Brexit España y Reino Unido redefinen la relación con Gibraltar en un acuerdo histórico

  • Ambos países ponen las bases de una nueva relación que permitirá derribar la Verja al aplicar las normas Schengen al Peñón

  • Un tratado europeo, negociado entre la UE y Reino Unido, deberá validar el acuerdo antes de seis meses

El Peñón, tras la aduana entre La Línea y Gibraltar El Peñón, tras la aduana entre La Línea y Gibraltar

El Peñón, tras la aduana entre La Línea y Gibraltar / Erasmo Fenoy

Un suspiro de alivio recorrió en la pasada Nochevieja cada rincón del Campo de Gibraltar y del Peñón. Diez horas antes de que acabase el último día del plazo límite, en un ejemplo más de la negociación agónica en la que se han convertido los cuatro años del proceso del Brexit, los gobiernos de España y Reino Unido alcanzaban un principio de acuerdo histórico que, de llegar a buen puerto, configurará una nueva era en su relación sobre Gibraltar y de este con la Unión Europea. El pacto prevé aplicar en la Roca el tratado de Schengen y trasladar el control fronterizo europeo al aeropuerto y puerto de la colonia, dejando expedita la conexión entre La Línea y el Peñón. Pero antes de que llegue ese momento, queda por delante una negociación (otra más) entre la Unión Europea y Reino Unido, para dar encaje legal en forma de tratado a esa incorporación, tutelada por España, de Gibraltar al espacio Schengen. Y ese ajuste es complejo.

La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, fue a primera hora de la tarde del viernes la encargada de anunciar el acuerdo, que aleja el fantasma del Brexit duro. Tras seis meses de negociación y dos noches en blanco, abrió la comparecencia con un optimista “hoy es un día para la esperanza” ante el consenso alcanzado para “gestionar nuestra interdependencia a partir de la corresponsabilidad”. La ministra defendió que el acuerdo es un primer paso para conseguir la denominada “área de prosperidad compartida”, un concepto acuñado también por Gibraltar que combina la aspiración de un paso fluido con una mejora de la situación socioeconómica del Campo de Gibraltar. Una petición de los ciudadanos de ambos lados de la Verja, como insistió González Laya, que el pasado verano en La Línea la escuchó de primera mano de los políticos locales, trabajadores y otros colectivos, que le recordaron el peso de Gibraltar en la economía de la comarca (695 millones de euros, según un estudio del Ayuntamiento linense) y la existencia de 15.000 personas que cruzan la Verja para trabajar.

En el pacto, de once páginas, se estipula la aplicación del acuerdo Schengen en Gibraltar, pasando a eliminar la frontera. Esto incorporación se haría bajo el control de España, que sería el “miembro responsable” (tienen que ser estados) de este nuevo territorio del espacio sin fronteras. El control fronterizo de la Unión Europea pasaría a estar en el aeropuerto y puerto de Gibraltar y durante los cuatro primeros años ese control será realizado por agentes de la agencia europea de fronteras, Frontex, algo que era uno de los puntos de fricción en la negociación, ya que Reino Unido rechaza la presencia de la Policía española en el Peñón. Finamente, ambas partes han consensuado esa “asistencia” de Frontex durante 4 años como “constructor de confianza”, pero la ministra no aclaró qué pasará una vez pasado ese periodo ni cómo se hará efectivo el control de España sobre las entradas, reservando los “detalles técnicos” para una comparecencia en el Congreso de los Diputados.

Derribar la verja

Esto permitirá, en palabras de la ministra, “derribar la Verja”. Mientras se ratifica y entra en vigor el acuerdo se emplearán los instrumentos que tiene Schengen para agilizar el tránsito por el paso fronterizo, ya que desde este 1 de enero y hasta que no se firme el tratado que confirme lo pactado, este pasará a ser una frontera exterior de la UE. Este primer día de salida efectiva de la Unión, el tránsito era completamente fluido. Cuando esté en vigor el tratado, los llanitos podrán circular sin pasaporte ni visado, todo un logro para la población del Peñón, que había votado mayoritariamente (96%) por permanecer en la Unión Europea. Y se dará la paradoja de que los europeos podrán acceder sin pasaporte a la colonia británica, pero los británicos, no.

El consenso alcanzado también incluye, para hacer posible esa desaparición de la Verja, la aplicación de medidas de régimen aduanero, en el tráfico de mercancías, transporte o medio ambiente. E incorpora medidas en materia de “competencia leal” en lo fiscal, laboral y social. Como aseguran fuentes diplomáticas, todos han cedido algo. Si el acuerdo llega a buen puerto tras la negociación europea, Gibraltar podría estar más integrado en Europa en la práctica que antes del Brexit.

El documento consensuado entre Reino Unido y España ha sido remitido a las autoridades comunitarias para que puedan elaborar unas directrices de negociación que permitan traducir el principio de acuerdo en un tratado entre Reino Unido y la Unión Europea. Gibraltar había quedado excluida del acuerdo entre ambos de la pasada Nochebuena al quedar su relación futura supeditada a un acuerdo entre España y Reino Unido. El Gobierno estima que ese tratado podría estar ratificado en un plazo aproximado de seis meses, durante los cuales se mantendrá la situación actual “pero buscando la flexibilidad”. Los trabajadores transfronterizos ya tenían garantizada su movilidad tras la creación de un registro para su tránsito fluido por la Verja y España aprobaba hace unos días unas medidas de contingencia que ahora dan tranquilidad al resto de la población durante los seis meses que dure la negociación del tratado.

Arancha González Laya y Fabián Picardo reunidos en Algeciras el pasado julio Arancha González Laya y Fabián Picardo reunidos en Algeciras el pasado julio

Arancha González Laya y Fabián Picardo reunidos en Algeciras el pasado julio

No obstante, el proceso que se abre ahora se prevé complicado, como lo ha sido el resto de la negociación del Brexit. Ha habido tiras y aflojas y “momentos de dificultad”, reconocía González Laya, en un contexto en el que el diálogo por vía telemática ha supuesto también un hándicap añadido.

El ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, lo resumía de forma muy gráfica en su comparecencia, poco después de González Laya: “No ha sido fácil y hemos llegado al límite. Estábamos tan cerca del límite, de hecho, que creo que todos los que participamos en las negociaciones sentimos la cuchilla del límite cortándonos las carnes cuando terminamos los acuerdos en las primeras horas de esta mañana”, aseguró. Y, advertía que “ir a la cuerda floja significa que puede haber muchos cabos sueltos que resolver con muy poco tiempo. Así que, por favor, tengan paciencia”.

Fiscalidad

En esta nueva fase se configura como clave la cuestión fiscal, una de las que quedaba pendiente desde el proceso de negociación anterior, ya que Reino Unido no ha ratificado aún el Tratado Fiscal acordado con España. Es un asunto en el que según fuentes diplomáticas el Gobierno de Boris Johnson ha estado “arrastrando los pies” y cuya importancia subrayaba la ministra hace unos días al asegurar que la soberanía, “en el siglo XXI”, tiene mucho que ver con “la fiscalidad y la capacidad de cooperar a nivel policial y aduanero”.

El Tratado Fiscal sobre Gibraltar, firmado en marzo de 2019 por España y Reino Unido, comprometía a los gobiernos español y gibraltareño a compartir datos fiscales por primera vez en la historia, en el primer tratado rubricado desde el de Utrecht hacía más de 300 años. Recoge la realización de auditorias conjuntas, la asistencia en la recaudación de deudas fiscales y la entrega o transferencia de documentación. También alude a la eliminación de la doble imposición (pagar impuestos dos veces por un mismo hecho imponible) y a la creación de órganos de enlace entre ambas administraciones.

España y Reino Unido también firmaron cuatro memorandos de entendimiento: sobre derechos de los ciudadanos, cooperación policial y aduanera, control de la venta de tabaco y medioambiente. Los dos primeros se están cumpliendo, pero los otros dos se han quedado a medias.

La soberanía, a un lado

El principio de acuerdo recoge un periodo de transición y una cláusula por la que las partes podrán entablar consultas al final del periodo de implementación para ver cómo se está desarrollando.

Este principio de acuerdo llega, por otra parte, “sin perjuicio de las pretensiones irrenunciables que ambos tenemos en materia de soberanía. Somos firmes en nuestros principios, a los que no queremos renunciar, pero aportamos progreso para nuestros ciudadanos, algo que ellos demandaban”, destacó González Laya en su comparecencia.

En el mismo sentido insistía Picardo: “No hay ningún aspecto del marco acordado que transgreda de alguna manera las posiciones de Gibraltar sobre la soberanía, la jurisdicción o el control, y no es solo mi opinión. También es la opinión de todos los miembros del Consejo de Ministros de Gibraltar”. Sin aparcar la soberanía no había acuerdo posible. Ahora queda su ratificación para que 2021 pueda ser el año de la desaparición de la Verja.

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