Un cortado
Alessio González
Vapear mata
Parece más limpio e inocuo que un cigarrillo e incluso se podría decir que su estela de olores afrutados se antoja agradable en comparación al pestilente tufillo de la nicotina. La realidad, sin embargo, es que vapear mata. Destroza y cercena vidas como lo viene haciendo el tabaco desde que su uso se generalizó socialmente.
Quizás todavía no seamos conscientes de lo extendida que esta nueva práctica está entre los más jóvenes y de las consecuencias a medio-largo plazo, aunque, por desgracia, ya empiezan a verse casos de adolescentes afectados por el vapeo. El otro día leía un artículo en el que un chaval –tenía cara de niño aún– lamentaba que no se le hubiese informado debidamente de los riesgos que suponía vapear, una costumbre que en muy poco tiempo le había dejado secuelas de por vida.
Basta indagar un poco e informarse a través de artículos médicos y científicos para descubrir los llamados pulmones de palomita de maíz, una nueva enfermedad que recibe el nombre de Evali, casos de afecciones al habla o al sistema cerebral, más allá de un reguero de complicaciones para la salud en todo lo relacionado con el aparato respiratorio. Bajo una apariencia simpática e inofensiva, el vapeo actúa como una inyección de químicos y elementos nocivos que atacan –según los expertos– a mucha más velocidad de lo que tradicionalmente lo ha venido haciendo el tabaco convencional, el principal causante del cáncer de pulmón que a tantos seres queridos se ha llevado antes de tiempo.
Tras años, décadas, de duras campañas de concienciación contra los efectos del tabaco, daba la sensación de que la sociedad iba ganándole algo de terreno a este vicio. El sacarlo de los centros de trabajos y locales de ocio ayudó mucho a los no fumadores y también a los propios fumadores. Esas imágenes crudas y mensajes rotundos en las cajetillas se constituyeron en un recordatorio duro pero necesario.
Ahora ha irrumpido el vapeo. Vas por la calle y ves a alguien normal que lo saca del bolsillo, da la calada y lo guarda. Un gesto rápido, que casi pasa desapercibido entre el gentío, que empezamos a naturalizar.
Las autoridades sanitarias tienen muy claro que el vapeo representa un nuevo peligro de primer orden, un desafío que necesita ser tomado en serio por todos los estamentos encargados de vigilar nuestro bienestar común. Es muy probable que ya vayamos tarde en esta batalla.
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