Gonzalo, de pichichi de la Primera Federación a nueva ilusión del Real Madrid
Fútbol
El canterano se reivindica como depredador del gol en su última oportunidad: la pasada temporada lo sufrieron el Algeciras y casi todos los rivales del grupo
Gonzalo, de verdugo del Algeciras a héroe del Real Madrid
El madridismo empieza a percatarse del diamante que tiene en casa. Gonzalo García mostró con su hat-trick en la goleada al Real Betis el depredador del gol que lleva dentro. El canterano blanco aprovechó la oportunidad ante la ausencia de Mbappé para cagarse con la mochila artillera de un Madrid al que no le valían las medias tintas antes de la Supercopa. Ni al vestuario ni a su entrenador, un Xabi Alonso que no termina de sacudirse la sombra del cuestionado. Gonzalo apareció para reilusionar a una hinchada madridista donde muchos ven en el delantero la reencarnación de un ídolo, de Raúl.
Los seguidores de la Primera Federación conocen a la perfección a Gonzalo. Buena parte de los equipos del grupo II sufrieron al madridista la pasada temporada, cuando el ariete se proclamó pichichi de la categoría de bronce con 25 dianas, el récord de la división que supone la antesala al fútbol profesional total, a LaLiga de Tebas. Gonzalo rubricó algunas actuaciones tan memorables como letales: en el Nuevo Mirador de Algeciras, por ejemplo, mandó a la red prácticamente todo lo tocó en una tarde nefasta para los albirrojos.
A Gonzalo se le quedó chica la Primera Federación. El Madrid, entonces a las órdenes de Carlo Ancelotti, echó mano del prometedor chaval en contadas ocasiones, aunque al punta le bastaba la más mínima para dejar su impronta, como cuando rescató a los blancos en la Copa del Rey en Butarque.
Este verano, Gonzalo y el Real Madrid contaron con numerosas propuestas de salida en forma de cesión de un goleador muy codiciado. El nuevo cuerpo técnico encabezado por Xabi Alonso optó por foguear al canterano en el Mundial de clubes, donde a falta de varios internacionales y estrellas, el niño se reivindicó. Lógicamente, con la competición liguera en marcha, el rol del atacante se ha visto reducido a apariciones esporádicas desde el banquillo en un plantel que ha tenido a un Mbappé voraz y donde el resto de astros se intentan repartir lo que queda entre Vinicius, Rodrygo, Brahim y compañía. Todos quieren más y a ninguno le hace gracia el sillón de la banda.
Y cuando ha hecho falta, cuando le ha llegado el momento, es cuando ha tomado la palabra Gonzalo en el terreno de juego, con tres goles que engloban las capacidades de un futbolista con potencial para ser diferencial.
Nieto de torero
No es fácil que en tu árbol genealógico haya un señor que haya toreado de luces en La Maestranza, otros tres que hayan sido leyendas del rugby español o que estén las mismísimas Gilda o la Dama de Shanghai, la diva del Hollywood dorado Rita Hayworth: todo eso está en el de Gonzalo García Torres, la nueva sensación madridista.
Gonzalo, de 21 años, es hijo de la única niña en la casa de los Torres Morote, una saga histórica del rugby sevillano de la década de los noventa del siglo pasado, en la que sus tíos Javier, David y Coco, internacionales los tres, se encumbraron y encumbraron al Ciencias de Juan Antonio Arenas, con el que ganaron tres Copas del Rey, dos Ligas y una Copa Ibérica.
Hubo otros dos hermanos, Alejandro y Antonio, que también formaron parte de la saga Torres Morote en el equipo científico, un veneno que les inculcó un médico compañero de su padre que, cuando se les había embarcado la pelota de fútbol, sacó una de rugby que tenía en el maletero de su coche y ahí empezó todo.
Todos, declaradamente sevillistas, apoyaron a su sobrino, el hijo de su única hermana, Miriam, en el partido del Real Madrid ante el Betis, máxime cuando se empezó a jugar cuando el equipo de sus amores había caído estrepitosamente ante el Levante en el Ramón Sánchez Pizjuán.
El padre de los Torres Morote y abuelo de Gonzalo, Manuel Torres Cansino, fue un prestigioso cirujano torácico, pero antes fue novillero con caballos y llegó a debutar en La Maestranza y torear en plazas como la de Utrera en 1951 antes de que una cornada llevara su rumbo del 'chispeante' a la bata blanca.
Un viejo cartel en sepia del 9 de septiembre de 1951 da fe: '5 hermosos ejemplares 5 de Luisa Pérez Centurión para Manuel Torres Cansino, de Paradas, y Juan Gómez Vélez, de Los Molares. El último novillo será lidiado por el gran artista africano El Indio Apache'.
Por Cansino le viene a Gonzalo el parentesco con una de las mayores leyendas del Hollywood dorado, Rita Hayworth, cuyo nombre de pila era Margarita Carmen Cansino y que nació en Brooklyn, hija del bailarín español Eduardo Cansino, emigrado a Nueva York desde su Castilleja de la Cuesta natal, y de Volga Margaret Hayworth, de quien tomó el apellido.
El médico sevillano y el bailarín eran primos más o menos cercanos, lo que no hurta al sobrino de los Torres Morote del orgullo de estar emparentado con una leyenda del cine que encandiló, entre otros muchos, a Orson Welles y hasta a Alí Khan, por no hablar de los millones que adoraron a la estrella que un día se quitó un guante.
El abuelo de Gonzalo tuvo un padre que también se vistió de luces, Antonio Torres Palma, quien llegó a torear en 1924, en un cartel con Rubichi, además de Llapisera, Charlot y El Botones, en la vieja plaza madrileña de la Carretera de Aragón, en el solar en el que hoy se levanta el Palacio de los Deportes de Madrid.
Le llega por todos lado al delantero madridista, quien también está emparentado con los dos últimos matadores de toros de la saga, los hermanos Javier y Borja Jiménez, descendientes como Gonzalo de los Torres de Paradas, pueblo de la campiña sevillana del que salió el bisabuelo Antonio Torres Palma, el que toreó en el solar del Wizink Center antes que se dedicara al baloncesto.
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