Enciclopedia de La Línea Personajes ilustres, famosos y populares (V)

Pilar Ortega, durante su etapa como vecina de La Línea, junto a Pepe Villalba. Pilar Ortega, durante su etapa como vecina de La Línea, junto a Pepe Villalba.

Pilar Ortega, durante su etapa como vecina de La Línea, junto a Pepe Villalba. / E. S.

La Enciclopedia de La Línea recoge en el tomo III las biografías de 329 personajes linenses o muy vinculados a la ciudad. Están representados casi todos los estamentos y profesionales. Contiene historias de literatos, pintores, docentes, sacerdotes, médicos, cantaores, cantantes, bailaores, compositores, músicos y toreros, además de psicológicos, locutores, deportistas y actores.

Pilar Ortega y Amalia Galván (Artistas)

Aunque estas dos grandes artistas no fueron nacidas en La Línea, terminaron residiendo en la ciudad. Pilar Ortega y Amalia Galván, conocidas en el mundo del espectáculo como Blanca Azucena y su Botones, vivieron sus últimos días en una modesta vivienda de la calle Gibraltar de La Línea. Allí residían casi olvidadas por todos dos simpáticas ancianas que en el pasado fueron famosas artistas del teatro de varietés en toda España.

Se trataba de Blanca Azucena y su Botones, dos artistas que durante más de 50 años ocuparon la gloria y la fama en el mundillo del teatro. Recluidas en una casita humilde, pero reluciente de blanca cal y alegre por fuera, vivían estas artistas de las que siempre había escuchado hablar a nuestros mayores. De los éxitos que lograron en todos los teatros de España y algunos del extranjero esta encantadora pareja artística formada por Pilar Ortega Claramunt (Blanca Azucena) y Amalia Galván Cordero (Botones, a su vez cuñada de Ortega).

Pilar Ortega Claramunt nació en Madrid el 3 de abril de 1891, en el número 80 de la calle de Alcalá, y fue bautizada en la Iglesia de los Jerónimos. Hija de un agente de bolsa, conoció una niñez de bienestar económico hasta que tras la muerte de su padre y luego la ruina familiar tuvo que abandonar el colegio y buscarse un trabajo para atender las necesidades de la casa.

Tenía 12 años cuando se presentó en el teatro Romea de la calle Carretas, del que era empresario el Marques de Santa Cruz. La admitieron en su espectáculo, le asignaron un sueldo de tres pesetas diarias, un vestido de paje y otro blanco con muchas lentejuelas y gasa, traje del que le vino su nombre artístico. “Te llamarás Blanca Azucena“, le dijeron, y con ese nombre se quedó para siempre. Eso ocurría por el año 1903. Del Romea pasó a un cine de la Plaza del Callao, donde actuaban artistas de variedades y de allí le vino un contrato para Alicante. El sueldo era de 20 pesetas, muy pronto sería de 50 y de 75 hasta alcanzar las 100 pesetas. Ya entonces se había puesto de relieve el genio artístico de “Blanquita”. En su fulgurante carrera artística, actuó en Barcelona y salió fuera de la Península, a Baleares y Canarias.

Blanca Azucena y su Botones. Blanca Azucena y su Botones.

Blanca Azucena y su Botones. / E. S.

En 1910, siempre acompañada de su hermano, realiza una gira por las Islas Canarias en la que recibe cariñosos homenajes de sus habitantes. Es allí donde su hermano contrajo matrimonio con una bella y joven tinerfeña, Amalia Galván, que muy pronto se uniría artísticamente con la protagonista de esta historia. El número se denominaría desde entonces “Blanca y su Botones” y el éxito fue grande y creciente.

La Botones, cuñada de Blanca, que se llamaba Amalia Galván Cordero, nació en Santa Cruz de Tenerife el 28 de diciembre de 1895. Su padre era maestro barbero y ella estudiaba piano y canto cuando conoció al hermano de Blanca. Jamás se separarían y vivieron juntas hasta el final en nuestra ciudad.

La constitución del dúo artístico de Blanca Azucena y su Botones sucedió en Málaga en 1912. Con repertorios propios, decorados fastuosos, vestuarios, joyas, trenes de lujo, hoteles de los grandes, trasatlánticos, fama y mucho dinero. Blanca recibió muchas proposiciones matrimoniales que le ofrecían un futuro de gran tranquilidad económica, pero todas condicionadas a su retiro del teatro. La artista las iba desechando todas porque la sola idea de abandonar la escena la entristecía y seguía feliz en sus viajes y en sus escenarios, sin importarle la idea de quedarse soltera. De pronto, encontrándose en La Carolina, cayó enferma de fiebres de Malta. Tras mucho sufrimiento y temores de caer en el olvido del público logró vencer la enfermedad y volver a los escenarios.

Durante cuatro años más, Blanca Azucena y su Botones recorrieron entre grandes aplausos los teatros españoles. Al espectáculo se incorporó su sobrina Gloria de Levante (luego señora de Cantinflas) y siguieron tres años más de notables éxitos para luego empezar a eclipsarse los triunfos. Los escenarios comenzaron a ser pequeños, en modestos pueblos y en actuaciones muy breves. El dinero ya no fluía con tanta abundancia. Pero ella hacía frente a su decadencia con muy buen ánimo. Tenía salud, energía para trabajar y conformidad.

Blanca Azucena siempre acudió con su arte en socorro de los necesitados y de los desvalidos y no sólo actuó gratis, sino que en numerosas ocasiones los atendió también con su dinero. Por todo ello obtuvo muchas distinciones: se le nombró dama protectora de los exploradores de España en distintas ciudades, se le otorgó diplomas de gratitud de la Cruz Roja y recibió infinidad de mensajes de gratitud.

En La Línea

Anualmente, Blanca Azucena y su Botones hacían su acostumbrada gira artística por la provincia de Cádiz. Y también actuaban en el Teatro Real de Gibraltar, donde el público entendido en música y teatro aplaudía y admiraba las actuaciones de esta pareja. En La Línea de la Concepción, por la que estas dos artistas sentían verdadero afecto y simpatía, y éste a su vez a la recíproca, ofrecían lo más selecto de sus repertorios de bailes y canciones. Casi siempre actuaban en el Teatro Cómico y en el salón Victoria del Paseo de la Velada. Siempre durante la semana de Feria de nuestra ciudad.

En el año 1966, Pilar Ortega –que tenía entonces 75 años y residía en Cáceres– tuvo la mala suerte de sufrir una caída, fracturándose el fémur y fue ingresada en el hospital de Badajoz. Inválida en una cama de hospital, sola y sin medios económicos, escribe una carta al periódico de Murcia Línea pidiendo ayuda.

Pilar Ortega se trasladó a La Línea tras sufrir una caída en Badajoz

La respuesta del director no se hace esperar y el periodista Luis Peñafiel escribe una sentida crónica que conmueve el corazón de España. A la cama del hospital de Badajoz le llegan expresivas cartas, dulces y ayudas. 500 pesetas le envía don José Iniesta mientras esta se encuentra en el centro benéfico.

Blanca Azucena, como conocedora de sus virtudes de bondad, solidaridad y alegría del pueblo de La Línea, también piensa en la ciudad y desde el hospital de Badajoz escribe cartas. Una de ellas a Emilio Villar, empresario del Teatro Cómico. Éste le envía alentadoras palabras y alguna ayuda económica. De esta forma, logra reunir la cantidad necesaria para que una furgoneta la traiga desde Badajoz a La Línea donde una vez curada la pierna desea venir a vivir con su cuñada Amalia (septiembre de 1966). Alquilan una casita en el patio de vecinos de la calle Gibraltar número 115 y en esta población donde tantos éxitos alcanzaron y tanto les aplaudieron se quedan a vivir para siempre.

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