Historias de Algeciras La utopía algecireña (y IV)

  • Con la venta del Rancho del Bujeo, donde se ubicó la Colonia Armenta, se finiquitaba el proyecto de un soñador en busca de una sociedad mejor y más justa en unos tiempos complejos

La plaza General Martí, sede del Gobierno Militar. La plaza General Martí, sede del Gobierno Militar.

La plaza General Martí, sede del Gobierno Militar.

A estas preocupantes declaraciones se unió las de un importante militar de la Royal Navy, quién subrayó: “El único modo de proteger eficazmente á Gibraltar por la parte del Oeste, sería la ocupación del territorio español que lo circunda con 30 ó 40.000 hombres”. Aún faltaban meses para el hundimiento del Maine y la oficial declaración de Guerra que vino tiempo después.

Pero las medidas férreas de control aplicadas por el Gobierno Militar fueron constantes, quedando suspendidos distintos derechos constitucionales: “El Excmo. Sr. Capitán General. Se ha prohibido la publicación en Madrid de las noticias referentes á las dos guerras (Ultramar y Marruecos), que no tengan la sanción oficial”. Pronto los efectos de aquella medida se hacen notar en nuestra ciudad: “Después de dos años de penosa tramitación, el Supremo Tribunal de Gracia y Justicia ha fallado á favor del Juzgado Civil de ésta ciudad, las causas que por supuesto delito de imprenta había formado la jurisdicción de Guerra contra el periodista –y hombre de negocios– Antonio Rodríguez Sánchez-Osseti (casado con Librada Verano Baglietto, vivía el matrimonio en el número 27 de la calle Ancha. Su primo, Antonio Roca Sánchez-Osseti, dirigió años después el importante diario local “El Campo de Gibraltar”). Antes de que se pronunciara tan alto tribunal, el gacetillero algecireño fue trasladado a Céuta, entablándose una lucha de competencia jurisdiccional entre el Capitán General de Sevilla y la autoridad militar de aquella plaza. Desde Algeciras –prosigue el documento sobre tal pronunciamiento–, el asunto estuvo en manos de los reputados señores, el juez Osuna y el abogado Plácido Santos”. La actualidad algecireña con respecto al conflicto de Ultramar, además de la lógica preocupación de las familias de los allí destinados, queda señalada por la publicidad que desde el Gobierno Militar del Campo, ubicado en nuestra ciudad, se hace de: “La suspensión de las garantías constitucionales”. El gobierno teme distintas reacciones de la población ante los graves sucesos por los que la sociedad española está pasando. Tal suspensión de garantías conllevaba la tan temida censura militar, que impedía cualquier critica hacia la política del ejecutivo en aquellos tristes momentos. Las libres opiniones que se vierten sobre la guerra de Ultramar en los medios locales, provocó la intervención de la censura militar en Algeciras, recibiendo los responsables de los humildes periódicos que se editaban en nuestra ciudad, la siguiente misiva: “Comandancia General del Campo de Gibraltar.- Estado Mayor. Sr. Director. De orden del Señor Coronel encargado del mando prevengo á V. de nuevo tenga muy en cuenta no publicar en el periódico de su Dirección noticias relacionadas con las campañas de Cuba y Filipinas, ni ninguna otra que se refiera á este asunto, aunque sean copiadas de otros periódicos; y le recuerdo, que antes de que vean la luz pública […], deben enviar la prueba á esta Comandancia General, como se le tiene ordenado. El Comandante Jefe de Estado Mayor. Manuel Quintero”. Difícilmente el escenario anterior del conflicto del 98, de la Algeciras de aquellos años, era el propicio para poner en practicas utopías sociales. ¿Cómo era posible aplicar los principios libertarios recogidos en los estatutos de la colonia, cuando en el resto del termino municipal estaban suspendidas las garantías y derechos constitucionales? ¿Cómo afrontaba la asamblea la llamada a filas para enfrentarse a los mambises de los jóvenes pertenecientes a la colonia, jóvenes educados en los principios de la no violencia?. Y por último ¿La “Colonia Armenta” subsistió realmente hasta 1897 o fue cerrada con anterioridad?.

Una imagen de época. Una imagen de época.

Una imagen de época.

Sea como fuere, aquel día de finales de octubre de 1897, cuando la guerra contra los Estados Unidos estaba en el horizonte, Antonio Armenta acompañado de Rafael Pagüe: En representación de la Sociedad y Colonia Armenta establecida en Algeciras [...], en representación de la Sociedad y Colonia Armenta como Presidente y Secretario respectivamente de la misma, dando cumplimiento al Artº 9 de los Estatutos, que dice : Al Directorio corresponde cumplir el presente reglamento procurando realizar los fines de la institución [...], se compondrá de Presidente, Vice presidente, Tesorero, Vocales y Secretario, cuyos caros entran desempeñando respectivamente los firmantes: Armenta, Morejón, Broto, Pagüe, Andrés, Sánchez y Cabezas.= El Presidente, Tesorero y Secretario de común acuerdo asumen la representación de la Sociedad [...] que a la Sociedad y Colonia Armenta corresponde en pleno dominio un rancho que antes fué venta y que se describe a continuación. Finca: Un rancho que antes fué venta y la nombran del “Bugeo”, situada en partido y Dehesa del mismo nombre. Se compone de dos casas blancas, una rústica y un huerto con 4 fanegas de tierra. Colindando por Levante con tierras eriales de la Dehesa del Bugeo; Poniente con la huerta de Juan Perales por Norte con la carretera y por el Sur con la citada Dehesa. Al huerto le pertenece el aprovechamiento de medio día de agua por semana de la que viene de la garganta del Granadillo […], dicha finca la adqurió la Sociedad y Colonia Armenta por compra que de ella hizo á Don Manuel Guerra Cabezas en 20 de Junio de 1894 [...] que la referida Sociedad Colonia Armenta representada por su Presidente y Secretario, ha convenido la venta del expresado inmueble á Don Francisco Broto y Durán para lo cual han obtenido previamente de la referida Sociedad el oportuno acuerdo según resulta de la certificación expedida por el Secretario de dicha Sociedad visada por el Presidente de la misma [...] Y llevándolo á debido efecto formalizan dicha venta los Señores Antonio Armenta y Díaz y Don Rafael Pagüe y Colino en su cualidad de Presidente y Secretario de la Sociedad y Colonia Armenta, usando de la autorización que les está conferida según la certificación inserta: venden al otro compareciente Don Francisco Broto y Durán el Rancho nombrado del Bugeo [....], la venta se hace al precio y cantidad de 1.500 pesetas o sea el mismo por el que adquirió dicha finca la Sociedad”. Y así, con la venta del “Rancho del Bujeo”, se finiquitaba el proyecto de un soñador que supo embarcar en el mismo sueño a un grupo de hombres en busca de una sociedad mejor y más justa. Cinco años más tarde el comprador de los terrenos de la colonia y miembro del grupo de positivistas, Francisco Broto Durán, al hacer relación de sus bienes expresó: “Casa en calle Tarifa esquina Ríos, nº 23-25. En el bajo de la misma un establecimiento de coloniales y un rancho en la Dehesa del Bujeo que perteneció a la Sociedad y Colonia Armenta”.

Tras la imposibilidad de continuar el tan querido proyecto de la colonia sita en el Bujeo, Antonio Armenta prosigue su vida de búsqueda de un mundo mejor, es la época en la que investiga una jerga que facilite la comunicación entre los seres humanos. Prueba de la puesta en practica del nuevo alfabeto es el nombre de su hijo Víctor, el cual pasaría a ser llamado: “Biglo” Armenta Moreno. Años después Biglo, convertido en un adulto, ejercerá como secretario interprete de la Estación Sanitaria de Algeciras, y tendrá su domicilio muy cerca del hogar paterno, en la Plaza Palma. Al igual que su padre gozará del respeto de la ciudadanía algecireña, muestra de ello es su participación en arbitrajes o testimonios como los que siguen: “Biglo Armenta Moreno […], manifiesta: “Que D. Juan Jacobo Greminger, ha satisfecho a D. Epifanio Barragán, albañil de ésta Ciudad la cantidad de 700 pesetas efectivas a cuenta del trabajo de albañilería que dicho Sr. ha efectuado en la fábrica E. Bach, al objeto de instalar un motor y prensa de embalar corcho, de cuyo pago tiene recibo el Sr. Greminger, expedido por el Sr. Barragan”. O también: “En la demanda entablada por Juan Durán Delgadillo, contra Jorge Croiset d’ Ouncourt –director y administrador del Kursall–, por cobro deuda y levantamiento de embargo [...], las partes nombran depositario de los bienes pignorados a don Víctor (Biglo) Armenta Moreno”. Siendo otra de las características heredadas de su padre, la filantropía: “En la colecta organizada por Mr Thomson –Director del Hotel Reina Cristina– contribuyeron los señores allí hospedados, los dependientes del establecimiento y los habituales concurrentes señores Smith y Armenta, alcanzando la importante cifra de 363 pesetas destinadas a la Comisión para la Protección de la Infancia y Represión de la Mendicidad”. El apellido Armenta seguía dejando su buena impronta en la sociedad algecireña.

De vuelta al sueño de los positivistas locales –y para finalizar–, comentar que de seguro, algún viejo miembro del partido republicano de Algeciras, reflexionando sobre la cuestión de la implantación de la “Colonia Armenta” llegaría a la conclusión de que era un anacronismo histórico, un proyecto fuera de lugar en un país que no había sabido hacer las reformas políticas y sociales a tiempo, como así lo hicieron Francia o Inglaterra convirtiéndose a continuación en grandes potencias mundiales, mientras España languidecía añorando un imperio perdido y comenzado un triste periodo denominado Regeneracionísmo, sentándose en el diván de la Historia para reflexionar sobre las causas de su decadencia. Quedando en el idiario republicano español: “La facilidad con la que la España estamentada, durante siglos, había levantado hogueras para los de abajo; y que difícil les había resultado a los sans cullutte hispanos, defenderse construyendo guillotinas para los de arriba”. Pero esa es otra historia.

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