Me da que Argentina se está convirtiendo estos días en una especie de Ciudad de Dios multiplicada y que cada una de las urbes de sus provincias está siendo víctima de endógenos Zé Robertos, Benés y Dadinhos.

No es que las favelas se sustituyan por arrabales ni por la podredumbre barrial. Es en los corazones de Rosario, Buenos Aires y Córdoba donde ya pisan fuerte grupúsculos de potenciales delincuentes dispuestos a todo, obsesivos imperiosos del poder y el alardeo, que tienen pisos 'supermercado' donde guardan, administran y venden la mercancía.

Es comparable la chulería y la autoridad que desprenden estos clanes a la del niño que lleva el balón al colegio, siempre dueño y señor de la cancha: "Es penalti". "¿Qué dices? No es penalti. ¡Eres un fullero!". "Haber traído tú el balón, te jodes".

Unos criminales que acuden a las fiestas con dedo en gatillo por si hay bronca y que inundan las salas de un olor a terror que echa para atrás. Todo son miradas esquivas y chismorreos temblorosos cuando aparecen: "Ese, ese pibe le robó el otro día cincuenta a los de La Boca". "¿Qué decís? Es imposible, si no hay". "Sí, su viejo es el mayor quiosquero de Comuna 4 y se colaron en su casa cinco o seis de La Paternal". "No me lo creo". "Que sí, carajo, que te digo que tiene a Messi cincuenta veces".

Argentina vive una crisis sin precedentes. No hablo del círculo vicioso y caótico de su economía ni de que hace dos semanas casi le maten a la Kirchner. Coincidiréis conmigo en que esto es más grave. Por algún oscuro y pérfido motivo hay desabastecimiento de cromos del Mundial de Qatar. Faltan dos meses para que empiece la competición, el argentino quiere completar el álbum antes y se está liando parda porque he echado ácido clorhídrico encima de sulfato de sod… Perdón.

El caso es que se están reventando quioscos a pedradas al grito de ¡que solo me falta Alireza Jahanbakhsh de Irán, hijo de las remil putas! porque no hay sobres que vender y la especulación económica está a la orden del día. Al asunto se le ha puesto ya cara de emergencia nacional. El martes se reunió el Gobierno con las asociaciones de quiosqueros y con Panini. Es un tanto utópico, pero me gusta imaginarme al secretario de Comercio agarrando de la pechera al representante de Panini porque lleva cinco días durmiendo en el sofá y tiene al niño con un disgusto que ni en la Polonia del 42.

Ese furor por los cromos, no os miento, me emociona. Yo también me he sentido un poco argentino cuando me faltaba el último fichaje de "Últimos fichajes" del álbum de la temporada. Recuerdo ese cabreo de no me hables, no me toques, por no conseguir a Faubert. Ay, Faubert… hasta por él merecía la pena iniciar una revolución.

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