Algeciras CF El eterno debate a la vista del Algeciras

  • Los albirrojos, si consuman un nuevo fracaso deportivo, se encaminan a un verano de cambios que reabre la pregunta: conformarse con un proyecto de cantera o apostar fuerte desde el principio

Una asamblea del Algeciras CF, en el edificio Baluarte. Una asamblea del Algeciras CF, en el edificio Baluarte.

Una asamblea del Algeciras CF, en el edificio Baluarte. / Erasmo Fenoy

La historia reciente del Algeciras CF se cuenta por éxitos o por fracasos, casi siempre rotundos. Rara vez el club albirrojo ha terminado una temporada que ni fu ni fa, una campaña tranquila, sin sobresaltos. Es lo que tiene no haber sido capaz de echar raíces en la categoría de bronce en un siglo XXI en el que el algecirismo ha paladeado la Segunda división y padecido el infierno de la regional, la entonces conocida como Primera Andaluza. La andadura que terminará dentro de un mes en el grupo X de Tercera va camino, salvo milagrísimo, de ser un auténtico chasco.

El Algeciras va a volver a encallar en Tercera por tercera temporada consecutiva, un palo enorme para una afición que ya no sabe cómo aguantar tantos golpes. Si algo positivo se puede extraer de la situación del equipo -a cinco puntos del cuarto con doce por jugarse- es que hay tiempo suficiente para prepararse para el impacto. A nadie va a sorprender ya que la centenaria escuadra se pierda la fiesta de la fase de ascenso.

En el Nuevo Mirador habrá un punto de inflexión si la campaña termina en efecto a mediados de mayo. Una vez deje de rodar el balón, llegará el momento de asumir responsabilidades y tomar decisiones, algo que ya se ha avanzado en el caso del directivo Miguel Ángel García, que renunció a su puesto y al cargo de director deportivo tras el batacazo en Coria. La directiva que preside Ricardo Alfonso Álvarez cumple su tercer ejercicio al frente -el último descenso fue como gestora- después de dos intentos fallidos de ascenso en la liguilla y de un curso, el más ambicioso, en el que los albirrojos ni siquiera van a meterse en la pelea.

En los mentideros ya se cuchichea con cambios, cambios profundos, y algún que otro nombre dispuesto a dar el paso al frente. A día de hoy es complicado dar por sentado que la directiva vaya a culminar el cuarto año de su mandato. Seguramente Álvarez y los suyos convoquen una asamblea de socios al final de la temporada para rendir cuentas y pulsar el sentir de la afición. El mandatario ya ha dicho más de una vez que está dispuesto a seguir trabajando para buscar soluciones, pero que no tendrá reparo en dejar el asiento si otra candidatura se siente con fuerza de coger esa patata caliente en la que se ha convertido la institución.

Los algecireños están reñidos con la estabilidad desde el salto a Segunda

Vengan elecciones o no, el Algeciras CF necesita fijar un rumbo claro y firme. Si en algo coincide la grada es que no se puede volver a caer en el error de marcar un objetivo en verano y otro durante el curso. No vale eso de querer hacer una plantilla de andar por casa y después, si los resultados acompañan, meter la obligación del ascenso. Es la misma piedra de siempre.

El algecirismo ha visto fracasar muchos proyectos en las dos últimas décadas, especialmente cuando se ha puesto la palabra cantera sobre la mesa. Allá por 2011 el algecireño Diego Pérez Yiyi intentó llevar a cabo el proyecto cantera 2015, una idea que se puso en marcha una vez asentado el club en la categoría tras volver de los infiernos, pero desechada en el verano de 2012 cuando la directiva de Gudiel y Correa apostó por Manolo Sanlúcar y por un plantel para subir, sin importar en lo que pudiera sufrir la deuda (todavía por explotar del todo).

El pasado verano la actual directiva intentó “una nueva identidad”. Miguel Ángel García presentó a Javier Viso como entrenador y a Mané como secretario técnico, pero no quiso hablar de “proyecto” porque le sonaba a caducidad. La idea, ideal como casi siempre, tenía en la cantera “la joya de la corona”, aunque los resultados no tardaron mucho tiempo en disparar la euforia, traer los posteriores vaivenes y acabar con el órdago del club por la liguilla con hasta ocho fichajes en invierno. El desenlace, a la espera de las matemáticas, ya se sabe.

Con el final liguero vendrá de nuevo el eterno debate: ¿Un equipo de la casa para competir y salvarse o un nuevo proyecto ambicioso, pero esta vez desde el principio, y ya veremos cómo se paga? He ahí la cuestión. Aunque hay quienes se salen de estos dos vertientes y optan por demoler y empezar de cero, algo tan drástico como impensable para los que sienten como suyos estos colores. Con un mes por delante, el algecirismo puede ir pensando.

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