Vía Augusta
Alberto Grimaldi
23-F: más que una desclasificación
SEGUIMOS en el bucle del 23-F. ¿No están otros atrapados en la Guerra Civil? El golpe de 1981 tiene al menos la ventaja de que fue incruento, aunque ahora sabemos que los GEO estuvieron a punto de asaltar el Congreso, con la consiguiente balacera y carnicería. Lo que pretendemos hoy es volver al bulo histórico de que el rey Juan Carlos I estaba en el ajo golpista. Ese cuento que nos ha acompañado toda la vida para regocijo de conspiranoicos de toda condición. Los papeles ahora descalificados señalan que dicho bulo fue generado en los círculos de la extrema derecha. A los que llegamos a vivir aquel periodo, aunque fuese como niños de 12 años, no se nos escapaba el odio que en los sectores más involucionistas se le profesaba al monarca. A Juan Carlos I se le consideraba un traidor que había desmontado la obra del Caudillo. El desprecio era máximo, casi tanto como a Suárez. Sin embargo, esa misma derecha radical, cuando vio que el PSOE gobernaba sin quemar iglesias y respetando la propiedad privada, evolucionó sin grandes dramas hacia cierto monarquismo constitucionalista y se integró sin problemas en un PP que, con Aznar, se convirtió en la única referencia para ese espectro político (qué tiempos, dirá Feijóo). Fue un movimiento fundamental para el asentamiento de la democracia en España, a la altura de la aceptación de la monarquía por el PCE o el abandono del marxismo por el PSOE.
Pero el bulo del rey taimado y golpista que manipuló a todos para salvar su pellejo siguió adelante con una considerable mutación: dejó de difundirse en los salones de té de la derecha para anidar en las asambleas de la extrema izquierda. El objetivo era deslegitimar a la monarquía, para lo cual había que desmontar el relato de que la Corona, una institución heredada del franquismo, aunque votada por los españoles en el referéndum del 78, había alcanzado su legitimación plena ante el pueblo español con su valiente actitud ante los golpistas en la aciaga jornada del 23-F. No han sido pocos los intelectuales y políticos de izquierda que en los últimos años han insinuado (o directamente difundido) esta mentira histórica que ahora cae definitivamente y refuerza a la Corona en estos difíciles momentos. Y todo, hay que decirlo, gracias a Pedro Sánchez.
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