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"Nuestros jóvenes están más preparados que ninguna generación anterior"

Juan Manuel Sánchez Guzmán, biólogo, investigador y catedrático de la Universidad de Extremadura

Juan Manuel Sánchez Guzmán.
Arantxa Cala

19 de febrero 2026 - 07:01

Juan Manuel Sánchez Guzmán nació en Jerez de la Frontera, donde regresa todos los años, ya que toda su familia continúa en la ciudad. Se trasladó a Algeciras y, tras cuatro años, a Málaga, donde finalizó su bachillerato y adquirió su formación universitaria en Biología. Finalmente, tras defender su doctorado en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga, obtuvo una plaza de profesor en la Universidad de Extremadura, donde desarrolló su actividad profesional hasta 2023. Durante este periodo desempeñó numerosos cargos académicos, entre los que destaca el de vicerrector de Investigación y Transferencia. En esta etapa estructuró el sistema de I+D+i de dicha universidad e impulsó la creación del Parque Científico y Tecnológico de Extremadura, del que terminó siendo su primer director general. Se jubiló como catedrático de Zoología de esta universidad. A lo largo de su trayectoria ha recibido diversas distinciones, destacando el Premio a la Excelencia en la Transferencia del Conocimiento y, finalmente, en 2025, la Junta de Extremadura lo distinguió con el máximo galardón de la región: la Medalla de Extremadura. En marzo recibirá el Premio 'Caballo Encina' de la Casa Cultural Extremeña en Jerez.

Hace unos meses recibió la Medalla de Extremadura tras una vida dedicada a la investigación y la transferencia de conocimiento, así como por su gestión en la puesta en marcha del Parque Científico y Tecnológico de Extremadura. Este reconocimiento, ¿es el culmen de una carrera? ¿Le genera cierta nostalgia de sus inicios?

Indudablemente, es un galardón que, por ser el mayor que otorga la región, significa mucho para mí, porque es un reconocimiento que, en principio, uno no espera y, cuando se produce, sufre un considerable desbordamiento de sentimientos. Por la mente pasan muchos momentos y personas que han sido muy importantes en el día a día. Yo no hablaría de nostalgia, porque implica un componente de dolor, pero sí de muchos recuerdos.

Además, como jerezano, el próximo mes de marzo recibirá el Premio ‘Caballo Encina’ de la Casa Cultural Extremeña en Jerez. ¿Cómo se siente?

El día que me lo comunicaron me hizo muy feliz, porque supone la conexión entre dos partes importantes de mi vida: mis raíces y mi desarrollo profesional. El galardón de la Casa Cultural Extremeña en Jerez cierra un bonito círculo y así lo he sentido.

La patria, decía Caballero Bonald, "es lo que se ve desde la ventana de la casa donde uno vive en paz". ¿Siente que tiene varias patrias? Extremadura, Málaga, Jerez…

La verdad es que hay parte de razón en ello; al menos yo me siento parte de esas patrias. En Jerez de la Frontera nací y viví mi niñez, es decir, están mis raíces, en el seno de una gran familia donde vas fijando principios que, sin saberlo, más tarde determinarán tu vida. Málaga supone para mí la adolescencia, la adquisición del conocimiento y la formación, los amigos que te acompañarán durante toda la vida y donde comienzas a entender qué es lo que quieres alcanzar. Y Extremadura es el lugar donde formas tu nueva familia y desarrollas todo aquello para lo que te has formado, e intentas entregar a otras personas, en especial a tus alumnos, todo lo que has ido guardando en la mochila.

¿Podríamos añadir a esas “patrias” la universidad? Se acaba de jubilar tras décadas dedicado a ella.

Creo que la universidad no puedo considerarla como una patria, porque es algo aún más personal: es aquello que ha dado sentido a cuarenta años de vida profesional y que ha conseguido que cada mañana me levantara con ilusión por lo que iba a suceder ese día. Es una sensación apasionante.

En este feliz retiro, ¿qué proyectos tiene sobre la mesa que siempre deseó llevar a cabo?

Acabar con algunos capítulos pendientes de esa vida profesional y continuar con otros proyectos personales que ya existían como entretenimientos. Entre ellos, la elaboración de vinos, cerveza, cava y quesos, y seguir tejiendo una vida social que acompañe en esta nueva etapa y permita disfrutar de cada momento presente, tal y como he disfrutado en el pasado.

Universidad y docencia, ¿qué han significado para usted?

Mi vida. Tanto la Universidad de Málaga, donde permanecí hasta el doctorado, como la de Extremadura me han dado mucho más de lo que podía imaginar en un principio. Solo así he podido tener una vida profesional tan intensa y motivadora, que ha llenado el día a día de momentos extraordinarios y de logros personales excepcionales que han mantenido mi ilusión hasta el final de mi actividad profesional. Indudablemente, mis alumnos han sido actores primordiales en este proceso.

La Universidad de Extremadura es un referente a nivel nacional. ¿Qué hay que aprender de ella? Y si se atreve, ¿alguna apreciación sobre la universidad andaluza en general?

La UEx es la única universidad que existe en Extremadura y tiene, por tanto, sus cosas buenas y menos buenas, pero posiblemente su productividad sea superior a la de muchas con mayor nombre. En cuanto a las andaluzas, creo que los datos de producción docente y científica hablan por sí solos: tenemos grandes universidades, y la que más conozco —la Universidad de Málaga— es un ejemplo de conexión con su entorno, habiendo tenido la suerte de disponer del Parque Tecnológico de Andalucía, auténtico referente en innovación a nivel nacional e internacional. En general, las universidades están menos valoradas de lo que realmente suponen para las sociedades que las disfrutan.

La transferencia de conocimiento hacia la sociedad y las empresas ha sido una de sus prioridades. ¿En qué momento se encuentra esta relación en España? ¿Qué falta por hacer?

Mis esfuerzos siempre han ido dirigidos a devolver a la sociedad la enorme inversión que esta ha hecho en mí, y la mejor manera que he encontrado ha sido esa transferencia del conocimiento hacia el sector socioeconómico que me rodeaba. En general, creo que esta tendencia ha crecido mucho en nuestro país. Hoy en día, los conocimientos generados en el entorno académico son verdaderos impulsores de riqueza en las regiones donde se asientan, y es posible crear empresas de base tecnológica sin que nadie sufra “urticaria”. Creo que mejora adecuadamente, pero es necesario otorgarle el verdadero valor que tiene la transferencia de conocimiento, creando las herramientas de evaluación apropiadas para ello.

Háblenos de las nuevas generaciones de investigadores: ¿qué demandan hoy y qué pueden aportar?

Creo que demandan lo de siempre: una mayor conciencia de la importancia que tienen la investigación, el desarrollo y la innovación en las sociedades que cuidan este proceso, y unas inversiones acordes con esa importancia. Todo ello deberá pasar, inexcusablemente, por una adecuada y razonable política de recursos humanos que dé la tranquilidad necesaria a nuestros jóvenes. Ellos serán quienes dirijan nuestra sociedad de aquí en adelante, y lo cierto es que están más preparados que ninguna generación anterior. Solo hay que darles la oportunidad de trabajar y dejarles desarrollar sus iniciativas.

Y, para cerrar, ¿de qué se siente más orgulloso?

Eso tiene poca discusión: de mis alumnos. Han sido profundamente inspiradores y estimulantes en mi trayectoria profesional y, sin duda, me han impulsado a superarme día tras día.

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