APM y Maersk, un panorama no tan sombrío en Algeciras

Al sur del Sur

La primera regla del manual de comunicación institucional indica que, si una empresa no habla de sí misma, siempre habrá quienes lo hagan por ella

La actividad en APM Terminals crecerá en Algeciras en 2025 pese a la deslocalización de rutas de Maersk a Tánger-Med

La terminal de APM en el Puerto de Algeciras.
La terminal de APM en el Puerto de Algeciras. / E. S.

Algeciras/La primera regla del manual de comunicación institucional indica que, si una empresa no habla de sí misma, siempre habrá quienes lo hagan por ella. Y posiblemente lo harán en términos poco elogiosos, desde los haters profesionales a las firmas de la competencia, pasando por los agoreros de espíritu inquebrantable. Sobre esa base, la comunicación interna y externa son prioritarias para las empresas que tratan directamente con sus clientes finales o que venden sus productos bajo su marca. Los fabricantes de coches, de ropa, las cadenas de grandes almacenes, los supermercados, todos, sin excepción, desarrollan políticas de comunicación tanto interna como externa destinadas, dicho sea a grandes rasgos, a proyectar su imagen y a defenderla ante posibles amenazas.

Esta cultura de la comunicación institucional no está tan arraigada en otras muchas empresas, que entienden que su rentabilidad no depende de forma directa de la opinión que los ciudadanos tengamos de ellas al no ser sus clientes finales. Les ocurre con frecuencia a los productores y transformadores de lo que llamamos commodities, como los minerales, la energía o los productos agrícolas, que se venden y compran en grandes cantidades y cuyo prestigio, sin una etiqueta de marca concreta, queda muchas veces a salvo de las crisis de reputación. Pero no siempre es así. En más de una ocasión, estas firmas y otras muchas observan cómo su cartera de clientes y/o el valor de sus acciones se desploman por un bulo que recorre las redes sociales, una noticia negativa de la que se ha hecho eco la prensa o una interpretación tergiversada de un hecho. Tanto da.

El pasado 12 de enero, un escueto comunicado de Maersk, en el que la compañía daba cuenta del traslado de Algeciras a Tánger-Med de la ruta que une Oriente Medio e India con Estados Unidos, unido a la desaparición ya prevista de la Asia-Mediterráneo, generó a este lado del Estrecho y más allá una polvareda de dimensiones colosales. Pese a que el presidente del Puerto de Algeciras, Gerardo Landaluce, con buen criterio, subrayase pasadas unas pocas horas que existen alternativas para compensar esa pérdida de tráficos, las alertas saltaron en las patronales del sector y también a nivel político.

Maersk, entretanto, argumentaba como gato panza arriba que su decisión obedecía a razones meramente logísticas, pero solo algunos quisieron escuchar sus argumentos. La dificultad de explicarse y de hacerse entender en una materia tan compleja y con tantos intereses cruzados hacía imposible parar la ola inicial, que continuaba creciendo.

Hoy, en Europa Sur, Alberto Rodríguez explica al detalle que los muelles de APM en Algeciras, filial de Maersk en tierra y de la que es su principal cliente, espera aumentar sus tráficos en 2025 un 4,6% gracias al despliegue de la nueva alianza Gemini entre la naviera danesa y la alemana Hapag-Lloyd. Este acuerdo llevará a los muelles de Algeciras nada menos que ocho nuevos servicios y compensará sobradamente la deslocalización de rutas de Maersk a Tánger-Med.

Con esta nueva perspectiva, el panorama para el Puerto de Algeciras deja ser tan sombrío como se pintaba. Que cada cual saque sus conclusiones.

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