Hidrosismos en el sur de Andalucía: el fenómeno que podría explicar los pequeños temblores
Entre el jueves y el viernes el Instituto Geográfico Nacional ha registrado cuatro terremotos de baja intensidad en San Roque, Jimena y Castellar
Jimena registra un terremoto de baja intensidad enmarcado en una racha de posibles hidrosismos en Grazalema y la Serranía de Ronda
Las intensas lluvias registradas en los últimos días en el interior del Campo de Gibraltar, la Serranía de Ronda, el Valle del Genal y el entorno de Grazalema han coincidido con una llamativa sucesión de pequeños terremotos, la mayoría apenas perceptibles, que han despertado inquietud entre la población. Algunos expertos apuntan a un fenómeno conocido como hidrosismicidad o hidrosismos, una forma de actividad sísmica inducida por la infiltración masiva de agua en el subsuelo. Sin embargo, tanto el Instituto Geográfico Nacional (IGN) como el Instituto de Geociencias (CSIC-UCM) son más escépticos ante este fenómeno.
"Desde el 3 de febrero, la Red Sísmica Nacional ha registrado una serie de terremotos al sureste de la provincia de Málaga, con magnitudes entre 1,8 y 2,6 y, en muchos casos, a unos 30 km de profundidad. Hasta el momento, cuatro de estos eventos han sido levemente sentidos por la población. La Red Sísmica Nacional no dispone de evidencias científicas contrastadas que permita afirmar que las lluvias recientes hayan generado o influido en estos terremotos. Por ello, en ningún caso los ha denominado hidrosismos", señala en X (antes Twitter) el IGN. En términos similares se ha manifestado ante este fenómeno el CSIC-UCM: "Se está diciendo que los terremotos registrados entre Cádiz y Málaga son consecuencia de las precipitaciones. Se han localizado entre 10 y 40 km de profundidad. Ni se han enterado las fallas de lo que pasa en superficie...".
En los últimos días el Instituto Geográfico Nacional ha detectado una serie de pequeños seísmos en el entorno del interior del Campo de Gibraltar, la Serranía de Ronda y la Costa del Sol occidental, con epicentros repartidos entre Jimena, Castellar, Gaucín, Benarrabá, Genalguacil, Jubrique, Benadalid, Cortes de la Frontera, Casares, Estepona y Algar, en su mayoría de magnitudes comprendidas entre 1,6 y 2,7 mbLg y a profundidades superficiales. Este viernes por la tarde se ha registrado un sismo de 2,6 mbLg al este de Castellar de la Frontera (18:49) y en la jornada del jueves se localizaron otros movimientos de 2,0 mbLg al nordeste de San Roque (18:33), 2,6 mbLg al norte de Jimena de la Frontera (16:02) y 2,0 mbLg al nordeste de Castellar (3:31), todos ellos sin daños reportados.
¿Son hidrosismos los temblores registrados estos días?
Desde el punto de vista técnico, solo los equipos de sismología del IGN podrán confirmarlo con certeza, tras analizar en detalle la profundidad exacta de los hipocentros, los mecanismos focales de los sismos, la secuencia temporal y su relación con la evolución de la lluvia y los acuíferos.
"En todo caso requiere una profunda investigación. La zona tiene cierta sismicidad de fondo, por lo que puede ser una mera coincidencia también. Aunque es cierto que alguno se ha registrado en superficie que podría ser perfectamente, pero no en el resto de sismicidad profunda", señala en sus redes sociales el Instituto de Geociencias.
¿Son peligrosos los hidrosismos?
Con la información disponible y según la literatura científica, los hidrosismos asociados a lluvias intensas suelen ser poco peligrosos por sí mismos. Se caracterizan por:
- Magnitudes bajas.
- Escasa capacidad de causar daños estructurales.
- En muchos casos, pasan completamente desapercibidos para la población.
Sin embargo, los riesgos que conviene vigilar están más relacionados con efectos indirectos, especialmente en zonas montañosas y con suelos inestables.
Desprendimientos y deslizamientos
En la Cordillera Bética está documentado que incluso terremotos moderados pueden desencadenar deslizamientos en laderas inestables. Cuando se combinan suelos saturados por la lluvia, fuertes pendientes y pequeños temblores, aumenta la probabilidad de caídas de rocas y corrimientos de tierra, especialmente en áreas como la Serranía de Ronda y el Valle del Genal.
Taludes de carreteras y cortados
En comarcas con una orografía abrupta y una densa red de carreteras de montaña, como el interior occidental de Málaga y el norte de Cádiz, un microtemblor puede terminar de movilizar taludes ya dañados por la lluvia, provocando desprendimientos puntuales que afectan al tráfico y a la seguridad vial, como ya ha sucedido en algunos puntos de la red de carreteras.
Por este motivo, los mensajes de Protección Civil se centran más en:
- Evitar barrancos, laderas inestables y cauces.
- Extremar la precaución en carreteras de montaña.
- Mantener la vigilancia tras episodios de lluvias intensas.
Qué dice la ciencia sobre la relación entre lluvia y terremotos
La ciencia lleva años estudiando cómo las lluvias intensas pueden influir en la aparición de pequeños terremotos, un fenómeno conocido como hidrosismicidad, y uno de los casos mejor documentados en Europa se produjo en Francia. Según explica Meteored, el 11 de noviembre de 2019 un terremoto superficial de magnitud moderada sacudió la zona de Le Teil, cerca de Montélimar, en el valle del Ródano, causando importantes daños en viviendas antiguas y edificios históricos. Un estudio científico posterior, liderado por el investigador André Burnol y publicado en la revista Remote Sensing, concluyó que las intensas lluvias del mes anterior pudieron actuar como detonante del seísmo, al infiltrar grandes cantidades de agua en profundidad y aumentar la presión dentro de un sistema de fallas poco profundas.
Los modelos numéricos demostraron que esa sobrepresión hidráulica fue hasta 2,5 veces más influyente que otros factores mecánicos, como la actividad de una cantera cercana, concentrándose especialmente en las intersecciones de fallas, donde la roca es más frágil. Según Meteored, estos resultados refuerzan la idea de que el agua no solo erosiona la superficie, sino que también puede modificar el equilibrio interno de la corteza, facilitando pequeños deslizamientos que liberan energía en forma de terremotos. Este tipo de procesos, ya documentados en Estados Unidos y China, abren un nuevo campo de investigación sobre cómo el aumento de episodios de lluvias extremas ligado al cambio climático podría favorecer secuencias sísmicas menores en regiones geológicamente fracturadas, como ocurre en la Serranía de Ronda, Grazalema o el Valle del Genal.
Un fenómeno llamativo, pero generalmente benigno
Mientras se completan estos estudios, el mensaje para la población es claro: los temblores registrados hasta ahora son de baja magnitud y no han causado daños personales ni materiales, más allá del lógico sobresalto.
Los hidrosismos son, en esencia, microterremotos que reflejan cómo el agua también forma parte de la dinámica interna de la Tierra. En laz zonas donde las lluvias extremas se combinan con una compleja red de fracturas geológicas, no es extraño que episodios como la borrasca Leonardo se traduzcan en una sucesión de pequeños reajustes sísmicos.
Por ahora, todos los datos apuntan a un fenómeno llamativo, pero generalmente benigno, bajo la constante vigilancia de los sistemas sísmicos del IGN y el seguimiento meteorológico de la Aemet.
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