EEUU acelera su despliegue militar hacia Oriente Medio y el estrecho de Gibraltar vuelve a ser el epicentro del pulso con Irán
El petrolero Kanawha cruza el Estrecho mientras el portaaviones nuclear Gerald R. Ford se dirige al Mediterráneo para reforzar un operativo sin precedentes en dos décadas
La base naval de Rota se prepara para un despliegue militar sin precedentes de Estados Unidos mientras crece la tensión con Irán
El estrecho de Gibraltar vuelve a situarse en el tablero geopolítico mundial. A primera hora de este 22 de febrero, el buque de reabastecimiento USNS Kanawha ha cruzado sus aguas rumbo al Mediterráneo en medio del mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Medio de los últimos veinte años.
La imagen no es aislada. En la madrugada han seguido llegando a Europa aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, dentro de un puente aéreo masivo destinado a trasladar sistemas de defensa antiaérea, munición y apoyo logístico hacia bases estratégicas de la región. El mensaje es claro: Washington acelera movimientos mientras las negociaciones nucleares con Teherán avanzan entre amenazas y líneas rojas.
Un petrolero clave para sostener operaciones de combate
El Kanawha no es un buque cualquiera. Se trata de un petrolero de la clase Henry J. Kaiser, botado en 1990 y activo desde 1991, especializado en el reabastecimiento en alta mar. Su misión es transferir grandes volúmenes de combustible a barcos y aeronaves sin que abandonen sus zonas de patrulla.
Operado por el Military Sealift Command, su presencia anticipa algo más que un tránsito rutinario: estos buques son esenciales cuando se preparan operaciones prolongadas. Sin combustible en el mar, ningún grupo de combate puede sostener campañas aéreas continuadas.
El gigante nuclear que ya navega hacia Suez
Hace apenas dos días, el mayor y más moderno portaaviones de la Armada estadounidense, el USS Gerald R. Ford, cruzó también el Estrecho rumbo al Mediterráneo oriental.
Procedente del Caribe —donde había sido desviado a finales de 2025 para apoyar operaciones vinculadas a la crisis de Venezuela—, el buque navega ahora hacia el canal de Suez para incorporarse al área de responsabilidad del Mando Central estadounidense (Centcom).
Su objetivo es reforzar al USS Abraham Lincoln, desplegado en aguas próximas a Irán desde enero. La presencia simultánea de dos grupos de portaaviones permitiría mantener campañas aéreas sostenidas y reforzar la protección de las rutas energéticas del golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.
El mayor despliegue en más de dos décadas
El refuerzo naval forma parte de un movimiento mucho más amplio. Decenas de aviones cisterna, más de medio centenar de cazas adicionales y unidades de escolta —destructores, cruceros y submarinos— han sido enviados en las últimas semanas hacia Oriente Medio.
Según medios internacionales y fuentes del Pentágono citadas por la prensa estadounidense, el puente aéreo de la USAF ha continuado durante la noche trasladando activos de defensa aérea y municiones a la región, en lo que analistas militares califican como una preparación para escenarios de alta intensidad.
En paralelo, la base naval de Rota se prepara para movimientos logísticos de gran envergadura, lo que refuerza el papel estratégico del Estrecho como paso obligado entre el Atlántico y los teatros de operaciones del Mediterráneo oriental y el mar Rojo.
Diplomacia bajo amenaza
Todo este despliegue coincide con nuevas negociaciones nucleares entre Washington y Teherán. Ambas partes han celebrado dos rondas indirectas de conversaciones bajo mediación de Omán en Mascate y Ginebra. Aunque han hablado de “avances”, las diferencias siguen siendo profundas.
Irán considera innegociable su programa de misiles y su apoyo a milicias regionales como Hizbulá y Hamás, mientras que Estados Unidos quiere incluir estos puntos en cualquier acuerdo. Sobre el programa nuclear, Teherán acepta discutir limitaciones, pero rechaza el enriquecimiento cero que exige Washington.
El presidente estadounidense Donald Trump ha advertido que, si no hay pacto en un plazo de entre 10 y 15 días, podría ordenar un ataque limitado. En caso de fracasar la diplomacia, ha afirmado que ocurrirán “cosas malas” para la República Islámica.
Las autoridades iraníes, por su parte, han respondido que cualquier agresión desencadenaría una guerra regional con ataques contra bases estadounidenses en Oriente Medio.
En Irán, la posibilidad de un conflicto ha pasado a ser tema central de debate público. La población vive entre la esperanza de un acuerdo y el temor a una escalada.
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