Personajes históricos del Campo de Gibraltar Muhammad y al-Qasim, reyes de Algeciras

  • El llamado reino hammudí duró apenas 20 años, desde el 1035 al 1055, y fue un periodo caracterizado por continuas guerras

Mapa con la extensión del reino taifa de Algeciras una vez separado de Málaga en 1035.

Mapa con la extensión del reino taifa de Algeciras una vez separado de Málaga en 1035. / E. S.

En el año 1009 asumió el poder en Córdoba el segundo hijo de Almanzor, Abderrahmán, apodado Sanchuelo por ser nieto de Sancho Garcés, rey de Navarra. Acusado por los hombres de religión de impío e inmoral, cuando intentó suceder en el trono ilegítimamente al último de los omeyas, Hixem II, el pueblo de Córdoba se rebeló, atacando su ciudad palatina de Medina al-Zahira y acabando con la vida de quien ostentaba, hasta ese momento, el cargo de chambelán o primer ministro del decadente Califato andalusí.

Entre 1009 y 1031 los intentos de restaurar el prestigio y la unidad del Califato de Córdoba fracasaron. Los poderosos jefes militares de los bereberes y los mercenarios cristianos y la aristocracia omeya se enfrentaron en una sangrienta y larga guerra civil que no acabó hasta que los cordobeses proclamaron la república en 1031. La disgregación del Estado andalusí dio lugar a la aparición de los llamados reinos de Taifas. En el sur de al-Andalus se configuraron varios reinos independientes regidos por linajes bereberes, prestigiosos en lo económico, lo cultural y lo artístico, pero profundamente debilitados en lo político y lo militar.

Uno de esos reinos de Taifas surgió en las antiguas coras o provincias de Algeciras y Málaga, instituido por la familia bereber de los Hammudíes, que aspiraban a restaurar el Califato en alguno de sus miembros y que habían sido gobernadores de Algeciras, Ceuta y Tánger. Las ciudades de Málaga y Algeciras se mantuvieron unidas bajo un solo soberano hasta el año 1035, cuando se separó la cora de Algeciras (actual Campo de Gibraltar más los términos de Gaucín, Casares, Estepona y parte de Alcalá de los Gazules) fundándose el llamado reino hammudí de Algeciras. Un estado pequeño y débil, pero de enorme importancia estratégica debido a su privilegiada situación frente a la costa africana y por poseer el mejor puerto de la orilla norte del Estrecho.

Estos hammudíes habían cruzado el Estrecho en tiempos de Almanzor para formar parte del ejército andalusí que arrasaba los territorios cristianos de Galicia, León, Castilla y Cataluña. Uno de ellos, al-Qasim ben Hammud, descendiente de los idrisíes, que se consideraban legítimos herederos del Califato de Córdoba, fue nombrado gobernador de Algeciras y de Tánger en el año 1013. Pero Yahya, que era ya rey de Málaga, y que ambicionaba extender sus dominios hasta el Estrecho, se apoderó de Algeciras, se llevó preso a al-Qasim a su capital y dejó en la ciudad a los dos hijos de éste, Muhammad y Hasán, bajo la estrecha vigilancia de un jeque bereber de Jerez, llamado Abu Hegiag. Cuando Yahya murió estrangulado, asumió el poder en Málaga Idris I, que mandó matar al prisionero al-Qasim ben Hammud y enviar su cadáver a Algeciras para que sus hijos le dieran sepultura en el cementerio de esa ciudad.

Aprovechando el vacío de poder, Abu Hegiag, que deseaba que la dinastía hammudí gobernara una Algeciras independiente, reunió a los soldados que estaban en la ciudad de guarnición para su defensa y, en presencia de los dos príncipes, hijos del difunto al-Qasim ben Hammud, les dijo: “He aquí a Muhammad y Hasán, hijos del gobernador al-Qasim ben Hammud asesinado por los malagueños. Estos son vuestros señores y serán vuestros caudillos que os traerán felicidad si les rendís pleitesía”. Los soldados lanzaron gritos de júbilo y los aceptaron como dueños y señores de la ciudad. Corría el año 1035 cuando Muhammad ben al-Qasim fue nombrado rey de Algeciras.

Dinares acuñados en Ceuta en el año 1032, hallados en el transcurso de la excavación realizada en el nº 20 de la calle General Castaños de Algeciras. Dinares acuñados en Ceuta en el año 1032, hallados en el transcurso de la excavación realizada en el nº 20 de la calle General Castaños de Algeciras.

Dinares acuñados en Ceuta en el año 1032, hallados en el transcurso de la excavación realizada en el nº 20 de la calle General Castaños de Algeciras. / Museo Municipal de Algeciras.

Sin embargo, Muhammad ben al-Qasim se vio obligado a mantener varias guerras con algunas taifas vecinas, que aspiraban a apoderarse de sus territorios, o bien para ayudar a otros reinos de su mismo origen norteafricano, como el de Badajoz, que había sido atacado por el rey de Sevilla. Pero, quizás, la decisión más arriesgada del soberano de Algeciras fue querer que se le reconociera como Califa de Córdoba, lo que le ocasionó la animadversión de otros aspirantes a ese título. Estos proyectos y empresas militares, que en nada favorecían al pequeño emirato algecireño, debilitaron su economía y el prestigio del rey, que fue perdiendo el apoyo de sus súbditos, mientras que su hermano, Hasán, se dedicaba a la contemplación y al ascetismo, realizando la peregrinación a la Meca acompañado de su hermana Fátima en el año 1044.

A duras penas, el reinado de Muhammad se prolongó hasta el día de su muerte, acontecida en su palacio de Algeciras en el año 1048. Le sucedió en el trono su hijo al-Qasim ben Muhammad, que tomó el sobrenombre de al-Watiq bi-llah, que quiere decir “el que confía en Dios”, aunque, a diferencia de su padre, y dando muestras de mesura e inteligencia, no pretendió que lo nombraran Califa de Córdoba.

Al-Qasim ben Muhammad gobernó Algeciras con prudencia durante siete años, procurando alejarse de los conflictos armados y de las nefastas alianzas que tanto daño habían causado a la ciudad en tiempos de su progenitor. En sus días, Algeciras fue un Estado que prosperaba, en el que floreció la cultura, la literatura, el arte y el comercio con la otra orilla, a pesar de sus escasos medios económicos y de su reducido territorio. Los años de su reinado fueron relativamente pacíficos, posibilitando una recuperación de la castigada capital del reino y de las comarcas que la rodeaban, al menos hasta que la guerra con el rey de Sevilla, al-Mutadid, que había emprendido una serie de campañas con el fin de apoderarse de los pequeños reinos beréberes del sur, sobre todo de Algeciras, cuyo puerto ambicionaba para, desde él, poder atacar la ciudad de Ceuta, se hiciera inevitable.

Decoración parietal consistente en entrelazos realizados con pintura roja hallada en una de las estancias de la vivienda musulmana excavada en el solar nº 11-13 de la calle Las Huertas de Algeciras. Decoración parietal consistente en entrelazos realizados con pintura roja hallada en una de las estancias de la vivienda musulmana excavada en el solar nº 11-13 de la calle Las Huertas de Algeciras.

Decoración parietal consistente en entrelazos realizados con pintura roja hallada en una de las estancias de la vivienda musulmana excavada en el solar nº 11-13 de la calle Las Huertas de Algeciras. / E. S.

En el año 1055, refiere el historiador Ibn Idari que “cuando (al-Mutadid) halló que este muchacho, pese a su nobleza y a la excelsitud de sus acciones, era el más débil de los emires bereberes en poderío y el más escaso de ellos en hombres, se dirigió contra él y lo sitió”. En otro lugar dice este cronista que “al-Qasim no tenía sino unos doscientos jinetes en su caballería para poder defender la ciudad”.

Envió, entonces, al-Mutadid a su ejército contra Algeciras por tierra y por mar, y puso al frente de sus tropas a su visir Abd Allah ben Sallam, el cual puso cerco a la ciudad con los navíos y las máquinas de asedio. Viéndose en inferioridad de hombres y de medios, al-Qasim ben Muhammad solicitó el auxilio de sus antiguos aliados de al-Andalus y de Suqqut, el señor de Ceuta, los cuales fueron demorando su ayuda hasta que el rey de Algeciras, falto de vituallas y de armas, perdió toda esperanza de ser socorrido y se vio obligado a solicitar una rendición honorable a los sevillanos.

Pactó la entrega de la ciudad con el visir Abd Allah ben Sallam a cambio de que éste le diera un salvoconducto para sí, su familia y sus cortesanos. A continuación, abandonó la ciudad en una embarcación y se dirigió con sus familiares y sus cortesanos a la cercana ciudad de Ceuta, con la esperanza de que su dueño le diera amparo. Pero Suqqut, que no quería tener roces ni incomodar al rey de Sevilla, no le permitió que desembarcara en su puerto. Entonces, el desdichado rey de Algeciras navegó hasta la ciudad de Almería, donde logró que el rey de aquel reino taifa, Abu Yahya Muhammad, lo recibiera y le diera cobijo. Aquel año 1055 llegó a su fin el reino taifa hammudí de Algeciras que quedó, a partir de esa fecha, unido al poderoso y extenso reino de Sevilla.

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