Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ni con Vox ni sin Vox
Alo largo del mes de septiembre y de los primeros días de octubre hemos ido conociendo los ganadores de los Nobel. Lo primero que me viene a la cabeza es el tremendo sesgo de género de estos importantes galardones. En este 2025 han sido 12 hombres los galardonados frente a solo dos mujeres. En más de 100 años de historia solo 67 han sido mujeres frente a 911 hombres. Paz y Literatura son las áreas donde más mujeres han sido reconocidas y sigue habiendo una importante brecha de género en las categorías científicas a pesar de que organismos como la Unesco tienen entre sus fines promover la igualdad en la ciencia y la investigación. Esto no es solo una cuestión de números, debe ser una lucha por conseguir la visibilidad en disciplinas tradicionalmente dominadas por los hombres.
Qué alegría que este año el Nobel de Fisiología y Medicina haya ido a manos de Mary Brunkow, compartido no obstante con Fred Ramsdell y Shimon Sakaguchi. Mary obtuvo su doctorado en la Universidad de Princeton y actualmente trabaja como directora sénior de programas en el Instituto de Biología de Sistemas de Seattle. Sus contribuciones, en colaboración con sus co-premiados, han transformado nuestra perspectiva sobre la regulación inmunitaria. Este reconocimiento pone de relieve cómo el cuerpo distingue lo “propio” de lo “ajeno” en los tejidos periféricos, lo cual es crucial en el tratamiento de enfermedades como el lupus, la diabetes tipo 1 y muchas otras. La llamada por tanto “tolerancia inmune periférica” es un mecanismo clave para evitar que nuestro sistema inmunitario se vuelva contra el cuerpo.
El trabajo de estos tres científicos ha permitido avanzar en el desarrollo de terapias contra las llamadas “enfermedades autoinmunes” hasta otras basadas en células CAR-T que pueden posibilitar “reeducar” al sistema inmune para que pueda actuar de forma más precisa contra el cáncer.
El segundo galardón concedido este 2025 a otra mujer ha ido a manos de María Corina Machado. Sin embargo, el pasado 24 de octubre el Consejo Noruego de la Paz canceló su tradicional acto en las calles de Oslo para celebrar este premio, ya que considera que la elección “no está alineada con los valores de la institución”. Quizás la controversia que desde el anuncio de este premio se produjo en un gran sector de la opinión pública ha llevado a la institución noruega a tomar esa decisión.
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