El tiempo
¿Cuándo vuelve la lluvia a Andalucía?

Francisco Oliva abre una nueva trilogía literaria con un recorrido por los años del cierre de la Verja de Gibraltar

'El niño de la Verja' se centra en los recuerdos del autor de aquellos años de aislamiento de las dos comunidades

Las fotos de la presentación del libro 'El niño de la Verja', de Francisco Oliva

Francisco Oliva durante la presentación de 'El niño de la Verja', este miércoles. / Manu Romero

El periodista y escritor gibraltareño Francisco Oliva ha presentado este miércoles en La Línea su nuevo libro, El niño de la Verja, en un acto celebrado en la sede de la Unión Deportiva Linense y organizado por la Asociación de Desarrollo Empresarial Linense (ADDELL). La presentación ha reunido a representantes institucionales y colectivos de ambos lados de la Verja.

La obra, que inaugura una trilogía autobiográfica, recoge los recuerdos del autor durante los años del cierre de la frontera entre Gibraltar y España, abordando la memoria compartida de la comarca y sus consecuencias personales y colectivas. “Es el primer volumen de la trilogía… y se centra en mis recuerdos del momento en que la frontera estuvo cerrada”, destacó en referencia a una infancia-juventud entrelazada a los dos lados de la Verja. “Tenía a mi familia, a mi abuela en la línea, tías y primos… cada verano íbamos allí por las vacaciones”.

Durante el acto, Oliva defendió la importancia de aprovechar el actual contexto político para impulsar la cooperación transfronteriza y avanzar en una nueva etapa de entendimiento entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar.

“Yo llevo publicando libros desde 2004 y este es el segundo en español”, recordaba Oliva, que previamente sacó a la luz textos sobre ensayo político, relatos cortos y novela de ficción. El escritor y periodista rememora con especial cariño aquellos años y muy especialmente el desaparecido Cine Imperial, en el que se convirtió en un fanático del séptimo arte, los futbolines, las carreras de motos que se celebraban en la Ciudad Deportiva y, por su apego al fútbol el trofeo Ciudad de La Línea, que durante tantos años fue santo y seña del municipio de cara al exterior.

Prólogo de 'El niño de la Verja'

He creido conveniente añadir este preámbulo a modo de nota de autor para contextualizar todo lo que en la obra se dice y se expone, pedir a los lectores que la utilicen como prisma básico para entender y recapacitar sobre el sentido de este libro más allá de la detallada crónica de unos años infantiles marcados por la felicidad, cuya razón de ser y origen estaban muy alejados de los que lo protagonizamos. Tambien intento trasladar la idea de que estamos todos sujetos a los vaivenes políticos, procesos diplomáticos que controlan nuestro devenir como si fuésemos marionetas en un gran teatro de guignol.

Esa fue la sensación amarga que nos dejó el fatal desenlace del cierre de la frontera entre Gibraltar y La Linea de la Concepción en 1969, “un mismo pueblo dividido por una frontera” en palabras del legendario juez y ex alcalde gibraltareño John E Alcántara cuyas resoluciones judiciales solían sentar catedra, en una entrevista que me concedió a principios de siglo para mi periódico el Gibraltar Chronicle.

Desafortunadamente se atisban ciertos paralelismos potencialmente sombríos, capaces de frustrar los esfuerzos de aquellos que trabajan incansablemente a uno y otro lado, para alejar el fantasma de un Brexit duro entre Gibraltar y España. No hay que ser ingenuo, también hay fuerzas negativas a ambos lados que se frotan las manos ante esa desalentadora posibilidad, que no ocultan su malestar y nerviosismo ante la eventualidad de una reconciliación histórica entre Gibraltar y España que redunde en beneficios compartidos.

En 2024 no se trataría de un cierre físico de la verja como ocurrió entonces, puesto que hablamos de algo aun más delirante, absurdo y estrambótico, algo más parecido a una pesadilla Kafkiana, puesto que la puerta cerrada podría acabar instalándose dentro de nuestras cabezas lo cual equivale a una condena sin remisión posible, probablemente aun más dañina que los impedimentos burocráticos, las barreras legales o los enredos políticos.

Los que vivimos aquella amputación física y psicológica del resto de la península en el 69 en primera persona, nos vimos obligados a enfrentarnos a una concatenación de eventos, decisiones y acciones absurdas, torpes maniobras que emponzoñaron la convivencia y que irónicamente tuvieron el efecto contrario a los fines buscados por el gobierno de España con su proceder equivocado y contraproducente incluso para sus propios intereses a largo plazo. Recordamos bien todo lo que aconteció y no querríamos que más de medio siglo después nuestros hijos y nietos tuvieran que verse en circunstancias parecidas a las que padecimos, sentenciados a volver a repetir algo angustioso y enormemente doloroso.

Tampoco es mi intención fatigar ni abrumar al lector con reflexiones que quizás no sean de su interés, en cuyo caso queda enteramente liberado de proseguir leyendo estas líneas y pasar directamente a lo sustantivo, al texto principal de Historias de Frontera.

ESPERANDO A GODOT

La última ronda de conversaciones a cuatro entre los ministros de asuntos exteriores de Reino Unido y España, David Lammy y Jose Manuel Albares, el negociador de la Comisión Europea Maros Sefcovic y el ministro principal de Gibraltar Fabian Pîcardo, me ha traído a la memoria la obra insigne de Samuel Beckett, monumento descarnado del Teatro del Absurdo que retrata el drama, la tristeza, y también el humor ácido que produce la puerta clausurada, el aplazamiento indefinido, la expectativa quebrada, la demora, de aquello que nos define, de los deseos más íntimos que dan sentido y valor a nuestras vidas. Atrapados en una realidad indiferente, nexo temporal donde permanecemos estancados en un bucle sin posibilidad de salida.

Es difícil seguir el juego metafórico para adscribir los roles de Vladimir y Estragon, Pozzo y Lucky a cualquiera de los cuatro titanes inmersos en este enrevesado pleito diplomático, tres de ellos avezados hombres de estado llamados o acostumbrados a lidiar con las más complejas cuestiones de la alta política internacional, y el que nos incumbe aquí en Gibraltar, Fabian Picardo, más Tercer Hombre del proceso – reverso del antihéroe de Graham Green – que cuarto, un líder nato que sigue luchando incansablemente para encauzar todas las energías negativas, seculares, de un conflicto enquistado en la historia, transformar una dinámica adversa para buscar un nuevo énfasis, un ideario innovador alejado del lenguaje obsoleto de vencedores y vencidos, para apostar abiertamente por un dividendo de ganancias para todos, salvaguardando a su vez los limites tanto emotivos como políticos de las dos partes críticas en la negociación – España y Gibraltar.

Valiéndose de su inteligencia y pragmatismo busca imponer las razones indiscutibles de la convivencia democrática sobre dogmas, incomprensiones y fanatismos que a un lado y otro, siempre se han conjurado para torpedear cualquier acercamiento.

Desde que Picardo y la anterior titular del Ministerio de Asuntos Exteriores español Arantxa González Laya obraron el ‘milagro’ del Acuerdo de Nochevieja en el año 2020, rescatándonos en el último momento de caer arrojados al vacío cuando estábamos abocados a despeñarnos por el precipicio del Brexit más duro, todos los habitantes de Gibraltar y del Campo de Gibraltar, llevamos esperando a nuestro Godot particular, en forma de un tratado rubricado por Reino Unido y la Comisión Europea capaz de alumbrar un nuevo paradigma en las relaciones transfronterizas que nos permita superar de una vez por todas décadas, cuando no siglos, de antagonismo cansino, de malestar, desconfianza, y resentimiento.

En el universo de Beckett, la espera sería el viaje sin fin a ninguna parte, viaje que en realidad jamás llega a comenzar, el círculo cerrado de lo absurdo, una condena insondable sin principio ni fin, donde el propio significado del tiempo queda en suspenso como algo que desafía nuestro conocimiento. Una meta anhelada hacia la que damos pasos que paradójicamente en vez de acercarnos a ella nos alejan cada vez más, paralizándonos, hundiéndonos irremediablemente en un pozo perpetuo de incertidumbre.

Pero la fuerza y la voluntad de dirigentes políticos valientes deben de forjar una realidad superior, de imponer su ley, su lógica y sus razones, no dejarse arrastrar por la ficcion envenenada de una obra de teatro, esgrimir su sentido de estado y responsabilidad en defensa enconada y promoción del interés público, en definitiva sobreponerse a la visión pesimista del genial dramaturgo. Esta debe ser su mejor virtud, que no es otra que elegir el trayecto adecuado ante la bifurcación de caminos que tenemos enfrente: o el Tratado de imperiosa necesidad que posibilite un futuro provechoso, o la pesadilla del Brexit más duro que nos exiliara indefinidamente del nuevo orden occidental, con consecuencias catastróficas para nuestro modelo económico, para nuestra estabilidad política y posición geoestratégica que se vería fatalmente debilitada y comprometida.

La muy manoseada frase “arco de prosperidad compartida” al que han hecho alusión en repetidas ocasiones tanto Picardo como el ministro de exteriores Albares, no deja de representar un objetivo irrenunciable tan vigente y pujante como el primer día que la expresión fue utilizada. Significa conseguir la fluidez de movimientos en la frontera para personas y mercancías, construir un marco de seguridad jurídica que posibilite el crecimiento económico, que a su vez fortalecerían la confianza mutua, la cooperación y la estabilidad en todos los sentidos, empezar una nueva etapa de relaciones entre Gibraltar y España, una nueva forma de hacer las cosas que subrogue los antagonismos desfasados que pertenecen a épocas pretéritas. Contrariamente un no acuerdo echaría hacia el abismo también a toda la zona del sur andaluz para quien Gibraltar es su única fabrica, fuente de empleo estable desde 1985.

RUIDO Y POLITICA: EL ARTE DE LO POSIBLE

Los que llevamos observando este contencioso desde 1984 sabemos distinguir los temas transcendentales que constituyen el centro gravitatorio de la negociación, de lo accesorio y anecdótico, de la especulación más o menos bien intencionada de los medios de comunicación. En definitiva del “ruido y la furia que no significan nada”, al que hacía alusión Shakespeare en ‘Macbeth’ otra obra imprescindible del canon literario occidental.

Si dejamos al margen las cuestiones de soberanía – Picardo el gran artífice político de este proceso ha manifestado hasta la saciedad que ninguna de las partes avanzaran ni retrocederán en este complejo asunto – los grandes temas a resolver son fundamentalmente de índole económico, que redundaran en la calidad de vida y prosperidad de los ciudadanos a ambos lados de la frontera. Gibraltar debe salir reforzado, o al menos no debilitado en su posición como importante polo generador de riqueza y empleo para el Campo.

De nada serviría a España matar la gallina de los huevos de oro de la región, insistiendo en una armonización fiscal que arrebataría a Gibraltar su competitividad financiera internacional, para acabar convirtiéndose en un apéndice igualmente empobrecido de La Linea de la Concepción, la gran víctima del primer cierre de la frontera sacrificada una y otra vez por políticas de estado, que nunca han mostrado ninguna sensibilidad hacia la problemática particular y jamás resuelta de la ciudad vecina que considero mi segunda casa.

Entre aliados occidentales como son Reino Unido y España, no debería ser problemático que la base militar que Londres mantiene en suelo gibraltareño no se vea afectada en su capacidad operativa u de acceso de sus efectivos por ningúna traba burocrática, política u aduanera por parte de las autoridades españolas que legítimamente desempeñaran su función de control de entrada en el espacio Schengen. Ya los ingleses han manifestado su deseo de un acercamiento de intereses mutuos con la Union Europea, y en el seno de la Alianza Atlántica, ambos países que mantienen excelentes relaciones deben limar cualquier tipo de aspereza que pudiera producirse.

Tampoco debe ser problemático que Reino Unido y la Union Europea acuerden sufragar un fondo común para pensionistas extrabajadores españoles en Gibraltar, para compensar cualquier tipo de diferencia en las prestaciones económicas en relación a los residentes del peñón que perciben un pago adicional a la pensión (que también perciben los españoles), por parte de una entidad privada gibraltareña de índole benéfica.

Lo que ha caracterizado este proceso desde el principio es la avenencia de Gibraltar y España a no abordar cuestiones de soberanía que pudiera suponer un retroceso o concesión de una parte u otra en este apartado. Por tanto la insistencia de España de una presencia policial española uniformada y armada en los puntos de entrada a Gibraltar, después de cuatro años – periodo durante el cual estas labores de control las desempeñaría Frontex, la policía aduanera de la Union Europea – es algo contrario a lo convenido en el Acuerdo de Nochevieja, y algo que ningún gobierno de Gibraltar podría contemplar.

Sin embargo un contingente de funcionarios policiales españoles de paisano y sin armas, acompañados en sus responsabilidades por policía gibraltareña armada, y la creación de un corredor diplomático en suelo gibraltareño previamente autorizado como concesión administrativa por parte de las autoridades locales, por donde estos funcionarios pudieran moverse para realizar sus operaciones, podría ser factible. Tal propuesta imaginativa seria proclive a recibir consideración positiva como algo asimilable para la inmensa mayoría de la población. Los gibraltareños estan ya concienciados de la necesidad de alcanzar acuerdos de compromiso que permitan avanzar en la consecución del Tratado, y superar el espectro del no acuerdo de una vez por todas.

Seguimos esperando.

EL FRACASO ESTREPITOSO DE UN NO ACUERDO

Todos nos lo jugamos todo, y ninguna de las partes contendientes saldría bien parada del fracaso estrepitoso que supondría no alcanzar los objetivos marcados en esta negociación. Para el modelo económico gibraltareño que ha crecido desde la apertura total de la verja en 1985 sobre el pilar básico de la fluidez de movimiento de personas y la dependencia casi absoluta en la importación de materias primas y mercancías de primera necesidad por la frontera terrestre, las consecuencias serían potencialmente devastadoras. Gibraltar pasaría automáticamente a ser considerado un país tercero no comunitario, excluido de la zona Schengen y como tal, sujeto a la rigurosa e ineludible aplicación de los nuevos controles electrónicos de inmigración y aduanas cada vez más exhaustivos, dictados por la Union Europea para todas sus fronteras externas. Una medida que ralentizarían el paso fronterizo de manera extrema y cuyos efectos se sentirían en todas las esferas económicas.

Para la Union Europea que ha apostado fuerte por la consecución de un acuerdo bajo cuyo mandato negociador y apoyo institucional se ha venido desarrollando todo el proceso, su no materialización supondría un revés de enorme significado simbólico. Si el Tratado tendría un atractivo potencial a escala continental como reclamo positivo que Europa funciona y tiene alta capacidad para solventar problemas territoriales por muy aparentemente complejos e insolubles que sean, el reverso de la moneda seria susceptible de ser interpretado como un fiasco de gestión y representación de sus instituciones, otro tropiezo más para los adalides del antiguo ideal de unidad europea, en un momento especialmente delicado cuando las fuerzas euroescépticas se multiplican en todos los países de la unión. Gibraltar de ejemplo de éxito de las políticas comunitarias pasaría a convertirse en amargo recordatorio de un nuevo desengaño europeo. Para españoles y británicos también, que siempre han hablado de una relación casi perfecta, el ‘casi’ en palabras del ex presidente Felipe González ha sido siempre la Roca, una ‘china en el zapato’ de España, perpetuar un conflicto de soberanía daría al traste con cualquier aspiración futura de elevar esa relación a su punto más óptimo.

Para España, sobre todo para el Campo de Gibraltar y para La Linea, una frontera inmanejable con demoras rutinarias de entre dos y seis horas diarias, supondría poner en peligro 15,000 puestos de trabajo en su mayoría de ciudadanos españoles que la atraviesan a diario para llevarse un sueldo digno a casa, una crisis nacional de difícil resolución para el gobierno de Madrid que se encontraría con un nuevo frente de inestabilidad y conflicto en una zona ya de por si muy castigada por el paro y la subcultura del crimen y la delincuencia.

Las declaraciones de Picardo a la conclusión de la cuarta ronda ministerial invitan a la esperanza, a que se continúa trabajando en las comisiones técnicas para profundizar en los temas complejos que requieren más dirección política para seguir avanzando en el buen camino, encontrar alternativas que superen las dificultades que aún persisten.

Se dice que el momento más oscuro es aquel que precede a la aurora y al igual que ocurrió en aquella nochevieja ilusionante, aguardamos poder transitar la senda que dio lugar al mismo resultado, el preciso instante cuando nuestra mirada se perdía en la profundidad insondable del abismo que se cernía sobre nosotros, hasta que el rayo de luz esperanzador disipo la negritud para indicar el camino. Aquella experiencia al límite nos curtió. Nietzsche ya avisó de esa circunstancia: “Cuando miras largo tiempo a un abismo, también este mira dentro de ti.”

No es que estemos curados de espanto ni de espantosas miradas que nos pueda devolver el abismo, pero cuando la sensación de resignación, de ser llevados al borde del hastío se generaliza, la indiferencia nos arrastra a las tinieblas de los personajes de Samuel.

1969

El cierre de la frontera ordenado por el gobierno de Francisco Franco en 1969 fue un episodio amargo que marco a mi generación. Todos los que nos hicimos mayores sin la posibilidad de poder cruzar la verja para ver a nuestros familiares en La Linea de la Concepción, San Roque y localidades vecinas del Campo de Gibraltar, tuvimos que vivir con ese trauma infantil que condiciono nuestras vidas. El aun no resuelto calvario del Brexit duro es como la pesadilla recurrente que amenaza con volver a desestabilizar la convivencia transfronteriza medio siglo después, algo que no nos podemos permitir ni los gibraltareños, los españoles, los ingleses, ni los europeos. Los primeros y los segundos por motivos humanos bastante parecidos, los terceros y los cuartos por razones de índole política que también les incumbe directamente.

En 1982 con la apertura de la frontera, se genero un clima de esperanza ante la gran oportunidad histórica que se abría ante nosotros, de un nuevo comienzo dejando atrás los malestares y desencuentros que hallaron su peor expresión con el cierre del 69. Desafortunadamente todo quedo en nada, fueron años vacíos, años desperdiciados donde todas las expectativas que se habían creado se difuminaron como una niebla matinal.

Perdimos todos. Aquella locomotora de vapor de la historia ni siquiera se detuvo aquí, paso de largo sin dejar mas rastro que el de su silbato en la distancia. De nada serviría a estas alturas ahondar en el porqué, rebuscar entre injusticias, necedades y culpabilidades. Es mejor no tropezar otra vez en la misma piedra, y ahora por caprichos del destino se abre ante nosotros una segunda oportunidad, como en un capitulo del Twilight Zone de Rod Serling, o mejor aún del viejo programa del divulgador de educación vial Paco Costas en TVE que tras la imágenes de un escalofriante accidente de circulación, nos mostraba la maniobra perfecta que debería acometer el conductor para esquivar el obstáculo en la carretera y proseguir su ruta sin ningún percance.

Quizás nuestro Godot no era otro que un tren de alta velocidad que tiene parada anunciada en nuestra estación. ¿Tendremos billete para este trayecto o nos quedaremos otra vez en tierra abocados al callejón sin salida, a la trampa conocida que nos aguarda si la negociación no da los frutos que todos deseamos? En esta tesitura estamos, quizás el ultimo asidero de esperanza que nos queda.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último