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Un periodista concejal y algecireños en Melilla

EL SEXENIO DEMOCRÁTICO EN ALGECIRAS (1868-1874)

La sociedad algecireña afrontaba amenazas bélicas, cambios institucionales y disputas políticas mientras mantenía su actividad económica y cotidiana

El impresor Luis Punta Pajares fue apercibido por Correos por realizar envíos sin sellos

Casa de los muñecos, hechuras de colchón y ropa lavada

En el número 9 de la plaza de La Constitución se encontraba la imprenta de Luis Punta.

Otra característica de aquel noviembre de 1871 consistía en la “casi” inexistencia de prensa, tanto nacional como local, por lo cual los asiduos lectores de provincias debían sumar un mayor retraso para conocer las últimas noticias acontecidas en el país y poder armarse de un discurso, más o menos sólido, con el que acudir a tertulias y reuniones de casinos y reboticas. Y hablando de prensa, el impresor Luis Punta Pajares, futuro director de un periódico algecireño, recibió la siguiente notificación: “Sección y Gabinete central de Correos. Cartas recogidas [...] y detenidas en esta sección central por carecer de los sellos correspondientes, según está prevenido por real decreto de 13 de Marzo de 1856.=Número, nombres y destinos: 369, D. Luís Punta, Algeciras”. 

Punta Pajares acabaría siendo concejal del ayuntamiento algecireño, con Rafael de Muro y Joarizty como alcalde, formando parte de la comisión que aprobaría, entre otras “el pliego de condiciones para la subasta de las obras para la reedificación de la sección primera de las dos en que se halla dividido el proyecto para la construcción de una Casa Capitular en la ciudad de Algeciras”. Punta Pajares, además de no cumplir con la normativa filatélica de Correos, ejercía como impresor en nuestra ciudad. Estaba casado con Ana Sevilla Robles, teniendo ambos cinco hijos: Teresa, Dolores, Ana, Luis y Adolfo; y residiendo toda la familia en el número 9 de la plaza de La Constitución, y en cuyo bajo de la casa se ubicaba el modesto taller de la conocida imprenta de su propiedad. Cuatro años más tarde, y sin dejar de imprimir esquelas mortuorias, estampas de comunión y almanaques, pasó a editar y publicar el popular diario: El Último Telegrama, con el lema “Defensor de los intereses materiales del Campo de Gibraltar y Ceuta”.

Por aquellos días en los que el impresor (futuro concejal y director de periódico) recibe la “amenaza” de Correos, otra amenaza, pero infinitamente más grave, se sigue cerniendo sobre la plaza de Melilla; lugar -recordemos- al que marchó el Regimiento de Cazadores destinado en nuestra ciudad y donde no pocos algecireños prestaban su servicio militar. En muchos hogares de Algeciras se seguían con verdadera devoción las puntuales noticias que llegaban de aquel frente: “Las hostilidades continúan aunque insignificantes, desde hace días no hacen fuego nutrido á fusilería que anteriormente hacían; pero sin abandonar sus atrincheramientos [...] se calcula el número de 20.000 kabileños que hay armados (?) No ha desaparecido, pues, la probabilidad de que nuestro gobierno tenga que servirse al fin de sus propias armas para hacer entrar en razón á los berberiscos. Entre tan malas nuevas, días después se celebra gracias a la actividad diplomática española y ante el sultán, que: El bajá del campo fronterizo, avisa al gobernador de Melilla que el hijo del Emperador se encontraba en la Alcazaba, distante cuatro leguas de la plaza, con un contingente destinado para combatir á los riffeños”. Aquella ayuda no fue desinteresada: el líder marroquí sabía que posiblemente, y tras la caída de las plazas españolas, el objetivo de los rifeños podría ser su trono. Ya se sabe… “Hoy por ti mañana por mí”.

Patiño Macías, obligado a pagar cierta cantidad de reales a Ricardo Rodríguez España.

Al mismo tiempo que la amenaza sobre la ciudad de Melilla parece que va limitándose, otra noticia de gran importancia médica, especialmente para los jóvenes algecireños con posibles y aptitudes para el estudio se genera en la capital de la provincia, donde “se inaugura solemnemente la Facultad Libre de Farmacia, con asistencia del rector de este distrito universitario, en la Facultad de Medicina y Cirugía”. No pocos profesionales locales que surgirán de sus aulas desarrollarán en un corto futuro su trabajo en las populares boticas locales como la de Almagro, sita en la esquina que conforma las calles Jerez y Larga; De la Torre domiciliada en el número 3 de la plaza de La Constitución; o Cumbre, situada en la muy céntrica esquina de las calles Carretas y Torrecillas (General Castaños y Prim).

Y mientras estas noticias con sabor agridulce van llegando hasta nuestra ciudad, la cotidiana vida de los habitantes de Algeciras sigue su rutina: “Dña. Gabriela Carretero Tirado, con domicilio en esta Ciudad, soltera, propietaria y de 62 años, manifestó que en la Villa de Castellar es dueña de algunos inmuebles y semovientes, que consisten en una casa de mampostería, una huerta en su término con tierras de labor que están unidas todas cercadas y varias cabezas de ganado vacuno y cabrío, las cuales no pudiendo manejar por sí misma ha determinado autorizar [...] á su sobrino D. Juan Carretero Naranjo, vecino y labrador en la expresada Villa para que en su nombre administre los expresados bienes”.

Si en aquel constitucional 1871 -siguiendo en el contexto patrimonial de la época-, alguna familia gozaba de un gran patrimonio en Algeciras, esa era la de los Rodríguez España. Uno de sus miembros, Ricardo Rodríguez España, que por aquel entonces contaba con 30 años y su estado era el de soltero, decidió “citar para un acto de conciliación, al también vecino de esta Ciudad, D. Miguel Patiño Macías por el impago de cierta cantidad de reales que éste le adeuda [...] nombrando como su representante al procurador D. José Díaz Ramírez”.

La algecireña Gabriela Carretero era dueña de casa de labor y ganado en Castellar.

Hablando de “reales”, una administración de loterías de nuestra ciudad daría en aquel triste mes del 71 una alegría a sus clientes según informó “La Dirección General de Rentas. Lotería Nacional. Nombre de los pueblos y administraciones donde han cabido los 33 premios mayores de los 1.505 que comprende el último sorteo celebrado. Número: 17.107. Premio: 2.500 pesetas. Administración: Algeciras”.

Hablar de administradores de loterías en nuestra ciudad, era hablar de Fermín Muñoz Gutiérrez. Recordemos que Muñoz Gutiérrez, como ya se comentó en una anterior entrega, llegó hasta Algeciras exhibiendo “Oficio de Dionisio Saavedra, gobernador de Valladolid de 29 de Junio de 1855, una carta del mismo Sor. de 3 de Julio de 1866, dirigida al mismo Sor Muñoz, con referencia á servicios prestados por él mismo en aquella época y un certificado del Ayuntamiento del mismo punto sobre la conducta moral y política de fecha 2 de Julio de 1859. Por último también mostró: Un certificado de la Diputación Provincial de aquella Ciudad, sobre el propio objeto de fecha 6 de Julio de 1859, una carta del Gobernador de Valladolid, dirigida al Sr. Muñoz, dándole gracias por el buen comportamiento en las comisiones del 22; y dos por el Comandante general D. Carlos Pavía, fecha 6 de Octubre de 1868, al Sr. Muñoz, diciéndole que lo proponía al Secretario provincial para el cargo de Cónsul general en Gibraltar”. 

Tan acreditado personaje no pasó desapercibido para la oposición política en nuestra ciudad. Y menos cuando a tan protegido individuo se le otorgó por el Gobierno “la Gran Cruz de Isabel la Católica por los servicios prestado á la causa de la libertad en Algeciras” (?). Como así expresó el Comité Progresista de Algeciras, en sorpresiva carta dirigida a Sagasta: “Los que tienen un derecho legítimo y legal para ser premiados tienen que ver con paciencia cómo ostentan grandes condecoraciones hombres cuyos padecimientos y servicios son generalmente desconocidos hasta por sus enemigos públicos”. ¡Qué cosas pasaban en aquellos tiempos!

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