Desde el exilio
Enrique Mesa
Una Europa a dos velocidades
Mayo de 2025 ha sido el décimo aniversario de la llegada de Juan Franco a la alcaldía de La Línea. Un alcalde que al poco de llegar se enfrentó a la realidad de la ciudad: deuda, falta de recursos, de servicios públicos y la prensa volcada en mostrar a narcos que rescataban a narcos de hospitales o descargaban en playas abarrotadas a plena luz del día.
Un alcalde que llegó, hastiado de la falta de respuesta de los partidos tradicionales a los problemas de la ciudad, lanzando un vídeo reivindicando que por cada noticia mala de la ciudad había un linense mostrando su orgullo por ser de La Línea con una pulsera del Rincón Linense. Toda una declaración de intenciones. La ciudad estaba como estaba, pero no iba a estar peor.
Y podríamos decir que Juan Franco ha conseguido que dejemos de hablar de nóminas impagadas para que hablemos del precio de los nuevos puestos del nuevo Mercado de Abastos. Ha conseguido que dejemos de hablar del bordillo de Alejandro Sánchez a hablar de convertirnos en ciudad autónoma. Y ha conseguido que dejemos de ver el narcotráfico como un problema exclusivo de La Línea para verlo como uno mayor, que afecta a todo el sur peninsular y que está estrechamente vinculado con la falta de oportunidades y la dejadez a la que el Gobierno somete al Campo de Gibraltar y alrededores.
La Línea 100x100 no solo ha reformado la plaza de toros, construido un nuevo Estadio Ciudad de La Línea (Roldán, ese estadio merece estar en 1ªRFEF), asfaltado y peatonalizado calles (con solería más o menos acertada, todo sea dicho), o cambiado las bombillas de la mayoría de las farolas. Ha trasladado a Cádiz una nueva forma de hacer política, ni de izquierdas, ni de derechas, de La Línea. Quedan proyectos como el nuevo centro comercial del puerto deportivo, precios competitivos para los comerciantes del Mercado de Abastos que han sufrido el destierro al bulevar, la residencia de ancianos a la que la Diputación sigue resistiéndose, la nueva Comisaría de la Policía Nacional, los juzgados o algún uso para un hospital viejo salido de The Last of Us, entre otros. Falta mucho, pero hay un proyecto de futuro. Desde el exilio de esta Tribuna, lo único que pido a Juan es que siga trabajando por nuestra ciudad y que no caiga en las tentaciones y soberbia del último alcalde que nos ilusionó.
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