De etapas
Diafragma 2.8
En este mundo tan volátil y camaleónico, donde la cuesta de enero cada vez está peor, parece como si estuviéramos subiendo en bicicleta el asturiano Alto del L'Angliru. Cada vez hay más parejas jóvenes sin hogar propio, con menos hijos o ninguno, y más mascotas. Hay muchos más ancianos con pensiones al límite para llegar a fin de mes. Y donde los primeros tienen tiempo y los segundos, relojes cada vez con menos horas y con sustos de "la parca", aquella que tiene la cobardía de no avisar. Mientras, todo sigue girando a nuestro alrededor. Y es que la vida moderna no lo es tanto. Y a las pruebas me remito: desde los 60 a las últimas décadas, España ha experimentado una desastrosa caída de la natalidad. La merma es palpable en nuestras calles, marcando mínimos históricos. A veces me parece que vivo en el mundo de 1984 descrito por George Orwell, en ese Gran Hermano omnipresente, en esa sociedad que se vigila a sí misma. Y es que ya lo dijo Shakespeare: "El mundo es una comedia para los que piensan y una tragedia para los que sienten". Seguiremos pensando y sintiendo la vida.
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