Feria de Algeciras

Joaquín Cortijo, carrocero de la Caseta 'El Pito'

  • "Esto es un arte, tiene que gustarte mucho. Yo voy a la carroza con dolores de hueso y se me quita todo"

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Joaquín Cortijo Castillo lleva desde que comenzó los años ochenta ligado al mundo de las carrozas. Desde hace 34 años se mantiene al lado de Antonio Quintero, presidente de la federación de caseteros Farolillo y a su vez de la caseta El Pito, trabajando codo con codo para que la cabalgata no sea un acto más en la Feria Real. Este algecireño de 58 años lleva haciendo carrozas desde 1980.

El que piense que una cabalgata se prepara en cuestión de días se equivoca. Cortijo explica que "nosotros empezamos tres meses antes de feria. Hacemos la carroza sin dibujo, sin plano ni nada. Soy el carpintero, el que lleva las maderas, otro es el pintor y otro la electricidad", como un gran equipo y familia. "En hacer la carroza se tardan tres meses. Hemos ganado muchos premios, primeros tenemos por lo menos 15 ó 20 y segundos otros tantos".

En la confección de la carroza, que cuestan entorno a 2.000 euros, casi todo lo que se utiliza es madera y corcho blanco, además de mucho papel y brillo. "Esto es arte, te tiene que gustar mucho, yo voy a la carroza con dolores de hueso y se me quita todo". Este carrocero reconocido siempre ha estado ligado a la caseta El Pito. "Soy el segundo, primero está el presidente", subraya.

Cuando la cabalgata comienza el torbellino de sensaciones toma partido entre los fervientes seguidores de esta tradición. Cortijo destaca que "cuando sale la carroza hay que vivirlo". Por eso explica la polémica que surgió entre los carroceros ya que, después de estar tres meses haciéndola, que tengan que salir desde la Dársena del Saladillo, así "tienes que venir corriendo, no se luce, yo prefiero lucirla en la calle, en el pueblo", además de tener que montar a los pequeños desde las seis de la tarde en las carrozas.

Las carrozas que con más cariño recuerda Cortijo son El Margarita y la de este año, que simula a la calabaza de Cenicienta. "A mi me quitan las carrozas y ya no monto casetas", reconoce. Cuando finaliza la cabalgata intentan reutilizar el material para otros diseños, ya que también participan en la cabalgata de reyes, e incluso en carnaval.

La diversión está asegurada durante toda la cabalgata, "a mi hijo lo monté con nueve meses en la carroza y ahora tiene 33 años, le hice un asiento y me puse delante por los caramelazos", recuerda con añoranza. Hoy día puede decir que sus hijos también han heredado la ilusión feriante, "a mi nieta parece que también le gusta", señala.

Cortijo puede presumir de haber participado en la elaboración de alrededor de 100 carrozas, incluso una la hicieron con 16 metros de altura que simulaba ser la Torre de Babel. Todo un experto lleno de tradiciones. Empiezan desde la ocho de la mañana el día de la cabalgata. "Nos vamos a desayunar, luego recogemos los caramelos, lo metemos en bolsitas chicas, luego a lo mejor falta algo en la carroza, a la una nos vamos a la caseta a comer, nos vamos a la casa a ducharnos", y así hasta comenzar el recorrido.

Su gran afición también le permite ser crítico con esta tradición, y es que lamenta que haya gente que "hace carrozas el sábado por la mañana, se juntan varios amigos y la hacen". Para ello cada año se controlan las que desfilan. Este año incluso harán fotografías para evitar que se repitan los diseños de un año a otro. Además aprovecha para recordar que hace falta más seguridad porque hay muchos niños que por alcanzar los caramelos se cuelan incluso debajo de las carrozas.

En cualquier caso el camino se les hace muy corto, pese a ser tres horas y media. Este año repartirán 120 kilos de caramelos y, pese a ser un trabajo difícil hacer la carroza, si ganan el premio podrán ayudar con los gastos de la caseta.

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