EDITORIAL
El PP y Vox, obligados a entenderse
La dirección nacional del Partido Popular ha decidido tomar el control efectivo de las negociaciones con Vox que se llevan a cabo en Extremadura y Aragón para conformar gobiernos de mayoría en esas comunidades tras las elecciones que han tenido lugar en ambas. La decisión de Alberto Núñez Feijóo viene aconsejada por el bloqueo de la situación en Extremadura y la amenaza latente de que tuvieran que volver a repetirse los comicios. Es una decisión prudente. El PP se juega mucho en sus contactos con Vox y considerarlos una cuestión que trasciende el alcance regional es una muestra de coherencia. En esta postura también influye que el PP está obligado a tener un marco estable de relaciones con Vox de cara a las próximas elecciones generales y que en las autonomías no se puede estar al albur de que giros políticos locales den al traste con esa estrategia. La presencia de la dirección nacional debe dar fortaleza al partido y debe ayudar a configurar gobiernos estables que puedan durar toda la legislatura. Pero se equivocará el PP si esta actitud conlleva la aceptación sin más de premisas ideológicas impuestas por el partido de Santiago Abascal que están lejos del ideario humanista y liberal presente en la esencia de los populares. Cuestiones como la estigmatización de la inmigración, la violencia de género o la defensa del medio ambiente son muy delicadas y el PP se alejaría de su electorado si cede a las pretensiones radicales de Vox. Sin embargo, hay muchas materias en las que son posibles acercamientos que vayan en beneficio de los ciudadanos de las comunidades autónomas afectadas por estas negociaciones. En el marco nacional, cada organización debe mantener sus postulados ideológicos y pactar aquellos puntos en los que sea posible el acuerdo. Como se ha visto en las últimas elecciones regionales, existe una amplia base social que está representada por el PP y Vox. El acuerdo entre ambas formaciones es una exigencia de ese numeroso sector del electorado.
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