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Un recluta algecireño y un italiano afincado en Algeciras

EL SEXENIO DEMOCRÁTICO EN ALGECIRAS (1868-1874)

Los mozos algecireños trataban de evitar el impopular uniforme del ejército de Ultramar en pleno desconfianza con la Ley de Reemplazos

José Sanguinety Belagamba, natural de Lavagna, regentaba un almacén que ofrecía los mejores "chocolates higiénicos"

Un algecireño, nuevo administrador de Correos

La Villa Vieja de Algeciras, en la que José Sanguinety tenía un inmueble.

Por aquellos días de zozobra real, el cercano Estrecho se encontraba en igual inquietud que la casa real española, aconteciendo por tal circunstancia, que: "El vapor inglés Lion Belge, de la matrícula de Gibraltar, que salió del puerto de Cádiz [...] tocó en la laja de Tarifa, viéndose precisado su capitán a tener que embarrancarlo en la playa de Guad-al-mecid (sic), entre aquel puerto y el de Algeciras, temeroso de no poder llegar á Gibraltar á causa de la gran cantidad de agua que iba haciendo".

Siguiendo con asuntos marítimos, comentar que aún coleaba el sanitario asunto sobre la cuarentena de tres días para los barcos provenientes de Gibraltar, y del que se hizo mención en anteriores capítulos, cuando se conoce que: "Por el ministerio de la Gobernación se ha dirigido al gobernador de Málaga un telegrama que previene se sujeten á tres días de observación las procedencias de Gibraltar y las de la Confederación alemana que lleguen sin accidentes á bordo, con patente limpia y sin haber tocado en ningún puerto sospechoso; exceptuándose los buques que procedan de las provincias prusianas, los cuales continuarán sujetos á lo dispuesto, en la circular del 11 de Agosto".

Y con la misma cualidad de higiene que se exige a las procedencias de Gibraltar y germana confederación, se espera que transite el, tan poco esperado y muy criticado, viaje real: "Si Espartero fuese á Zaragoza sería, sin quererlo y contra su voluntad, causa de alguna manifestación desagradable para con don Amadeo por parte de los enemigos de la legalidad existente que vitorearían al general con fingido entusiasmo por hacer un desaire al hijo de Victor Manuel [...] si ha de recibir al rey que sea en su retiro de Logroño. Curiosamente y mientras se ultiman los últimos detalles del viaje de don Amadeo, el gobierno contempla que: Los individuos que se alisten para Cuba, cualquiera que sea su procedencia, recibirán el premio de 100 pesetas por una sola vez, tan luego como resulten útiles del reconocimiento facultativo y firmen su compromiso, recibiendo un aumento de 25 pesetas los que procedan de la clase de licenciados del Ejército de Ultramar, según se dispone en el Reglamento de recluta. Además disfrutarán todos desde el día del alistamiento, el haber de Ultramar importante de 1,50 pesetas diarias, y los premios y pluses á que la clase de soldado pueda tener derechos como enganchados ó reenganchados en los cuerpos".

Mientras el Gobierno intenta incentivar a los jóvenes para que vistan el “rayadiyo” o uniforme del ejército de Ultramar, los mozos algecireños siguen tratando de evitar la vestimenta de tan impopular uniforme, tal como así procedió: "Ramón Ynfante Segovia, tallado resultó con 1,071 cm y reconocido se encuentra en buen estado de salud y desarrollo por lo que se considera útil para el servicio. La Comisión opinando así lo declaró soldado".

Para quiene administre los bienes que tiene en Algeciras.

Al mismo tiempo que los jóvenes en edad de entrar en Quintas demuestran su total desconfianza hacia la Ley de Reemplazos, en nuestra ciudad, un prestigioso vecino recibe toda la confianza posible, cuando: "Don Francisco de Paula Monesterio y Moriano, Coronel de los del Cuerpo de Estado Mayor de Plaza, nombra como su representante en Algeciras a Don Antonio Santos Izquierdo y Terrero, vecino de Algeciras y Comisario de Guerra retirado, para [...] que le administre, rija y gobierne los bienes que tenga en Algeciras arrendandolos en el precio y por el tiempo que estipulen percibiendo las rentas, así como otras cantidades que por cualquier concepto se le adeuden".

De regreso al terreno de la desconfianza, por aquel septembrino mes de 1871, otro asunto vuelve a enturbiar las ya más que oscuras aguas políticas, cuando se hace público el contenido de un telegrama remitido el 18 de agosto pasado: "El Gobierno español, cediendo al deseo manifestado por el Gobierno francés, ha consentido en la extradición de los comunistas en el suelo español. El contenido de tal telegrama obliga a Ruiz Zorrilla a salir a la palestra y aclarar: -Esto es completamente falso. El Gobierno español no ha consentido en entregar á las autoridades francesas á ningún comunista. La nota aclaratoria no niega la existencia de tal petición".

Al mismo tiempo que la malintencionada publicación del contenido de un telegrama demuestra la pésima salud política española, en nuestra ciudad y más concretamente en el almacén de José Sanguinety, se pone a la venta y "para conocer la calidad de los alimentos que se consumen en casa, como así se anuncia, los populares Chocolates Higiénicos de los PP. Benedictinos. Están reconocidos hoy por el mundo científico como el alimento más nutritivo y reparador del estómago, los nervios y el cerebro.; abren el apetito, ayudan á la digestión y se recomiendan por los doctores en Medicina como el mejor de los alimentos en el estado de convalecencia de las personas delicadas y enfermas. Precios 8, 10 y 12 reales. Comprad una sola vez y comprareis siempre".

El vapor 'Lion Belge' embarranca en la playa de Guadalmesí.

El citado José Sanguinety, de segundo apellido Belagamba, aunque afincado en nuestra ciudad, había nacido en 1809 en la población de Lavagna (Italia), era hijo de Blas Sanguinety y de Clara Belagamba. Viudo de Benedicta Sambucety Ottone, con quien tuvo varios hijos: María, Ángela, Manuel y Enrique Sanguinety Sambucety, era propietario de varias viviendas repartidas por la ciudad, además del citado almacén, entre otras: los números 2 y 9 en la calle de Las Damas (Bailén), el número 50, 51 y 56 en calle Nueva (Tte. Miranda), casa en calle Gloria, esquina Jerez; e inmueble s/n en el barrio de la Villa Vieja.

De vueltas al siempre controvertido tema de las quintas, comentar que, además de las cantidades y pluses que el gobierno aprobaría para incentivar el ardor guerrero entre los jóvenes, una de las más criticadas facetas de la odiada Ley de Reemplazos por lo que de desigualdad entrañaba, era la posibilidad de hacer negocio que escondía su articulado; despertando el afán de enriquecimiento legal -otra cosa era el moral- de los que en la citada ley veían su “oportunidad”: "Quintas. Empresa de sustitución y seguros de décimas de Isidro Billena y compañía. Esta empresa ofrece á los ayuntamientos y corporaciones particulares cubrir sus cupos correspondientes bajo bases y condiciones muy sólidas con todas las garantías que pueden desear dejándoles libres de toda responsabilidad y no percibirá cantidad alguna del precio de sus contratos hasta que hayan ingresado en caja los sustitutos que se estipulen". Y es que en España, como diría cierto personaje galdosiano (El Audaz, 1872): A cencerro tapado hacen su negocio.

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