Somos los mejores

14 de febrero 2026 - 03:06

Amenudo quienes recuerdan constantemente que son los mejores del mundo en algo no son los mejores para nada, de igual manera que aquellos que se repiten que son los más demócratas son los menos interesados en la democracia. La reiteración es producto de la necesidad y la necesidad nace de la voluntad ciega de supervivencia. No es casual que después de dos accidentes de tren con 47 muertos el presidente diga que tenemos el mejor sistema ferroviario del planeta, que tras una DANA homicida y unos incendios devastadores se aluda al liderazgo en políticas verdes e hidráulicas y que a un apagón masivo se responda con credenciales de red eléctrica puntera. Todo ello da la temperatura de una estrategia basada en la desvergüenza, pues el Gobierno sabe que el pueblo ha aprendido a convivir con ella como un mal irremediable, como la muerte.

En año y medio España ha sufrido catástrofes que en los telediarios siempre han ocupado noticias internacionales finales sobre Cuba o Pakistán. Sánchez nos previene: si finalmente se confirma que la vía de Adamuz se rompió tendremos que prepararnos para una realidad en la que una vía se rompe aunque haya pasado todos los controles y se haya hecho todo bien. El presidente, por pura conveniencia, nos pinta un mundo en el que se alteran ciertos códigos que hasta ahora lo regían. Esto es, que es imposible que un puente o un edificio colapsen porque detrás de su construcción hay un ingeniero haciendo cálculos y un arquitecto que trabaja en base a parámetros de seguridad. Por tanto, Sánchez quiere que nos acostumbremos a la posibilidad de que en un quirófano un cirujano nos seccione la aorta y muramos desangrados o de que los técnicos medioambientales no detecten alteraciones en la calidad del agua y estalle una epidemia de disentería.

De esta manera quedará para siempre proscrita la palabra “negligencia”: si las cosas pueden ir mal, ¿cómo vamos a ser culpables de que lo hagan? Si la mentira forma parte del mundo, ¿cómo vamos a reprocharle a un periodista que sucumba a su indignidad? Cuando Sánchez nos previene de que las vías de Adamuz se pueden romper aunque todo esté bien hecho, en realidad, con una premisa casi religiosa, está desviando la responsabilidad hacia ciertos designios insoslayables, el inconmensurable poder del azar, la incuestionable voluntad del Señor. Tenemos el mejor sistema ferroviario del mundo, amigos, pero, qué casualidad, qué desgracia, vivimos tiempos azarosos.

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