

Un llamamiento el del primer edil barreño -que habla en nombre de miles de vecinos de la comarca- al que el Gobierno autónomo ha hecho, de momento, caso omiso. También es cierto que su grito de auxilio no ha encontrado un eco especialmente llamativo en el resto de los alcaldes de la zona, quizás porque para algunos esta medida no está resultando tan dañina.

La primera autoridad de la Villa no se queja por vicio. La estadística municipal refleja que solo en el polígono hay censadas 345 empresas que pagan el IAE (a las que habría que sumar los autónomos), sobre un total de 1.300 en todo el municipio. Es decir, un 26%. Y eso, sin contar los bares, cafeterías, pubs, librerías... del propio Palmones.

Rubén Montes, gerente del centro comercial Bahía Plaza, sitúa en “un 80%” el descenso de la afluencia a dicho recinto desde que empezaron las restricciones el pasado 10 de noviembre.

Han cerrado temporalmente los Multicines, la bolera y varios negocios de hostelería”, continúa. “Las últimas restricciones hacen casi imposible la viabilidad de los negocios, que llevan desde marzo subsistiendo con mucho esfuerzo. En estos momentos a los operadores del centro comercial les cuesta dinero abrir sus negocios”.

Las medidas ofrecidas por la administración autonómica que permiten posponer la hora de cierre para ofrecer comida a domicilio o la recogida de la misma en el local son calificadas como “parches”. “La gente no paga una comida de restaurante para llevársela a su casa, quiere que se lo pongan por delante. Y tampoco podemos tener a los empleados en el local dos o tres horas más, y el gasto de luz… para vender 50 euros”, defiende Ismael.

 

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