El tiempo
Avisos naranja y amarillo para este domingo

Y menos mal que el gigante de Guadalcacín sigue dormido

Los vecinos que sufren el desbordamiento del río Guadalete miran de reojo a un embalse de Guadalcacín que por ahora aún ve lejano repetir su desembalse histórico de 2013

El 'mar interior' continúa llenándose estos días a pasos agigantados y ayer ya se encontraba al 82%

Desembalse histórico en Guadalcacín

El embalse de Guadalcacín, cuando empezó a aliviar agua en abril de 2013 al llegar al 98% de almacenamiento. Ayer estaba ya al 81% / Ramón Aguilar
Francisco Sánchez Zambrano

08 de febrero 2026 - 06:00

La angustia no para de crecer entre tantas cientos de familias que desde hace varias semanas están viendo cómo sus viviendas, sus campos y sus negocios son tragados literalmente por las aguas en ese tramo final del río Guadalete que arranca en la pedanía arcense de la Junta de los Ríos y que, tras atravesar un sinfín de enclaves rurales del gigantesco término municipal de Jerez, se encuentra cara a cara con la Bahía de Cádiz cuando llega a su desembocadura mítica en El Puerto de Santa María.

A todos esos vecinos afectados les faltan ojos para mirar al río, que no para de aumentar su caudal, al cielo, que no cesa de llorar, a lo que está cayendo en la Sierra de Grazalema, que les llega directamente a ellos apenas una horas después, y a los borbotones de agua que se están desembalsando –porque no hay más remedio, que la seguridad es la que manda– en los embalses de Bornos y de Arcos. Toda esa agua, una cascada tras otra, un mar tras otro, confluye allí, en el tramo final del Guadalete, para desgracia de muchos. Pero como siempre hay que encontrar una luz entre tanta oscuridad, al menos todos estos afectados encuentran un consuelo cuando constatan que el gigante sigue aún dormido, tendido plácidamente sobre el lecho del río Majaceite y que, pese a todo el estruendo que hay estos días a su alrededor, no tiene pinta de que vaya a despertarse. Al menos de momento.

Hablamos, claro, del macroembalse de Guadalcacín, aquel mastodonte que terminó de construirse en el año 1993, que entró oficialmente en funcionamiento dos años después y que, con una capacidad que supera los 800 hectómetros cúbicos, es con mucha diferencia el embalse más grande de la provincia de Cádiz y el segundo de Andalucía, sólo superado por el de Iznájar, en la provincia de Córdoba.

Guadalcacín no está desembalsando agua, afortunadamente, y es poco probable que lo haga a corto plazo. Porque aunque no para de ganar agua a pasos agigantados –entre lo que le llega de las intensas lluvias caídas estas semanas en su cuenca de recepción y lo que le entra por la cola procedente de los desembalses continuos en el pantano de Los Hurones– aún tiene margen de actuación. Ha superado ya el 82%, es verdad, pero ese 18% que le resta para tener que aliviar es muchísima agua. Y ese es el consuelo que le queda a todos los enclaves rurales que sufren estos días la tiranía del Guadalete en ese afán que le ha entrado al río gaditano por antonomasia de expandirse para querer conocer mundo.

El mapa hidrológico de la provincia de Cádiz es muy fácil de explicar porque tiene forma de una y. El punto en el que confluyen los tres ramales es la Junta de los Ríos y el palo inferior es precisamente el tramo final del Guadalete, desde este enclave rural arcense hasta su desembocadura en El Puerto. El ramal derecho de esa y es el que ha acumulado todo el protagonismo en estos días porque es donde se acumula todo el agua que está cayendo en la Sierra de Grazalema y que a través precisamente de ese río Guadalete pasa por el pantano de Bornos y por el de Arcos para llegar luego hasta la Junta de los Ríos. Y el ramal de la izquierda de esa y es el río Majaceite, que recibe primero el agua que llega por el trasvase del Guadiaro –estos días está cerrado– y que va surtiendo primero al pantano de Los Hurones, que es el que da de beber a tres cuartas partes de la provincia de Cádiz, y más abajo a ese gigante que es Guadalcacín, con sus impactantes 104 kilómetros de longitud de costa, es decir el perímetro del embalse, o los 25 kilómetros que hay de distancia desde la presa hasta la cola del pantano.

El mar interior, como le llaman los lugareños, ya sabe lo que es soltar agua. En sus 30 años de funcionamiento sólo lo hizo una vez, en abril de 2013, y todo ese excedente se dejó notar, y de qué manera, en el Jerez rural.

Aquel acontecimiento fue histórico. Lo que parecía un imposible, que Guadalcacín abriera algún día sus compuertas, empezó a ganar cuerpo tres años antes, cuando en marzo de 2010, en otro año de intensas lluvias y cuando su nivel de almacenamiento se acercaba al 90%, la Consejería de Medio Ambiente empezó a poner frenos a su llenado constante, ralentizando el trasvase del Guadiaro al Majaceite y bajando el nivel de desembalse en Los Hurones. Pero en abril de 2013 ya no hubo más remedio que abrir el grifo.

Miércoles 3 de abril de 2013. Esa fue la fecha histórica en la que Guadalcacín desembalsó por primera vez para expectación de muchos curiosos a los que les faltó tiempo para acercarse a esta infraestructura hidrológica para captar el momento. Curiosamente el desembalse de Guadalcacín no tiene nada de espectacular, sobre todo porque, a diferencia de la mayoría de los pantanos gaditanos, carece de compuertas superiores. Así que de salto espectacular del agua, nada de nada. Tiene, eso sí, dos aliviaderos superiores que, en caso de abrirse, permitirían que cayeran sendas láminas de agua de manera regulada y pacífica, pero ni eso pudo visualizarse aquel 2013 porque los responsables de la presa y de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta optaron por abrir los dos gigantescos conductos de desagüe inferiores que tiene. Nunca se abrió ese grifo al máximo, que sería de hasta 50 metros cúbicos de agua por segundo, pero sí se llegó a los 15 o hasta los 20 metros cúbicos. Y la operación se prolongó prácticamente durante un mes, en previsión de que pudiera llover más en lo que quedaba de primavera.

Guadalcacín es un fiel reflejo de aquello que se dice de que los años de lluvias y de sequía son cíclicos. Porque tras aquel episodio de abril de 2013 empezó una época de vacas flacas que llegó a su cénit en octubre de 2023, cuando tras años de escasísimas precipitaciones el mar interior se quedó en un raquítico 19% de almacenamiento. Fue ahí cuando salieron a la luz los restos del primitivo embalse de Guadalcacín I, con su antiguo Puente Picao como estructura más emblemática.

El embalse de Guadalcacín, fotografiado en octube de 2023, cuando tenía un raquítico 19% de almacenamiento por culpa de la sequía. / Julio González

Desde entonces o, para ser más precisos, desde la Semana Santa de 2024, Guadalcacín ha ido recuperándose, sobre todo en las últimas semanas. Ahí van algunos datos significativos: hace ahora un año este embalse estaba al 22,8% (sólo tenía 183 hectómetros cúbicos), el pasado 26 de enero estaba ya al 51,57% (411 hectómetros cúbicos), el pasado lunes 2 de febrero ya había subido al 64,75% (518 hectómetros cúbicos) y ayer por la noche ya superaba el 82% al almacenar 657 hectómetros cúbicos de agua. Es decir, que en apenas 13 días ha ganado la burrada de 246 hectómetros cúbicos, mucho más que la capacidad total de Los Hurones. Y lo que falta por seguir entrando.

Resumiendo, que aún hay un margen de unos 140 hectómetros cúbicos hasta que los responsables de la presa empiecen a sopesar la opción de tener que abrir esos conductos inferiores de Guadalcacín. Parecía poco probable, pero viendo lo que estamos viendo en las últimas semanas ya nada se puede dar por descartado. De momento el gigante sigue dormido. Nadie quiere que se despierte pero sigue lloviendo y el agua le puede salpicar en la cara.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Historias de Cádiz-Herzegovina | Capítulo 55

Chiclana, 2007: Donde más escuece a los socialistas (primera parte)

Lo último