Al sur del sur

Javier Chaparro

jchaparro@grupojoly.com

Gibrexit, un reto compartido

La parte más compleja será lograr la "nivelación fiscal" entre ambos territorios y acabar con la opacidad de las miles de empresas del Peñón

La próxima semana se hará público el mandato aprobado por la UE para iniciar las negociaciones con Reino Unido sobre Gibraltar, en concreto, para fijar el marco de relaciones de la colonia con los 27 estados miembros y su adecuación al esquema normativo de la Unión. El documento, en el que los socios europeos han venido trabajando desde comienzos de año, desarrolla el principio de acuerdo alcanzado la Nochevieja de 2020 entre Bruselas y Londres y marca tanto las materias objeto de diálogo como las líneas rojas que los negociadores no deberán cruzar. Gibraltar es una más de las múltiples fronteras exteriores de Europa y, en un continente tan amplio y con una casuística tan variada, las excepciones no pueden convertirse en norma.

Lograr el consenso no será sencillo teniendo en cuenta la carrera de obstáculos a la que hemos asistido en los últimos cinco años, desde la celebración del referéndum del Brexit. El objetivo final de la negociación es la creación de un "espacio de prosperidad compartida", un bonito eslogan con marchamo publicitario al que hay que dotar de contenido para permitir una relación de equidad entre las dos partes, el Campo de Gibraltar y Gibraltar. Las autoridades del Peñón deben ser conscientes de que su pertenencia a los 27, por la vía de la asimilación indirecta del acuerdo de Schengen, comporta lealtad y cooperación en todas las materias.

La consecuencia más visible de haber acuerdo sería la desaparición de la Verja, del puesto de control aduanero tal y como lo conocemos hoy en día. No cabe duda de que eso facilitaría el tránsito de personas y vehículos y acabaría con engorrosos trámites administrativos, pero para que esa frontera se difumine será necesario desplazarla al puerto y aeropuerto llanitos. Allí deberá haber presencia policial española al ser nuestro país el garante ante la UE de esa nueva frontera exterior. Se podrá discutir el cómo y hasta el cuándo, pero no el qué.

Aún queda mucho por avanzar. Se han dado pasos en materia de cooperación policial, como lo demuestran algunas acciones contra el narcotráfico, pero queda, sin embargo, un amplio margen de mejora en el ámbito del contrabando de tabaco o en la defensa del medioambiente. Como botón de muestra quedó el bochornoso incidente del pasado mes de febrero, cuando dos patrulleras la Royal Navy hostigaron durante media hora a una embarcación de Salvamento Marítimo cuando acudía a controlar con barreras de contención una mancha contaminante en la Bahía de Algeciras.

La parte más compleja será lograr la "nivelación fiscal" entre ambos territorios, con el objeto de poner fin al dumping que en esa materia ejerce desde hace décadas el Peñón, y acabar con la opacidad de las miles de empresas domiciliadas en la Roca, dos aspectos cruciales que afectan a la base de la próspera economía de la colonia.

El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, tiene el reto de mantener en lo tocante a Gibraltar la firmeza y el tacto exhibidos por su antecesora, Arancha González Laya. Buena parte del futuro del Campo de Gibraltar se decidirá en estos meses.

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