Un cortado
Alessio González
Vapear mata
La izquierda es una botella de agua que pesa más a medida que pasan las horas y que hoy solo sujeta Gabriel Rufián. Claro que la izquierda no es solo una botella de agua, sino dieciocho y media, y cada uno sujeta la suya. Eso es lo que quiere cambiar el republicano, que hoy te aguanta la botella como un maestro de Taichi y hace tres años te sacaba tres balas en el Congreso. Tiene Rufián madera de showman como un general estadounidense arengando a sus tropas antes de desembarcar en Iwo Jima, y tiene Rufián estatua de bronce en el chino de debajo de casa pues antes de la botella y las balas fueron unas esposas para Rajoy y una impresora para sacar papeletas ‘per la independència’. Anda tan sobrado de atrezo que si le sale mal lo del Frente Popular monta una empresa para las horas locas de las bodas y se forra.
El chiste es bastante recurrente: va un notas por la calle, le da una patada a una piedra y crea cinco partidos de izquierdas. Rufián, el de las 155 monedas de plata, opta hoy por el camino de las uniones porque Madrid, que importa casi todo de todos lados, exporta, en cambio, paradojas, y uno llega a la ciudad convertido en un caballo de Troya del independentismo y diez años después acaba diciendo que defiende los intereses de Algeciras. Viene Rufián a tratar de arreglar un problema secular e irresoluble y para ello saca una botella de agua, afirma que en un ángulo de 90 grados solo la puede sujetar sin que le duela seis horas y ahora le apodan el Bruce Lee de Santa Coloma.
La división de la izquierda, dice, hace que en unas elecciones esta tenga que conformarse con las migajas, y tiene razón, pero si la izquierda no fue capaz de ponerse de acuerdo ni cuando de verdad venían los fascistas difícilmente lo va a hacer ahora que asoma la patita un tipo de A Peroxa que canta en karaokes y dice Bruce Sprinter. “Yo no tengo putas ganas de que Abascal sea ministro del Interior”, dice Rufián. A muchos tampoco nos apetece. Claro que el listón lo marca Marlaska, que, como ha escrito David Mejía, en su día nos sorprendió que se metiese en política y hoy ya casi nos sorprende que haya sido juez. Lo de Rufián también es sorprendente. En su día fue el gran azote del procés y hoy le hace la publi a Cabreiroá.
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