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Odile Rodríguez de la Fuente: los valores heredados de un gran padre

Tribuna de opinión

El autor destaca los valores humanos, educativos y conservacionistas que trasmitía Félix Rodríguez de la Fuente y que inculcó a su hija

Odile Rodríguez de la Fuente. / FUNDACIÓ SA NOSTRA / Europa Press

Hace unos años leí un libro de 600 páginas sobre la vida de Félix Rodríguez de la Fuente. Me impactaron la fuerza y los valores que transmitía. Con una actitud constructiva y positiva, y sobre todo con la fuerza de una gran convicción, sabiendo usar los medios idóneos de comunicación, consiguió darle la vuelta a España como un calcetín en temas de conservación y protección de la Naturaleza. Hablamos de los años de 1950 a 1980. Cambió de modo radical la relación de los españoles con la naturaleza. 

Después de leer varias entrevistas que distintos medios de comunicación han realizado a Odile, su hija pequeña y presidenta de la fundación que lleva el nombre de su padre, y de escucharla en unas jornadas organizadas en Barbate, voy a intentar hacer un resumen de sus respuestas, y señalar los valores que transmiten ambos. Mi impresión general es que ha heredado mucho bueno de su padre. Ha comentado sobre él: "Yo quería hacer lo que él hacía, lo veía como una persona realizada y tan feliz que decía que yo de mayor quería hacer algo así (…) Pero ya me había trasmitido lo que es ser una persona feliz, alguien que cree en lo que hace". Era una persona excepcional y tenemos la suerte de que su hija Odile, bióloga, ha heredado estos valores y está realizando una gran labor divulgadora.

El primero de esos valores sería la empatía. Félix no buscaba enfrentamientos, aunque en sus comienzos lo tenía casi todo en contra. Por ejemplo, en 1953 empiezan a funcionar las Juntas Provinciales de extinción de animales dañinos. O sea, la Administración pública pagaba por animales muertos como el lince, el águila imperial y todo tipo de especies hoy protegidas. Félix empujaba en sentido contrario, basando el cambio de sentido en su trabajo y en la transmisión de una apasionada convicción. Comenta su hija: "Una de las cosas que más destaco de él es que no generaba polarización, fue capaz de cambiar la percepción de los españoles con la naturaleza por la vía de la seducción y una de las cosas que más le preocuparía ahora sería la polarización de todos los ámbitos, incluso el del medioambiente".

Félix Rodríguez de la Fuente. / E. S.

También podemos destacar su gran humanidad. "Mensajes profundos, atemporales y muy humanos -señalaba Odile-, profunda, insondable y casi espiritual admiración por la humanidad". Su famoso programa El hombre y la tierra dejaba claro que el hombre era el centro. También su mujer, Marcelle Parmentier, comenta: "Por encima de todo lo que más le interesaba era el hombre".

Su afán de servicio: muchos de los que se dedican a la investigación y al conocimiento, se mueven dentro de sus parámetros y del exclusivo ambiente profesional. Dedicó con éxito un gran esfuerzo en transmitir estos conocimientos a la sociedad y la enriqueció con su extraordinario saber sobre la naturaleza. Odile comentaba un dato anecdótico sobre la somnolencia que generan los programas vespertinos de naturaleza en televisión: "Yo también me he dormido con esos documentales. Pero pregunta a la gente que vio a los de mi padre si alguna vez se dormía viéndolos y la respuesta es que nadie lo hacía. De hecho, es de los pocos programas televisivos que conseguía que en los bares de España la gente se callara para escuchar lo que decía".

Unida y muy relacionada con la anterior, está su labor de formación. "Mi padre admiraba todo el universo infantil. El programa El hombre y la tierrallegó a todo el público, de todas las edades. Enganchó a los niños sin hacer uso de un lenguaje infantil.(…) Lo que le movía era elevar el nivel cultural, de conocimiento y de educación y despertar conciencias. Un agitador de conciencias".

Cuando uno es pequeño generalmente siempre tiene más admiración por la naturaleza y el planeta que cuando tiene 20 años. "El asombro -subraya Odile- era el motor de mi padre. Y una de las cosas que más le asombraban de sus hijas era saber cómo veíamos el mundo. Recuerdo a mi padre más preguntándonos cosas a nosotras que hablando. Le recuerdo haciéndome preguntas".

Fue fundador, junto con otras personalidades, de la Asociación de Defensa de la Naturaleza (Adena) que llegó a tener 30.000 socios. Muchos de ellos niños; y en una época complicada del asociacionismo. Mantuvo mucha correspondencia con su público en gran parte juvenil. "Conectó muy bien con los niños. Sembrar la semilla en el hombre del futuro".

También destacaría el hecho de que consiguió unir a todo el país por la consecución de un bien común: amor y protección de la naturaleza. Su hija nos dice: "Daba ejemplo con naturalidad y amor, con esa seguridad que transmite un padre con el que te entusiasma estar. (…) Tengo mucha gratitud a la ayuda que me sigue prestado mi padre desde donde esté".

Actitud familiar. Siempre tuvo claro que en primer lugar estaban su mujer y a sus hijas, a las que también dedicó todo el tiempo que le fue posible. Y para terminar: transmisión de esperanza y optimismo: Odile comenta: "Vaso medio lleno. Si el vaso solo tuviera cinco gotas hay que partir de ahí y comenzar a llenar el vaso".

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