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Chalet D'Amato en La Línea de la Concepción: 'Start me up'

El territorio y sus signos

Concebido inicialmente como residencia privada, su construcción supuso un cambio radical en las claves de representación social de la época y constituye un episodio importante de la introducción de la arquitectura moderna en La Línea

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Vista general del chalet D'Amato, en La Línea. / Manu Romero

"Cómo es verdaderamente la ciudad bajo esta apretada envoltura de signos, qué contiene o esconde"

('Las ciudades invisibles'. Italo Calvino)

En 1939, la familia D'Amato, destacada por su participación en la economía transfronteriza con Gibraltar, quiso disponer de una vivienda unifamiliar de prestigio en La Línea de la Concepción. Para ello confió en el arquitecto Eligio Fernández Quiñones, cuya práctica profesional había transitado del eclecticismo decimonónico a los principios del racionalismo moderno.

La vivienda que ideó es testimonio de este desplazamiento estilístico. Arquitectónicamente, se caracteriza por su juego de volúmenes prismáticos, la regularidad geométrica de sus fachadas -que rechazan la ornamentación superflua- y la sustitución de las tradicionales cubiertas inclinadas por cubiertas planas. El racionalismo, junto con la corriente futurista italiana, un movimiento de vanguardia de principios del siglo XX, influye en su voluntad de claridad compositiva. La planta del edificio tiene como eje de la distribución el vestíbulo y la escalera. Desde este núcleo central se organizan los distintos ámbitos de la vivienda según una lógica funcional clara, que separa y jerarquiza los usos. Las estancias principales se disponen con una relación directa con el exterior, mientras que los espacios de servicio y circulación se integran en una estructura ordenada que garantiza la fluidez. Esta organización evidencia una concepción moderna del habitar, basada en la racionalización del programa y la precisión geométrica del trazado.

El chalet se sitúa en la calle Clavel, en un sector urbano de tejido heterogéneo donde coexisten viviendas históricas y desarrollos posteriores. En este entorno, el chalet destaca por su posición retranqueada, su escala intermedia y su apariencia depurada; estableciendo un diálogo con el espacio público circundante desde una lógica de orden.

Detalle de varias de las ventanas y un balcón. / Manu Romero

El edificio mantuvo el uso residencial hasta finales del siglo XX. Fue objeto de transformaciones interiores que alteraron la pureza de la geometría y su organización espacial, pero no afectaron a la identidad arquitectónica que le otorgaba su volumetría exterior. El cambio de siglo lo abordó con signos de abandono generalizado, presentando un estado de conservación irregular, con deterioros materiales y patologías que comprometían su uso. Con el nuevo siglo se abrió una oportunidad para su rehabilitación. Fue entonces cuando la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), con la colaboración del Ayuntamiento local, inició los trámites para reutilizar el edificio como sede académica y cultural de la institución en el Campo de Gibraltar, estableciendo en él una programación estable de cursos, conferencias y actividades científicas y ciudadanas.

El proyecto de rehabilitación del Chalet D'Amato para adaptarlo a la nueva función de centro académico fue redactado en 2001 por los arquitectos Víctor Cobos y Mario Ortiz. Las obras se iniciaron en 2002 y finalizaron en 2003.

La intervención en el edificio se basó en restaurar la lógica racionalista original. Esto implicó eliminar adiciones inapropiadas y recuperar la claridad volumétrica y espacial del edificio. En consecuencia, se eliminó gran parte de la compartimentación interior, manteniendo la apariencia exterior del edificio, para lo que se consolidó su volumetría prismática y la planeidad de las fachadas; restableciendo la modulación y regularidad de sus huecos. La reorganización espacial, con la que crear las estancias necesarias, se confió a un esquema ortogonal claro. La relación entre espacios llenos y vacíos se recalibró para optimizar la iluminación natural y la ventilación cruzada, manteniendo al mismo tiempo una coherencia con los valores geométricos originales. La planta baja se diseñó como un espacio polivalente para recepción, acceso y actividades adaptables mediante tabiques móviles. Las plantas superiores albergaron oficinas, aulas y áreas de apoyo. El jardín perimetral se replanteó como extensión exterior de las actividades académicas y sociales. Los sistemas técnicos de iluminación, climatización y audiovisuales se integraron discretamente, priorizando el confort y la flexibilidad sin comprometer la claridad espacial.

Detalle de la estructura del ascensor. / Manu Romero

Para garantizar la accesibilidad universal del centro se instaló junto al edificio, en el jardín, un ascensor independiente que conectaba sus plantas. Este nuevo volumen prismático en el conjunto, resuelto con una nueva materialidad -mínima estructura metálica vista y amplios cerramientos de vidrio laminado al ácido-, evoca una especie de fanal o faro urbano contemporáneo: un elemento de aviso y orientación que permite a la ciudadanía la localización del centro público que es ahora el edificio. La materialidad industrial de esta adición contrasta con las fábricas blancas y superficies lisas que caracterizan el estilo racionalista del edificio, estableciendo un diálogo entre tiempos, pasado y presente, que hace que lo añadido sea fácilmente distinguible de lo conservado. Las actuaciones materiales restantes combinaron la restauración meticulosa, conservando pavimentos y carpinterías originales siempre que fue posible, y la reposición de estos elementos con soluciones compatibles cuando no lo fue. La recuperación del jardín del edificio como espacio público de transición, sirviendo como antesala con la calle, y la visibilidad del volumen del ascensor intensificaron la relación entre el edificio y la ciudad.

En definitiva, el Chalet D'Amato constituye un episodio importante de la introducción de la arquitectura moderna en La Línea de la Concepción y, por extensión, en el Campo de Gibraltar. Concebido inicialmente como residencia privada, su construcción supuso un cambio radical en las claves de representación social de la época. En lugar de recurrir a lenguajes historicistas para transmitir prestigio y estatus se adoptaron los códigos de la arquitectura racionalista, donde la claridad compositiva, la funcionalidad y la economía formal sustituyen al ornamento como medio de expresión.

Un signo en el territorio, el de la modernidad arquitectónica que, con años de retraso, comenzaba por fin a abrirse camino. Y lo hacía impulsada no por la iniciativa pública, con el fin de modernizar el funcionamiento de lo colectivo, sino por la voluntad privada de proyectar desde el ámbito doméstico una imagen de contemporaneidad. Un signo que, merced a una enérgica puesta en marcha que lo arrancó de años de abandono, sustituyó el uso privativo del pasado por un uso público en el presente, sin traicionar su coherencia arquitectónica. Reanimándolo con una nueva vida funcional como equipamiento cultural y académico abierto al territorio, una energía extra que se expresaba en el nuevo volumen del ascensor, con el que la ciudad volvía a ver vivo y a situar en su escenario a uno de sus elementos arquitectónicos más notables.

Lamentablemente, el Chalet D'Amato se encuentra cerrado en la actualidad a causa de su deterioro. Para que la vida de este patrimonio moderno no siga detenida es imprescindible que suene nuevamente Start me up de los Rolling Stones en el número 73 de la calle Clavel, con el mismo volumen, al menos, con que lo hizo a comienzos de este siglo.

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