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Juan Carlos I confesó a Reino Unido que España no quería Gibraltar: la revelación que reescribe décadas de diplomacia

Un libro de Charles Powell desvela conversaciones privadas del rey emérito con Londres en las que admitía que la soberanía del Peñón no era prioritaria frente al gran objetivo: entrar en la Comunidad Europea

Gibraltar da el primer paso para ratificar el Tratado con la Unión Europea tras el Brexit

Portada del libro 'El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España', el último ensayo de Charles Powell. / Galaxia Gutenberg

Durante décadas, Gibraltar ha sido uno de los grandes símbolos del discurso político español en materia de política exterior. Sin embargo, una revelación incluida en un libro recién publicado acaba de sacudir ese relato: el rey Juan Carlos I trasladó en privado a Reino Unido que España no quería realmente Gibraltar.

La afirmación procede de El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España, el último ensayo de Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, publicado por Galaxia Gutenberg. La obra, fruto de una exhaustiva investigación basada en archivos internacionales y decenas de testimonios de políticos y diplomáticos españoles y extranjeros, analiza más de cuatro décadas de reinado y el papel del monarca en la normalización internacional de España tras el franquismo.

El pasaje más llamativo del libro —y el que ha generado mayor impacto— se refiere a la posición real del Estado español respecto al Peñón durante los años clave de la Transición y la consolidación democrática.

Gibraltar como moneda diplomática

En una entrevista publicada este miércoles por El Independiente, Powell explica que uno de los grandes objetivos de la política exterior española en los años setenta y ochenta no era Gibraltar, sino el ingreso en la Comunidad Económica Europea (CEE). Y en ese camino, el Reino Unido tenía la llave.

El ingreso en la Comunidad Europea pesó más que la recuperación del Peñón

“El Parlamento británico no hubiera aprobado la adhesión de España a la Comunidad Europea si antes no se hubiera restablecido completamente la comunicación entre Gibraltar y España”, recuerda Powell. Un veto que obligó a una intensa labor diplomática en la que Juan Carlos I desempeñó un papel directo y decisivo.

Según el historiador, en 1983 el rey mantuvo conversaciones privadas con tres interlocutores británicos de primer nivel —el ministro de Exteriores, el embajador en Madrid y el historiador Hugh Thomas— en las que fue sorprendentemente claro: “Nosotros no queremos Gibraltar. Lo importante es el ingreso en la Comunidad Europea. Pero yo tengo que hacer como que sí queremos Gibraltar para contentar a la opinión pública”.

Una confesión que, según Powell, pudo resultar incómoda —incluso ofensiva— para algunos sectores, pero que encajaba con una estrategia diplomática basada en priorizar el objetivo europeo por encima de la reivindicación territorial.

Reuniones discretas en La Zarzuela

El libro detalla además un encuentro celebrado en el verano de 1983 entre Juan Carlos I y el entonces embajador británico en España, Sir Richard Parsons, en el Palacio de La Zarzuela. En esa conversación, el monarca insistió en que ambos gobiernos debían tener claro que España no buscaba una solución inmediata al problema de la soberanía de Gibraltar.

Entre los motivos, Powell señala uno especialmente delicado: la advertencia del rey Hassan II de Marruecos de que, si España recuperaba el Peñón, Rabat reclamaría de inmediato Ceuta y Melilla.

La propuesta del rey fue abrir “conversaciones confidenciales” para diferenciar entre el objetivo real y los gestos necesarios para “mantener tranquila a la opinión pública”. Una fórmula diplomática que el propio Juan Carlos expresó, según el autor, con menos rodeos: adoptar alguna medida sobre Gibraltar para que el debate se apagara sin poner en riesgo la adhesión a Europa.

Desde Londres, la lectura fue clara. Parsons informó a su Gobierno de que quizá España empezaba a comprender que su principal ambición exterior podía “estrellarse contra el Peñón”.

Un equilibrio constante

Powell subraya que el rey emérito pasó buena parte de su reinado buscando equilibrios: entre la presión interna, el simbolismo nacional y las prioridades estratégicas reales. Las encuestas de la época, recuerda, mostraban que Gibraltar no era una preocupación central para los españoles en los años setenta y ochenta, muy por detrás de la democracia, la estabilidad y la integración europea.

El rey entendió que la batalla de Gibraltar podía poner en riesgo el gran proyecto europeo

En ese contexto, Juan Carlos I utilizó también la diplomacia entre monarquías como un canal privilegiado para suavizar tensiones con Londres, especialmente a partir de los años ochenta, culminando en las históricas visitas oficiales de 1986 y 1988.

El libro incluye además episodios inéditos, como el temor de Margaret Thatcher a una hipotética invasión española de Gibraltar tras el 23-F, que llevó al refuerzo militar del Peñón con misiles tierra-aire, pese a los informes que descartaban cualquier amenaza real.

Una revelación que reabre el debate

Las conclusiones de Powell no pretenden juzgar, sino explicar una etapa clave de la historia reciente de España desde la trastienda de la diplomacia. Pero la frase atribuida al rey —“no queremos Gibraltar”— reabre inevitablemente el debate sobre el relato oficial, el papel de la Corona y el precio político que se estuvo dispuesto a pagar para asegurar el anclaje definitivo de España en Europa.

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