Les prometí en mi artículo anterior que les terminaría de contar nuestro viaje por Canadá y Alaska. Si recuerdan, nos quedamos en Vancouver, la preciosa ciudad canadiense a orillas del Pacífico donde nos llamó la atención el alto porcentaje de población asiática. En 1858, el descubrimiento de oro en el río Fraser atrajo a muchos mineros procedentes de China, al igual que ocurrió en 1880 con la construcción del ferrocarril, que uniría el este y el oeste del país. Según datos de 2018, el 20% de la población de Vancouver tienen ascendencia china. Esta ciudad, con una enorme diversidad étnica y llena de vida, nos cautivó con su precioso e inmenso parque Stanley, que con sus 400 ha, hace de Vancouver una autentica ciudad verde.

Nuestra primera parada en Alaska fue en Juneau, la pequeña capital del estado donde pudimos visitar el glaciar Mendenhall y la bellísima catarata Nugget Falls de 115 m de altura que cae sobre un banco de arena directamente al lago Mendenhall. En esa misma zona tuvimos la oportunidad de pasear por el Bosque Nacional Tongass, un bosque húmedo de más de 60000 km cuadrados que atraviesa gran parte de Alaska y donde la abundante presencia de musgos y líquenes le confiere un aspecto casi irreal. Los días en que navegábamos nos aportaban momentos únicos para observar aves, ballenas, orcas, delfines, nutrias marinas y focas, lo que hacía de la travesía una autentica delicia. Nuestra siguiente etapa nos llevó a Skagway. Desde allí realizamos la ruta White Pass-Yukón hasta llegar a Carcross. Dicha ruta se realiza en un ferrocarril de vía estrecha que es un auténtico monumento histórico de ingeniería civil. Ligado en sus comienzos a la industria minera del oro, su construcción solo se realizó en 26 meses y supuso algo esencial para el transporte de pasajeros y carga en el Yukón. Este tren, hoy turístico, asciende a zonas de 900 m y su recorrido es una belleza ya que puedes contemplar, glaciares, montañas y cascadas. Especial mención merece el lago Bennett, de impresionante tamaño y que se extiende a lo largo de la frontera de la Columbia Británica (Canadá) y el Yukón (EEUU). Este lago es un destino favorito para los pescadores, tanto en verano como en invierno, cuando el lago se hiela.

El recorrido de nuestro barco por el Parque Nacional y Reserva de la Biosfera Bahía de los Glaciares nos acercó hasta el impresionante glaciar Johns Hopkins, magnifico, pero no único. El parque ocupa 13.287 km cuadrados, de los que 10.784 se consideran zona salvaje. Su bahía contienes 16 glaciares, doce de los cuales alcanzan el mar y se desprenden formando icebergs. El final de esta historia termina en Ketchican, la población del salmón, con visita a Misty Fjords con acantilados y fiordos escarpados con paredes de roca, que sobresalen del océano cubiertas de vegetación, además de espectaculares cascadas.

Nada mejor para el espíritu que una inmersión en la naturaleza como esta. Llegar de nuevo a Vancouver supuso ya nuestra vuelta a casa.

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