Semana Santa

La Piedad recupera entre lágrimas el fervor popular

  • La Sagrada Mortaja sale en procesión aunque apenas dura media hora tras recortar el itinerario

Breve pero intenso. La Hermandad de la Sagrada Mortaja desafió al cielo aún sabiendo que la amenaza de lluvia estaba ahí. La decisión de la junta de gobierno de procesionar permitió que la Piedad pudiera arropar a su Hijo ante la mirada de cientos de devotos que seguían bajo un silencio sepulcral el paso. Dos años pesaban mucho y la Sagrada Mortaja apenas estuvo una media hora desfilando por las calles, aunque pudo respirar el aire que les había arrebatado las lágrimas del cielo en años anteriores. Su itineario se recortó apenas entonar la avenida Blas Infante, giró a la calle Sevilla para regresar por Buen Aire a la casa hermandad, en la calle Teniente Miranda.

La madera crujía en el asfalto, las gotas de lluvia arrastraban con sutileza un paso que tardó varios minutos en salir y que al balanceo dejaba arrastrando un sonido silencioso. Sobre las nueve ya marcaba su paso por Blas Infante, sigiloso y respirando el frío de la noche que a ratos yacía cálido entre el calor de la gente. Los penitentes, de negra vestimenta, iban lentamente abanderando el recorrido de la Piedad junto a su Hijo.

Los susurros de la gente rompían un equilibrio impoluto que arañaba la emoción del sentimiento cofrade. En la calle Buen Aire apenas se iba dejando constancia de que dibujaban sus pasos por las instrucciones que iba destellando el capataz. A las diez menos cuarto de la noche ya quedaban pocos metros para que las imágenes volvieran a ser guardadas en la casa hermandad.

La música del Trío Capilla Sintonía Campo de Gibraltar se abrió paso entre las velas apagadas para ver la última levantá en la calle de la Mortaja. Las gotas de lluvia aceleraban su caída y el cielo oscuro y rosado se dibujaba. A oscuras, bajo la mirada de la luna, en silencio, fue entrando la Piedad al lado de su Hijo.

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