Senza un perché
Sergio Fernández Uceda
Rebobinar
Llevamos escasamente algo más de un mes en 2026 y seis borrascas de alto impacto han atravesado España. La última, denominada Leonardo, nos golpea estos días causando lluvias torrenciales y fuertes vientos que han ocasionado enormes daños por todo el sur de España, especialmente en las sierras de Cádiz y Málaga y el Campo de Gibraltar.
Si bien las fuertes borrascas son un fenómeno normal de la climatología mediterránea, su número e intensidad son agravados como consecuencia del cambio climático, según nos advierten una pluralidad de informes científicos. El cambio climático no sólo implica una tendencia de subida de las temperaturas medias o calentamiento global, sino una exacerbación de eventos climáticos extremos que golpean prácticamente a todo el planeta.
Prolongadas sequías y olas de calor sin precedentes (como hemos tenido en España el pasado verano) se combinan con períodos de lluvias intensas en la que llueve en unas horas o días lo que debería llover en meses. La lucha contra el cambio climático implica tanto esfuerzos importantes de mitigación como de adaptación. Es bien conocido que la mitigación es un esfuerzo hercúleo que debe ser global e implica una profunda transformación de los modelos de desarrollo económico y energético por lo que no debemos ser ingenuos y esperar una respuesta internacional en un futuro cercano, sino más bien, por el contrario, mientras Trump y sus secuaces detenten el poder, se darán pasos atrás en los próximos años.
Por todo ello, los esfuerzos de adaptación que pueden hacerse en escala regional o nacional son cada vez más importantes. Leonardo nos lo ha recordado con crudeza. Parece prioritario revisar las condiciones urbanísticas en zonas inundables con demoliciones si es preciso ante la inacción, desidia o complacencia institucional. Igualmente es necesario una fuerte inversión en las infraestructuras hidráulicas para que estén preparadas para estos fenómenos extremos que, además, se multiplicarán en el futuro en intensidad y frecuencia.
Reducir a cero los daños será imposible incluso con la mejor previsión, pero será necesario una decidida política de Estado para afrontar estos desafíos. No obstante, soy muy pesimista sobre esta posibilidad cuando el principal partido de la oposición está dispuesto a adoptar visiones terraplanistas por cortejar a un potencial aliado extremista para tener opciones de alcanzar el poder.
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