Fútbol El Municipal de La Línea cumple medio siglo

  • El ahora maltrecho estadio fue inaugurado con un España-Filandia (6-0)

  • Más de 25.000 espectadores superaron con creces el aforo

  • El 'José Antonio' fue construido para ser visto desde Gibraltar tras el cierre de la Verja

Una imagen reciente del Municipal de La Línea. / FRAN MONTES

Hoy, quince de octubre, se cumple exactamente medio siglo de la inauguración oficial de la Ciudad Deportiva Linense, una de las supuestas compensaciones del franquismo por el cierre de la frontera con Gibraltar. La ubicación no era casual. Tenía que verse desde el otro lado de la Verja. El eje central de esas instalaciones, el entonces Estadio José Antonio (en homenaje a Elola-Olaso, que ocupaba un cargo semejante al que hoy sería Secretario de Estado para el Deporte) comenzó su andadura con el encuentro entre las selecciones nacionales de fútbol de España y Finlandia, que se resolvió con victoria local por 6-0 y que fue presenciado, según la memoria de la propia Real Federación Española, por unos 25.000 espectadores, lo que superaba con creces el aforo del recinto. Aquella inauguración supuso el fin del estadio San Bernardo, al que hace ya tiempo que la demoledora piqueta convirtió en pasado.

Horas antes de la inauguración, el ministro del Ejercito, teniente general Menéndez Tolosa, asistió con Solís Ruiz a la bendición del edificio del Ayuntamiento de La Línea, erigido en el antiguo edificio de la casa consistorial, remozado, ampliado y acomodado a las exigencias de esa fecha. Esta ceremonia la ofició el sacerdote Juan del Junco Domenech. También estaba presente en este acto el delegado nacional de Educación Física y Deportes, Juan Antonio Samaranch.

El cortejo se trasladó seguidamente al complejo deportivo Generalísimo Franco, donde se hallaba ubicado el estadio que tras ser bendecido, recorrieron los ministros y acompañantes, así como las demás instalaciones deportivas que ya se alzaban o estaban en fase de construcción en el citado complejo. Ëste da cara al Peñón, en lo que fue antigua zona militar, justamente a unos 450 metros de la Verja y está ubicado en una superficie total de 18.000 metros cuadrados. El terreno de juego (ahora reducido) era de 105 por 70 metros, lo que le convertía en uno más grandes del país. 

Previamente fueron inaugurados por los ministros los accesos y la nueva red viaria de la ciudad deportiva, que más tarde acogería varios campeonatos de España de motociclismo, que se hacían coincidir con el Trofeo Ciudad de La Línea, otro de los grandes acontecimientos deportivos que ha visto el hoy mediocentenario estadio, que también ha acogido acontecimientos de otra índole, como uno de los primeros conciertos de Miguel Ríos en su inolvidable gira Rock y Ríos.

España llegó al encuentro clasificatorio para el Mundial de 1970 ya sin opciones matemáticas de acudir a la fase final en Méjico. La principal novedad era el comienzo de la etapa como seleccionador de Ladislao Kubala, después de su dilatada carrera como futbolista. Kubala hizo debutar como internacional A al meta Reina -padre del actual cancerbero del AC Milán- en detrimento del mítico Iríbar, que vio el choque desde el banquillo. Además vistieron por primera vez la zamarra nacional el donostiarra Gaztelu, el barcelonista Puyol y el sevillano Quino, éstos después de sustituir a Gárate y Gento, quien por cierto puso en La Línea fin a su etapa como internacional, después de 43 apariciones.

Eran las cinco de la tarde con 20 grados, un sol tibio entre nubes y viento ligero, todas las entradas y en medio un clima de euforia patriótica. Presidían los ministros del Ejército y del Movimiento, Méndez Tolosa y Solís Ruiz. La Banda de la Legión animó los prolegómenos.

El partido se resolvió en la primera mitad, que finalizó con ventaja de 5-0. Todos esos goles fueron ano en la portería más cercana a la frontera. “Cuando el equipo español tenía enfrente el Peñón atacó más y mejor…”, comentaba un cronista el día siguiente. A esos cinco hubo que añadir un último gol en el segundo periodo.

El primer tanto oficial en el Municipal fue obra del ceutí José Martínez Pirri a la salida de un córner. Gárate por partida doble, Amancio, Velázquez y el debutante Quino completaron la media docena.

Formaron por el equipo español, uniformado con su habitual camisola roja y pantalón azul: Reina; Gaztelu, Borrachina, Eladio; Pirri, Violeta, Amancio, Velásquez, Gárate (Puyol), Asensi y Gento (Quino).

Por el equipo finlandés, con camisola azul clara y pantalón blanco lo hicieron: Nasman; Makipoá, Kiliponen, Forssel, Ranta, Lamberg, Saviomás, Peltonen, Tolsa, Tolvanen y Lindhom.

El encuentro fue arbitrado por el francés Helices. Al final del encuentro los jugadores españoles agradecieron el apoyo que habían recibido desde la grada, aunque no pudieron ocultar su malestar por el pésimo estado que presentaba el terreno de juego, cuyo césped había sido implantado con las habituales precipitaciones de última hora.

Sin embargo, lo que más se recuerda de aquel encuentro no fue el marcador, dada su intrascendencia, sino el ambientazo que se vivió en la ciudad tanto el mismo día como en las jornadas precedentes y, por supuesto, que el estadio presentó el lleno más grande de su ya dilatada historia, ya que los 25.000 espectadores que figuran en el archivo de la propia Federación Española de Fútbol superaban con creces la capacidad oficial de la instalación (20.000).

Paradójicamente los responsables gubernativos habían estado temerosos de que la respuesta de los aficionados no fuese como estimaban imprescindible para un acontecimiento que tenía marcados tintes políticos así que organizaron numerosas excursiones de pensionistas desde muy diferentes puntos de Andalucía. Los agraciados no sólo viajaron y accedieron al estadio de manera gratuita, sino que recibieron refrescos y bocadillos, como se encarga de recordar constantemente la memoria popular cuando regresa a tan señalada fecha. El error de cálculo fue mayúsculo. Tanto, que 24 horas y según informaba en titulares Diario de Cádiz existía no ya en La Línea sino en toda la comarca "un gran ambiente y ya no se pueden conseguir entradas ni en la reventa".

Como todo acontecimiento que se precie, mucho más en aquella época, la inauguración del José Antonio -hoy Municipal- dejó secuelas: fueron editadas postales de correos para que, a través de la correspondencia, se promocionasen las obras que el gobierno (entonces el Central, que era el único) estaba llevando a cabo en La Línea de la Concepción. Eso sin olvidar los banderines y azulejos que inmortalizaban el encuentro y del que aún queda algún vestigio en más de un domicilio de La Línea .

Medio siglo después el Municipal no parece el mismo. Los fondos no se pueden ni utilizar y por no tener, no tiene ni su visera de Tribuna que tanta personalidad le aportó, espera para ser derribado y trasladado al amparo del PGOU aprobado por el Ayuntamiento local hace unos días.

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