Real Balompédica - Cádiz B La Balona amansa aguas turbulentas

  • Los albinegros zanjan su crisis con un sufrido triunfo (1-0) sobre el Cádiz B 

  • Koroma y un espectacular Nacho Miras conducen a los linenses al triunfo

  • La segunda victoria en casa consecutiva coloca a los de La Línea cerca de la tercera plaza

Koroma, en el momento de golpear el centro de Víctor Mena que supuso el 1-0

Koroma, en el momento de golpear el centro de Víctor Mena que supuso el 1-0 / Erasmo Fenoy

Ganar, ganar y volver a ganar. Si está todo inventado. Lo explicó El Sabio, que a su manera, era un libro abierto. El mejor antídoto contra las aguas revueltas no es otro que una victoria. Un triunfo como el que la Balona le endosó al Cádiz B en un partido deslucido por el viento, como tantos en medio siglo de vida de su estadio. Koroma, con un gol de pillo, y Nacho Miras, con dos paradones de portero grande -muy grande- condujeron al equipo de La Línea hacia tres puntos que le saben a gloria porque le permiten otear de nuevo la tierra prometida, ésa que hace solo 48 horas se antojaba que estaba en otro planeta. Ya llueve menos en un entorno que se mueve, como todos, a golpe de resultado. Y es que este bendito deporte, sesudas autopsias tertulianas al margen, no entiende más que de eso, de marcadores. Así ha sido siempre. Que nadie se lleve a engaño.

La Balona enlaza, por fin, dos triunfos en casa. Suma nueve partidos –que con esto del puñetero Covid se traduce en más de un año- sin recibir un gol en el maltrecho Municipal y está a cuatro puntos del tercer clasificado, que encima tiene un partido más. Con ese enunciado resulta difícil, sobre todo a quien no entienda cómo funciona esto del balompié, comprender como la Balompédica viene de una de las semanas más convulsas de los últimos años.

No fue un encuentro brillante, entre otras cosas porque cuando sopla con la fuerza que lo hizo durante los noventa minutos, era casi imposible. No se puede decir que la Balona jugó un gran partido. Es más, el empate no hubiese sido para nada un resultado descabellado. Pero lo que sí es cierto es que fue mejor desde el minuto 30, que se vio a un equipo más implicado, más concentrado y con más hambre que en Tamaraceite. Ése es el otro salvoconducto para escabullirse de las críticas. Que esta Balona tiene limitaciones no es precisamente un secreto. Pero lo que su pasional hinchada no admite es una sensación de desidia como la que ofreció en la segunda parte en Gran Canaria.

Calderón, para el que demasiados parecían estar afilando la hoja de la guillotina, se aferró a sus principios. A un once que si le llega a salir mal a estas alturas casi seguro que le hubiese proporcionado un pasaporte para que fuese rellenando el formulario del SEPE. La ausencia de Nacho Huertas, Din jugando otra vez en el centro del campo, Koroma a pierna cambiada, Candela en un limbo… Todo parecía muy raro. Pero la Balona ganó y eso zanja el debate porque el resultado le dio la razón de los puntos. Y esa razón no entiende de réplicas.

El Cádiz B fue mejor, bastante mejor en los primeros 25 minutos, aprovechándose de algunos desajustes de los de casa. No habían pasado cinco cuando pudo marcar. Boselli la puso en el área pequeña y Chapela descerrajó un cabezazo ¿inapelable? No. Porque apareció Nacho Miras y respondió a lo grande. Lo más ingenuos dirán que se lo encontró. Como si estar en el sitio y sacar esa mano fuese tan sencillo.

El filial amarillo tenía el balón pero cuando llegaba la media hora la Balona empezó a desperezarse. Candela remató a la media vuelta y el cuero se fue besando el poste. Fue como un aviso de que todo iba a empezar a cambiar.

En la siguiente jugada llegó el gol. Víctor Mena, que se va afianzando a pasos agigantados, la puso a la espalda de la zaga, Koroma fue donde cualquier otro no hubiese ni mirado, Juan Flere dudó y el de Sierra Leona picó el esférico con puntería. El primer gol en juego de la Balona en ese césped… en más de diez meses.

No se había apagado la celebración artificial del tanto cuando apareció de nuevo Nacho Miras. Literalmente fusilado por Chapela, al que otra vez le dio réplica de un portero empeñado en darle la razón a aquellos –pocos, muy pocos, que nadie venga ahora a colgarse medallas- que vaticinaron que haría olvidar a su predecesor.

Al filo del descanso llegó la primera jugada polémica del choque. Chapela ¿quién si no? Remató después de un centro. Ni la tele aclara si hubo fuera de juego (parece que no, pero eso, parece), pero sí es cierto que hay un futbolista de la Balona rodando por los suelos e igual por ahí puede llegar la explicación de la decisión arbitral de anular el tanto.

En el último latigazo antes del intermedio, un disparo de Pito Camacho lo interceptó Juan Flere.

La segunda parte fue otra historia. La Balona, que con el marcador a favor sabe tapar sus vergüenzas, cortocircuitó a su rival, que perdió toda la frescura, enredado en un equipo, el de casa, que no solo defendió con ahínco, sino que se atrevió a salir. Lo dicho, no es que jugase un partidazo, pero esa segunda mitad fue suya y a pesar de lo exiguo de la renta, nunca pareció que pudiesen volar puntos.

De hecho, las tres únicas oportunidades que puedan ser entendidas como tales de ese periodo fueron de los de casa. En el 69’, en una pared entre Koroma (que por fin parece haber entendido que los partidos se juegan de principio a fin) y Pito Camacho en la que el almeriese dudó en atacar el último pase y permitió que le quitasen el balón del pie. En el 74’ en un cabezazo de Carrasco absolutamente solo en el segundo palo que el malagueño estrelló en el lateral de la red.

En el 75’, otro gol anulado. Una falta botada por Antoñito, que tocó Candela y Pito Camacho dejó en el marco. Tampoco es definitoria la imagen de Footters. Parece, pero eso, parece, que pudo existir situación antirreglamentaria, pero tampoco es posible pronunciarse de forma tajante.

Boselli lo intentó desde el borde del área (85'), porque nadie le había explicado que en el marco estaba Nacho Miras, que atrapó el disparo con solvencia.

La forma de celebrar la victoria de los de blanco y negro demuestra que lo han pasado mal en una semana que se hubiese atragantado a cualquier vestuario y de la que ha sabido salir muy unido y con un partido práctico. Y es que, ya lo dijo El Sabio, no hay más secreto. Al final se trata de ganar, ganar… y volver a ganar.

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