Diario de una gran hazaña | Capítulo 10 (25 de enero de 2020) Segunda víctima mortal en la expedición de Magallanes

  • Un grumete muere ahogado tras caer de una de las naos que siguen fondeadas en el Río de la Plata a la espera de que regrese la 'Santiago'

Vista aérea del río Uruguay, que desemboca en el Río de la Plata y cuyo curso ha remontado la carabela ‘Santiago’ buscando la conexión con el otro océano. Vista aérea del río Uruguay, que desemboca en el Río de la Plata y cuyo curso ha remontado la carabela ‘Santiago’ buscando la conexión con el otro océano.

Vista aérea del río Uruguay, que desemboca en el Río de la Plata y cuyo curso ha remontado la carabela ‘Santiago’ buscando la conexión con el otro océano. / D.C.

La flota de las especias que dirige Fernando de Magallanes y que busca llegar a las Molucas navegando hacia occidente se ha cobrado hoy, 25 de enero de 1520, su segunda víctima mortal. El fallecido ha sido un joven grumete de origen portugués y de nombre Guillermo que ha perecido al caerse al mar de manera accidental desde una de las cuatro naos que permanecen fondeadas en el estuario del Río de la Plata.

Este es el segundo fallecimiento que registra esta expedición desde que partiera de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519. La primera muerte tuvo lugar hace poco más de un mes, el pasado 20 de diciembre, cuando nada más tocar tierra en Río de Janeiro Magallanes decretó la ejecución por estrangulamiento de Antonio Salamón, el maestre de la nave Victoria que, tal y como marcan las leyes actuales, fue condenado a muerte tras ser sorprendido en un acto de sodomía durante la travesía por el océano Atlántico.

Pese a estas dos pérdidas la tripulación de las cinco naos que confirman esta expedición se mantiene por encima de los 240 hombres, después de las altas registradas durante la estancia que la flota vivió en las islas Canarias antes de cruzar el Atlántico.

El accidente que ha terminado costándole la vida a este grumete de origen portugués se ha producido en una de las cuatro embarcaciones que desde el pasado 11 de enero permanecen fondeadas en el Río de la Plata, esa gran abertura marítima que la expedición encontró mientras navegaba con rumbo suroeste costeando todo el continente americano.

Estas cuatro embarcaciones (la Trinidad, la San Antonio, la Concepción y la Victoria) siguen fondeadas a la espera de conocer las noticias que traiga la Santiago. Esta última nave, la más pequeña y la más manejable de las cinco que conforman la expedición, se separó de las demás cumpliendo las órdenes de Magallanes y se introdujo por el río Uruguay, que desemboca en el Río de la Plata, buscando el paso interoceánico que el marino luso está convencido que existe.

Mientras la Santiago continúa remontando el río Uruguay, las otras cuatro naos han aprovechado estas jornadas para sondear todo el Río de la Plata –incluida la isla de Martín García– aunque en todo momento, y de acuerdo con las órdenes expresas dictadas por Magallanes, permaneciendo a bordo y sin poner pie en una tierra que está atestada de indígenas que les amenazan desde las orillas con arcos y flechas y que ya se sabe que practican el canibalismo.

Entre esos caníbales fácilmente podría encontrarse Francisco del Puerto, un grumete portuense que formaba parte de la expedición de Juan Díaz de Solís que llegó a este enclave hace cuatro años. Aquella incursión fue derrotada por los indios guaraníes, que descuartizaron, asaron y devoraron a Solís y a varios de sus hombres. Sin embargo, los indígenas le perdonaron la vida a Francisco del Puerto debido a su juventud, convirtiéndose él también al canibalismo.

La comunicación que traslade la Santiago en cuanto regrese al Río de la Plata se presume fundamental para el devenir de esta expedición. Si esta nao ha encontrado realmente el paso al nuevo océano conocido como el Mar del Sur, la flota tomará ese camino, siempre hacia occidente, en busca de las islas de las Especias.

Pero si no es así, el propio Magallanes sabe que el éxito de su empresa correrá peligro, ya que sin duda resurgirían las voces críticas por parte de los capitanes de barcos que no confían en el marino portugués.

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