Quienes viajen a otro país en vacaciones ya tienen más que normalizado el pago de una tasa turística, que se une al coste de la habitación ocupada. Ninguno huye, ni suspende el viaje por este motivo. El precio oscila según la ciudad y la categoría hotelera. El ayuntamiento de turno utiliza este dinero para todo tipo de inversiones extras de la ciudad. Hay quienes lo destinan a proyectos sociales en sus localidades mientras que otros refuerzan las inversiones de mejora del patrimonio que, al final, supone una nueva atracción para el turismo de calidad. No parece por ello que sea una tasa lesiva.

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