Campo Chico

Alberto Pérez de Vargas

Traidores de alta cuna

En mi primer encuentro con Madrid ya me topé con el monumento dedicado al general San Martín. Bolívar es otra historia; traidor a varios niveles y con mucho malo que contar

Monumento a San Martín, en Boulogne-sur-Mer, Francia. Monumento a San Martín, en Boulogne-sur-Mer, Francia.

Monumento a San Martín, en Boulogne-sur-Mer, Francia. / E. S.

Un amigo y copartícipe en algunas de mis inquietudes y pesares, me decía, a propósito de mi última "esfera" –la del pasado jueves− que así como podría echar de menos a Almanzor en el estatutario urbano de la tierra del gran político andalusí, que es la nuestra, echa muy de más a José de San Martín y a Simón Bolívar. Me explico: se trata de dos monumentales traidores que, sorprendentemente, gozan de una memoria e iconografía privilegiada a lo largo y ancho de nuestra geografía. Mi amigo vive en Cádiz y se topa con frecuencia con las estatuas ecuestres de estos dos personajes, idealizados ad libitum, que por ser tan grandes sus traiciones gozan del reconocimiento del país traicionado. Avenidas, plazas, glorietas y espléndidas estatuas ecuestres se confunden en el mobiliario y viario urbano de una buena parte de nuestras ciudades, dedicadas a estos dos españoles "malgre eux", que se autoinvistieron de libertadores de un territorio que era tan español como ellos.

En mi primer encuentro con el espléndido barrio universitario de Madrid ya me topé con el monumento dedicado al general San Martín. Sobre un caballo sostenido sobre sus patas traseras, el general parece estar llegando victorioso a alguna parte o tal vez animando a sus soldados a entrar en combate. Está en un sitio privilegiado, a la entrada de la Ciudad Universitaria, cerca de numerosos colegios mayores y del que lo fuera, de nombre José Antonio, y es hoy Rectorado de la Universidad Complutense. Esa zona es como una continuación del Parque del Oeste y pertenece al barrio de Argüelles, el de mayor tradición estudiantil de la capital. Ante aquella visión y en aquel sitio, traté de recordar la historia del personaje. Había nacido en la América española, en Yapeyu (hoy llamada San Martín en su honor), en Corrientes, Argentina, en 1778, en el seno de una familia procedente de la España peninsular; su padre, Juan, era Teniente Gobernador de Corrientes. Con seis años llegó a Madrid y, a los nueve, ingresó en el Seminario de Nobles, donde se educó en las disciplinas básicas.

Pronto, dos años después, a los once ingresó como cadete en el regimiento de Murcia y, enseguida, en 1791, con tan sólo trece años, recibió su bautismo de fuego en la campaña de África, concretamente en Melilla y en Orán. El ensayista argentino Norberto Galasso (Buenos Aires, 1936) describe con sus propias palabras lo sustancial de la vida de San Martín, antes de convertirse en "libertador" en América: “Yo serví en el Ejército español en la Península desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de Caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar.”

Con el otro "libertador", Simón Bolívar, no tuve tan pronta familiarización visual. Nada que ver, desde luego, con San Martín, que fue un traidor coherente. Éste volvió a Europa y acabó en Francia, donde vivió los últimos años de su vida bajo la protección y el sustento que le facilitó Alejandro María Aguado y Rodríguez de Estenoz, marqués de las Marismas del Guadalquivir (Sevilla, 1784 - Gijón, 1842), señalado afrancesado que terminó por nacionalizarse francés en 1828. San Martín murió en 1850, en Boulogne-sur-Mer, al norte de Francia. Toda una historia habría que contar acerca de su presencia en aquella bella localidad costera cercana a Calais, frente al Canal de La Mancha, que tanto sufrió en la Segunda Guerra Mundial. En esa ciudad, cerca del mar, también hay un monumento consagrado a San Martín, inaugurado el 24 de octubre de 1909. Fue enterrado en la cripta de la Capilla de Notre-Dame. Ahí estuvieron sus restos hasta que once años después fueron depositados en el cementerio de Brunoy (París) y finalmente, en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, el 28 de mayo de 1880.

Bolívar es otra historia. Traidor a varios niveles y con mucho malo que contar, habría que detenerse demasiado para poderlo hacer aquí y ahora. Pero hay mucha información a mano en la red. Un magnífico artículo de César Cervera en ABC (29.06.2018) cuenta muy bien lo esencial de las "traiciones y dictadura del auténtico Simón Bolívar: el millonario «español» que se hizo revolucionario".

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