La caca

27 de febrero 2026 - 03:08

Misa y misil tienen en común la etimología y resumen muy bien lo que somos como especie: credulidad y violencia. Recuerda el poeta Francisco Castaño la importancia de leer, escribir, mantener la curiosidad y la búsqueda para mantenerse despierto a cualquier edad y no dejarse llevar por nuestra tendencia constante a la barbarie o la inopia, que vale lo mismo.

Uno acostumbra a admirar nombres grandes, la cultura de los héroes, de los mejores... y al final se los encuentra olisqueando unas bragas sucias de adolescente, a cuatro patas escudriñando anos o yendo a cagar a sitios excepcionales propios sólo de una élite iniciada. La basura humana, los mismos que se ríen de quienes se disfrazan de animales... quizá porque ya lo son en el sentido peor. La Historia es una gran trola a posteriori en la que las bajezas peores se disfrazan de patriotismo o sentido de Estado, para que una falda o un calzón bajado se lo cargue todo.

Jepffrey Epstein era un gigantesco generador de información, para sí mismo, sin duda. Es de ilusos pensar que trabajaba por pederastia o mera riqueza, el control del poder agarrándolo por sus instintos más básicos es la técnica de inteligencia más antigua desde Dalilah. ¿Para quién trabajaba Epstein? ¿De quién tenía carta blanca para hacer su voluntad y por qué?... Sí, los poderosos degenerados (los pobres son iguales, algunos sin degenerar todavía), pero ese material de primera para controlar todo había de beneficiar a los servicios secretos de algún país asustado por las amenazas permanentes externas, y lo que puede ser un horror a compadecer podría convertirse a la defensiva en el monstruo peor.

Sí algo he aprendido es a no avergonzarme de mis funciones vitales. Sí: como, cago, meo y follo. Y no lloro porque me exigieron ser un “hombre” por desgracia. A Netanyahu y Trump en el óbito se les relajarán posiblemente los esfínteres, mejor no estar allí. Mis miserias corporales son mías, las muestro con quien puedo y quiero. Ser prisionero de ellas, de la impostura de ser mejor que los demás, es una vergüenza que determina la vida de miles, millones de seres humanos: el poder; algunos en su trono defecatorio temerán ser olidos, descubiertos en ridícula postura. Presidentes, reyes, próceres, filántropos, milmillonarios, dictadores, mafiosos, todos cagando o con el rabo erecto a punto de eyacular corriendo como pingüinos con los pantalones en los tobillos... eso es el ser humano y sus traumas.

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