Meteo
¿A qué horas se espera lluvia en el Campo de Gibraltar este jueves?

¿Qué hace una arquitectura como tú en un territorio como este? El patrimonio moderno que el Campo de Gibraltar no mira

Nueva serie: El territorio y sus signos

El arquitecto José Ramón Rodríguez Álvarez inaugura en Europa Sur una colección de artículos que reivindican la arquitectura moderna del Campo de Gibraltar como parte esencial de su memoria y su identidad

La Escuela de Arte de Algeciras, objeto de un estudio en profundidad gracias a una beca del Colegio de Arquitectos de Cádiz

José Ramón Rodríguez Álvarez, en el paseo del río de la Miel, uno de los espacios que analiza en el primer artículo de la serie. / Vanessa Pérez

Hay arquitecturas que nacen con la vitola de monumento y otras que sobreviven sin nombre, sin relato y sin defensores. A estas últimas —las del día a día, las que se habitan sin pensarlas— quiere dedicar José Ramón Rodríguez Álvarez la nueva serie de artículos que Europa Sur estrenará la próxima semana bajo el título El territorio y sus signos.

Nacido en Tarifa, Rodríguez Álvarez es doctor arquitecto por la Universidad de Sevilla, especializado en arquitectura contemporánea, rehabilitación y obra nueva, con un posgrado en Gestión del Territorio, Urbanismo, Infraestructuras y Medio Ambiente. En 2024 defendió su tesis doctoral, Arquitectura moderna en Tarifa: 1939-2019, un trabajo que —sin proponérselo— acabó convirtiéndose en el germen intelectual de esta serie que ahora amplía el foco a todo el Campo de Gibraltar.

Él mismo explica que nunca tuvo una ambición académica al uso. La tesis nació de una incomodidad personal, casi de una pregunta insistente durante sus paseos por el pueblo: “Yo veía aquellas arquitecturas y siempre me preguntaba: ¿qué hace una arquitectura como tú en un pueblo como este?”. Tiró del hilo y descubrió que, detrás de cada edificio, había una historia que no se estaba contando. O peor aún: una historia condenada a desaparecer.

La arquitectura moderna es la que refleja tu día a día

La serie que ahora arranca en Europa Sur comparte ese mismo impulso. Rodríguez Álvarez no pretende sentar cátedra ni escribir “una tesis doctoral por entregas”. Huye deliberadamente del tono sesudo y del discurso excluyente. “No se trata de dar la chapa”, insiste. El objetivo es otro: convertirse en cronista de una arquitectura que no suele tener cronistas. “La arquitectura moderna es la que refleja tu día. La gótica está muy bien, es patrimonio y hay que cuidarla, pero no es mi día a día”.

Cuando hablamos de patrimonio, casi nadie piensa en la arquitectura moderna

Desde esa convicción, reivindica un patrimonio que suele quedar fuera del imaginario colectivo cuando se habla de conservación. “Cuando decimos patrimonio, la gente se imagina otra cosa”, señala. Iglesias, castillos, fachadas antiguas. Rara vez edificios modernos, muchos de ellos con décadas suficientes como para ser analizados con distancia crítica. “El patrimonio moderno, directamente, no existe. Nadie sabe conjugar patrimonio y moderno en la misma frase”.

El arquitecto recorre el antiguo paseo del río de la Miel, en la calle Juan de la Cierva, escenario de su reflexión sobre arquitectura y memoria urbana. / Vanessa Pérez

Y sin embargo —argumenta— ahí está. En forma de escuelas, mercados, teatros, paseos urbanos o edificios administrativos que han marcado el territorio “a fuego”. Signos que, puestos uno junto a otro, dibujan una radiografía social, económica y cultural del Campo de Gibraltar. “Si coges cada pieza por separado, cuentas una historia. Pero si las juntas, te están dibujando un territorio”.

Si vuelves a mirar un edificio y ya no lo ves igual, el trabajo está hecho

Rodríguez Álvarez se define, medio en serio medio en broma, como “defensor de una causa perdida”. La de una arquitectura que suele pasar desapercibida, que se percibe como rara o extraña, pero que encierra respuestas precisas a problemas muy concretos. “La gente ve esos edificios y dice: me gusta, es curioso, pero no termino de entender a qué responde. Pues de eso se trata, de contarlo”.

El enfoque de la serie será deliberadamente divulgativo. Cada texto aspira a provocar un pequeño desplazamiento en la mirada del lector. “Si cuando vuelves a ver el edificio lo miras de otra manera y piensas pues algo dice, ya está”. No se trata de determinar si son los mejores edificios posibles, sino de explicar por qué son como son, en qué contexto surgieron y qué necesidad vinieron a resolver.

La Casa del Mar de Tarifa, un edificio obra de Pablo García Villanueva. / Colegio Oficial de Arquitectos de Cádiz

Algunos ejemplos ya asoman. El Teatro Juan Luis Galiardo de San Roque, por ejemplo, que Rodríguez Álvarez define como “arquitectura finlandesa trasplantada al otro extremo del continente”, una herencia directa de Alvar Aalto que acabó recalando en el sur. O la Casa del Mar de Tarifa, uno de sus edificios predilectos, tanto por el momento histórico en que se construyó como por los mimbres —escasos— con los que se levantó. O el Museo Cruz Herrera, en La Línea de la Concepción.

Otros casos, como la Escuela de Arte de Algeciras, quedan fuera de la serie por razones muy concretas: el propio arquitecto está comisariando un estudio y una exposición sobre el edificio junto al Colegio de Arquitectos de Cádiz. Pero la mención no es casual. Para él, la Escuela de Arte es el ejemplo perfecto de un patrimonio moderno en riesgo, incluso siendo un edificio público y en uso. “Se cae por su peso”, lamenta.

José Ramón Rodríguez Álvarez, en la redacción de Europa Sur, donde presenta la serie de artículos dedicada a la arquitectura moderna del Campo de Gibraltar. / Vanessa Pérez

La reflexión se vuelve especialmente crítica cuando habla del estado general de conservación. Rodríguez Álvarez no disimula su escepticismo: “Patrimonio y cuidado es un oxímoron”. Y si eso ya es problemático en lo histórico, en lo moderno roza directamente el abandono. Enumera pérdidas dolorosas en Tarifa —desde la degradación de la Casa del Mar o la reconversión del antiguo Teatro Idealen una discoteca— y subraya una idea clave: lo moderno también necesita mantenimiento. No es algo provisional ni desechable por definición.

En ese sentido, la serie no esquiva debates incómodos. El mercado Ingeniero Torroja aparece como ejemplo de una memoria incompleta, mal resuelta. Rodríguez Álvarez recuerda que detrás del edificio hubo un arquitecto —Manuel Sánchez Arcas— represaliado y borrado del relato oficial. “Restituir la historia no es solo poner una placa”, apunta. “Luego hay que hacer memoria de verdad”.

El Teatro Juan Luis Galiardo de San Roque, inaugurado en 1995. Tomó el nombre del conocido actor sanroqueño el 10 de febrero de 2001, anteriormente se llamaba Cine Teatro Alameda.

El primer artículo de la serie, que acompaña a esta entrevista, funciona casi como una declaración de intenciones. Un paseo sobre la desembocadura del río de la Miel (Take a walk on the past side) propone una lectura del espacio urbano como palimpsesto, como superposición de capas físicas y mentales. El paseo diseñado por José Carlos Mariñas no se presenta solo como una operación urbanística, sino como un ejercicio de evocación: del antiguo cauce, de la relación con el mar, de una ciudad que recompone sus fracturas.

Más que urbanizar un espacio, se está urbanizando la memoria de una ciudad

Rodríguez Álvarez lo explica con una imagen clara: “Más allá de urbanizar un espacio, se está urbanizando la memoria de una ciudad”. Cada material, cada traza, cada elemento funciona como pista. Como signo. “Te están diciendo: pisa aquí, mira esto, recuerda aquello”. De ahí el guiño a Lou Reed y su invitación a dar “un paseo por el pasado”.

No hay en todo ello voluntad de apostolado ni pose de predicador. “No quiero parecer un telepredicador de la arquitectura”, advierte. La ambición es más humilde y, quizá por eso, más ambiciosa: construir un relato coherente, crítico y cercano sobre un patrimonio que se está perdiendo sin que apenas nos demos cuenta.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último