Semana Santa

La Misericordia desfila bajo un baño de sol devolviendo la alegría a sus devotos

  • El Cristo y el Buen Fin de la cofradía de la Oración del Huerto desfila tras tres años sin salir del templo por lluvias en Viernes Santo

Este año ni se hizo esperar su salida ni lo pretendía. Después de tres años consecutivos siendo rezado en el interior de la parroquia del Corpus Christi el Cristo de la Misericordia en su Viernes Santo la hermandad de la Oración del Huerto lo hizo descender y elevarse con premura para encarar su desfile procesional hasta las calles del centro de la ciudad. Eran justo las 20:20 horas cuando los aplausos invadieron la plaza que rodea al templo. Los fieles acompañaban el cortejo y muchos observaban desde la avenida Virgen del Carmen, como un balcón de majestuosidad.

La salida, por la altura de la cruz que fija al Cristo, que mece el propio misterio junto a Nuestra Señora del Buen Fin, demostró la destreza de los costaleros, que guiados por el capataz posicionaron ante la luz de los últimos rayos del sol del Viernes Santo a las imágenes. Agachados salieron por la puerta lateral de la parroquia, aprovechando la elevación del dintel que alivia precisamente su salida, se llevaron los primeros aplausos estos costaleros al romper además al unísono la música de la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder de Brenes. El silencio se apoderó del momento, "más a tierra", pedía el capataz, evitando un mal paso, "venga la gente buena queriendo al señor".

Los balcones aledaños al Corpus Christi arroparon la procesión con un color azul que engalanaba también a los nazarenos de la Misericordia, de todas las edades, así como los costaleros, muchos de pequeña edad que se dejaban llevar por la devoción de sus padres para acercarse al misterio y demostrar con valentía que ellos también querían elevar al cielo a las imágenes.

El pacto con la climatología se detuvo precisamente en la salida de la Misericordia. Sin brisa alguna, con un sol prudente y con la vista panorámica que provocaba el reflejo de la bahía entre los pisos de la barriada del Arroz. Un recuerdo imborrable para los más de mil hermanos de la Oración del Huerto que el Viernes Santo respiraron al ver a su Cristo mecer por las calles.

A las 20:27 horas se cargó de silencio la salida, el incienso inundó al Cristo y el Buen Fin y con las velas encendidas cinco minutos después se produjo la primera levantá en la calle para tomar el paso hacia el centro, pasando por Jacinto Benavente y el parque María Cristina. Junto al paso un señor aguantaba una escalera, para así ayuda a esquivar la cruz del cableado que se confunde entre las calles. A las nueve y media pasó el María Cristina, la carrera oficial ya arrancó pasadas las diez, mientras que la recogida tuvo lugar también entrada la madrugada tras más de cuatro horas de procesión.

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