Las relaciones de Tarifa con el norte de África en los siglos XV, XVI y XVII (III)
El siglo XVII fue para Tarifa un periodo de hambre y desolación, desabastecida prácticamente de todo, excepto de pescado y carne, con frecuentes crisis de subsistencia
Tarifa buscó en los puertos de Tánger y Ceuta paliar su endémica escasez de trigo, pero fue de ella de donde partieron los suministros de armas, hombres y alimentos, donde el papel protagonista fue el trigo panificable
Las relaciones de Tarifa con el norte de África en los siglos XV, XVI y XVII (II)
Las relaciones de Tarifa con el norte de África en los siglos XV, XVI y XVII (I)
Tarifa-Tánger. El intercambio de suministros
El siglo XVII fue un periodo de hambre y desolación. Tarifa estaba desabastecida prácticamente de todo, con la excepción de la carne y el pescado, de precio moderado la primera y barato el segundo, que además servía de intercambio con los productos que necesitaba la ciudad como el aceite, cuyo precio era alto pues había que traerlo de quince a veinte leguas de distancia. Pero el principal producto demandado era el pan y las cosechas de cereales en Tarifa eran de alto precio, sus pobres cosechas se debían a un factor climático, el viento de Levante que rompía las espigas, por lo que para abastecerla de trigo, y por tanto de pan, era necesario adquirirlo fuera entre tres y cuatro veces al año.
A expensas de un trabajo que se haya a punto de culminar, las crisis de subsistencias fueron muy frecuentes, lo que incidió en una baja natalidad, el éxodo a otros lugares mejor provistos y la despoblación de la ciudad y su término.
Las Actas Capitulares o del Ayuntamiento tarifeño reunido en Cabildo, citan los años de 1599, 1601, 1602, 1612, 1615, 1617 y 1618 como de crisis alimentarias, aunque particularmente de gran dramatismo fueron las que se dieron en la grave coyuntura socioeconómica de mediados de siglo donde la epidemia de peste paralizó en gran medida las labores agrícolas y dificultó enormemente los intercambios a causa de los de los controles, los cordones sanitarios que las diversas poblaciones montaban para evitar la propagación de la terrible pandemia. Momentos de especial relevancia fueron los años 1646, 1647, 1648, 1649, 1653 y 1658 en los que las actas capitulares recogen como la población “moría de hambre”, un factor el hambre que los tarifeños que padecieron aquellos fatídicos momentos sabían que era la antesala de la enfermedad y la muerte.
Para colmo de males, Tarifa estaba fuera de las principales rutas comerciales de la Baja Andalucía y aunque ciudad era costera carecía de un puerto, poseyendo una costa abrupta en los alrededores de la población con grandes lajas o flysch, cuyas aguas, además, eran bravas y sacudidas por fuertes vientos de Levante y temporales de Poniente (Suroeste). Así que se dependía para su suministro de los productos transportados por arrieros que los intercambiaban por cargas de pescado. Por ello, Tarifa acudía en busca del preciado cereal a los lugares próximos y a los grandes puertos como Cádiz, Gibraltar o Tánger. El más cercano era el gran puerto de Tánger al que arribaban navíos que podrían traer trigo de la mar, al que se podía añadir el cereal que por tierra podría llegar de los vecinos territorios berberiscos.
De esta forma sabemos que en el periodo entre 1592 y 1621, teniendo en cuenta la falta de algunos años en los volúmenes de actas del Ayuntamiento, reunido en cabildo, las compras de trigo que realizó el concejo municipal tarifeño en Tánger ascendieron a 881 fanegas. Ese papel de Tánger como puerto receptor del llamado trigo de la mar (procedente tanto del Mediterráneo, como de la vertiente oceánica europea y transportado en bajeles comerciales), se puso de manifiesto cuando, en la sesión de cabildo municipal de 28 de febrero de 1593, se informó que el capitán de una galeota concertaba con dos navíos tangerinos el transporte a Tarifa de trigo procedente de Alemania.
Tarifa también suministró trigo y otros mantenimientos a Tánger, que en muchas ocasiones padecía esa misma extrema necesidad de cereales y otros alimentos, así por ejemplo en 1630 Tánger solicitó a Tarifa 100 fanegas, al haber quedado desprovista por el retraso sufrido por el trigo comprado en Lisboa.
La escasez se extendió a las dos orillas a comienzos de 1633. Cuando el gobernador de la plaza de Tánger solicitó un socorro de 300 fanegas, cuyo envío para Tarifa suponía un gran esfuerzo, y máxime cuando no podía acudir a los mercados de los lugares próximos, pues tal y como señala el acta capitular del 10 de enero “en la villa de Vejer mueren las criaturas de hambre”, con todo los munícipes tarifeños acordaron el envío de 200 fanegas, ya que si no se auxiliaba a Tánger “… podrán los moros enemigos de nuestra santa fe ganarla y sería una gran pérdida para este reino…”, además el trigo no solo sustentaba a las personas, sino igualmente a los caballos que guardaban la frontera terrestre de Tánger.
Las peticiones se repiten al largo del tiempo, y en algunas ocasiones Tarifa no pudo acudir en auxilio de Tánger, tal y como ocurrió en 1636, en la que comunicó que no podía enviar ni trigo ni pasto.
En otros momentos se llegó a fricción, tal y como se señala en la sesión capitular de 26 de mayo de 1643, en plena guerra por la Secesión de Portugal, cuando las autoridades tangerinas se quejaban de que se había impedido por parte de las autoridades tarifeñas del traslado de 300 fanegas que habían adquirido en los almacenes del duque de Medinaceli, que a la sazón lo era también de Alcalá de los Gazules y por lo tanto en su casa nobiliaria radicaba, igualmente, el título de marqués de Tarifa. Y como tal desde tiempo inmemorial disfrutaban de un tercio de las rentas de los diezmos, las llamadas Tercias Reales, que disfrutaban como antiguos señores del lugar.
Con la llegada del verano la situación se hizo insostenible para Tánger, la mayor crisis de subsistencia que había padecido el presidio, Tarifa ofreció solo 20 fanegas a un precio no demasiado elevado, a 24 reales, pero finalmente ofreció enviar 100 al mismo precio.
La colaboración militar entre Tarifa y Tánger
El 1 de abril de 1617 se leyeron en el cabildo tarifeño unas cartas despachadas por el duque de Módena en la que se pedía impedir el paso por el Estrecho de una flota neerlandesa que acudía en auxilio de la república de Venecia “… por lo cual era conveniente que en las guardas de la costa se esté con buena guarda […] y que se hagan juegos y señales, mismas que hicieren Tánger a quien se ha dado el mismo aviso”. El aviso se producía en el siguiente contexto político: en 1617 Venecia, aliada de la Monarquía Hispánica en ocasiones contra los turcos y siempre rival en la península itálica, estrechó sus lazos diplomáticos con los rebeldes de las Provincias Unidas, en tregua entonces con España desde 1609, la llamada Tregua de los Doce Años. Un año antes la república de Venecia había prohibido la navegación de la flota española por el mar Adriático, porque el virrey de Nápoles, tercer Duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón y Velasco Guzmán y Tovar, había renovado su alianza con los uscocos, piratas y corsarios croatas que luchaban contra la Serenísima Republica. El virrey envió una flota contra los venecianos, bajo el pabellón del reino de Nápoles, al mando de Almirante don Francisco de Ribera y Medina, compuesta por quince galeones y varias galeras. El combate se celebró para unos el 21 de noviembre de 1617 frente a Gravosa y para otros el 22 a la salida del puerto de Ragusa, la actual Dubrovnik. Los venecianos a pesar de su superioridad naval fueron derrotados y sufrieron una pérdida de unos 4.000 hombres. Probablemente los rebeldes neerlandeses intentaron enviar una flota en auxilio de la república italiana.
En 1617 Tarifa sufrió el ataque de una flota turco berberisca, con un total de 36 navíos, al mando del arráez Solimán, que realizaron un desembarco en las playas cercanas a la ciudad y la bombardearon, pero cuyos intentos fueron rechazados. Solimán era lugarteniente del almirante Ali Tabac, quien un año más tarde atacó las Islas Canarias de regreso la flota turca paso de nuevo por el Estrecho provocándola alerta en Tarifa. Ese mismo año de 1617, 17 navíos turcos habían sido avistados desde Gibraltar, que tomó las debidas precauciones. Tal y como se recoge en un documento del Archvio Nacional de Portugal “Certidão de Juan Luis Camarena, de que se despacharam as peças mencionadas contra os 17 navios de turcos, ao sair da raia de Gibraltar”.
Ya el 12 de mayo de 1630, el general del presidio de Tánger, don Fernando de Mascareñas”, daba aviso a Tarifa de como la plaza norteafricana estaba cercada por más de “ocho mil moros” y que además tenía noticia de que venían contra ella más de 40 navío procedente de Salé. El aviso no era baladí, Salé era una república de piratas fuera del control de los sultanes magrebíes, la mayor parte de su población eran moriscos, unos 3.000 procedentes de Hornachos, en la actual provincia de Badajoz, a los que se sumaban 10.000 andalusíes, que componían las tripulaciones corsarias, a los que añadían los berberiscos, toda una potencia naval en la zona. La carta del gobernador tangerino fue remitida al duque de Medina Sidonia, pero antes de finalizar el cabildo llegó una segunda carta desde Tánger pidiendo “municiones y bastimentos”. El concejo municipal mandó llamar a los tres capitanes de la milicia concejil, don Laurencio y don Diego de Morales y a Baltazar García de Arcos, los que señalaron que estaban deseosos de acudir en socorro de Tánger, el corregidor y el concejo municipal designó a don Laurencio de Morales para estuviese al mando de los hombres, municiones y víveres que habían de trasladarse a Tánger.
El duque de Medina Sidonia escribió a su vez a Tarifa expresando su estima por el aliento con que los tarifeños estaban dispuestos a acudir en socorro de Tánger, pero que el esfuerzo se centrara en el envío de trigo, leña y otros mantenimientos, al considerar la poca posibilidad que Tarifa tenía de enviar hombres y municiones. Sin embargo el concejo tarifeño solo pudo llevar leña y carbón y suspendió el envío de trigo debido a sus propias necesidades. Además se pregonó que todos los particulares que quisieran llevar a Tánger comida o leña pudieran hacerlo con toda libertad.
Tánger, como Tarifa, vivía en un constante estado de alarma. El 9 de marzo de 1634, el gobernador de la plaza norteafricana envío una carta al concejo tarifeño en la que informaba que en los próximos tres días se esperaba la llegada de un ejército de 50.000 berberiscos para sitiar la plaza fuerte y que tenía necesidad de mantenimientos, leña y 1.000 hombres para cubrir las murallas.
Tarifa acordó enviar los mantenimientos y leña, pero no era tarea fácil enviar los hombres, por ser la mayor parte de la población tarifeña muy pobre y estar en aquellos precisos momentos ocupados en las tareas del campo, aunque se ordenó acuartelar esa misma noche a todos los vecinos estantes y habitantes de Tarifa, para acudir en auxilio de Tánger.
El día 11 de marzo dese mismo 1639, el teniente corregidor de Tarifa, el licenciado don Francisco de Vallejera, comunicaba a los regidores municipales como había recibido cartas procedente de Ceuta y Tánger en las que se informaban como “dos fragatas de moros” procedentes de Tetuán estaban preparadas para salir esa misma noche y dirigirse a la costa de Tarifa, por lo que, el teniente de corregidor propuso al cabildo doblar las guardas en los lugares acostumbrados y añadir algunas más, una en el cerro de la ermita de Santa Catalina desde la que podría vigilarse la zona oeste de la muralla y cercana a la ermita de Nuestra Señora del Sol, que era la parte más particularmente amenazada y otra en El Camorro para guardar el embarcadero de la Caleta donde estaban varadas las fragatas tarifeñas así como sus almacenes. El cabildo acordó, tras lo expuesto, incrementar las medidas de guarda y custodia, de forma que se dispusieron guardas en el Cerro de Santa Catalina “para que guarde lo que toca a aquel sitio y sus ermitas de la Señora del Sol y las demás de su contorno”, otra guarda en el camino de La Caleta, doblar el número de atajadores en la playa de Valdevaqueros y “las de esta ciudad”, además de otra guarda en los Adelies, cerca de Arroyo Viñas, otra en la torre de la Peña y doblar las guardas en las Mezquitillas, entre Paloma y Bolonia, y disponer de un segundo atajador en Bolonia.
Tarifa y Ceuta: intercambios y socorros
Una de las primeras menciones, en las actas municipales tarifeñas sobre las relaciones con la vecina Ceuta, data del 8 de mayo de 1617, cuando Tarifa buscaba desesperadamente trigo en Cádiz, donde pudo adquirir una partida que no podía remitirse a Tarifa a causa del mal tiempo, por lo que siguió buscándolo en Gibraltar y en Ceuta donde pretendía comprar 200 fanegas de trigo.
Sin embargo, era Tarifa la que suministraba, mayoritariamente, los productos y pertrechos al presidio ceutí, así en mayo de 1629, Tarifa acordó ofrecer 600 fanegas de trigo “…de lo que el pósito de esta ciudad tiene para el socorro de la gente de guerra de la dicha ciudad de Ceuta…”, a precio de 18 reales la fanega, el mismo por el que Tarifa lo había adquirido.
No siempre se pudo acudir al socorro solicitado por parte de Ceuta, así sucedió en abril de 1630, cuando los componentes del ayuntamiento tarifeño, manifestaron que Tarifa también padecía escasez de trigo, por lo que era “más justo remediar primero la suya” y que Ceuta buscara aprovisionamiento en otros lugares.
Las relaciones militares entre Ceuta y Tarifa
Aunque Tarifa y Ceuta en teoría eran plazas que debían colaborar en la defensa del Estrecho, y máxime desde la unión dinástica de España y Portugal, en ocasiones los contactos no fueron nada amistosos, tal y como sucedió en marzo de 1636, cuando ante el constante avistamiento desde Tarifa, de navíos berberiscos “…que viene a las costas de esta ciudad a hacer cautivos…”, y desde Gibraltar se dio aviso del avistamiento de otro, se armaron 7 fragatas por el capitán don Antonio de Morales y Cárdenas y su hermano don Gonzalo de Cárdenas y Morales, que emprendieron una persecución que les llevó a las cercanías de Ceuta, a la vista del navío berberisco el gobernador ceutí ordenó una andanada de artillería, que puso en grave riesgo, igualmente, a las fragatas tarifeñas, por lo que el cabildo tarifeño escribió al rey solicitando que el gobernador ceutí se excusara por los daños causados.
Hasta aquí nuestro recorrido hasta el año 1640, un año que cambiara el juego de poderes en el Estrecho y que detallaremos en próximos artículos.
Javier Criado Atalaya es doctor y catedrático en Geografía e Historia
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