Sánchez se vuelve a enfrentar a sus fantasmas

A Sánchez le bastará con no perder tanto como los sondeos pronosticaban al principio para decir que ha ganado: veremos

El PP ha llegado al final de la campaña de las europeas con la sospecha de que, pese a ser el favorito en los sondeos, Pedro Sánchez salvará los muebles, una vez más, con un resultado discreto pero digno. Ocurre cada vez que se generan altas expectativas. Frente a la división en el bloque de la derecha, que aleja a los populares de una holgada victoria, el PSOE se ha hecho con el voto útil de la izquierda. Sánchez era consciente de que en el terreno del centro izquierda no le iba a resultar sencillo convencer a los moderados en un ambiente tan crispado. Pero con su relato más populista ha logrado atraer al personal más militante hacia su partido, según las encuestas, como la alternativa más viable para frenar al fantasma de la ultraderecha, logrando zamparse a Sumar y lo que quede de Podemos.

Sánchez se mueve mejor que sus rivales en terreno pantanoso, haciendo de la necesidad virtud. En cambio, al PP de Feijóo la campaña se le hizo eterna. Cuantos más puntos le ofrecen los sondeos, más errores no forzados comete. Hay demasiados portavoces en su formación. Esto genera confusión y ensombrece su liderazgo. Y lo peor es que algunos restan cada vez que tienen un micrófono delante. Pero éste no es el mayor de sus problemas: los populares ya no saben qué tendría que suceder para arrebatarle el poder a su eterno rival. El caso Koldo apenas ha salpicado la imagen de los socialistas. El voto de castigo por la amnistía se daba por descontado antes de que se aprobara. Sánchez ha sacado tajada hasta de las sospechas que se ciernen sobre su esfera más íntima. Tras la investigación judicial a su esposa, ha convertido el caso en uno de los ejes de su campaña: o con nosotros o con la ultraderecha y los periodistas y los jueces más perversos del planeta. Ahí quedó eso. Por increíble que parezca, tampoco le ha desgastado el numerito de su retiro espiritual para decidir si le merece la pena continuar, cuando ya sabía que investigarían a su mujer. Ya ni siquiera lo erosionan las críticas de Felipe con su aire de senador romano y las de tantos otros notables líderes socialistas como Guerra y Lambán y el propio García-Page, huérfanos de un partido que les represente con un proyecto sólido de país. Lejos de la autocrítica, decenas de cargos históricos del partido en Andalucía, contagiados por un pelín de sectarismo, le muestran adhesión inquebrantable, aunque desde la clandestinidad, como hace medio siglo. Ya es casualidad que Sánchez también elija estos días, a raíz de la investigación de su mujer, para reconciliarse con antiguos dirigentes del PSOE andaluz. Que ahora diga que también sufrieron el vil ataque de la derecha y la ultraderecha y algunos jueces no deja de tener su gracia, cuando en diez años no tuvo un gesto hacia ellos. Bienvenida sea la reconciliación. Y esta noche veremos quién sonríe el último. A Sánchez le bastará con no perder tanto como se temía al principio para decir que ha ganado.

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