El Instituto Geográfico Nacional detecta más de 160 terremotos en una semana entre Cádiz y Málaga
El IGN descarta por ahora una relación directa con las lluvias y atribuye la serie a la tectónica activa de las Béticas
¿Provocan las lluvias los terremotos en Cádiz y Málaga? La ciencia responde al enjambre sísmico que inquieta al sur
La zona comprendida entre la Sierra de Grazalema y la Serranía de Ronda, entre el suroeste de la provincia de Málaga y el sureste de Cádiz, viven desde el pasado 3 de febrero una intensa serie sísmica que suma ya 163 terremotos en apenas una semana, según la nota informativa del Instituto Geográfico Nacional (IGN), actualizada este martes 10 de febrero. Los seísmos, casi todos de pequeña magnitud, se reparten con profundidades que oscilan entre los 0 y los 40 kilómetros. Algunos de ellos se han producido en Jimena, Castellar y San Roque, ampliando la zona de actividad sísmica.
En su análisis técnico, el Instituto Geográfico Nacional encuadra esta serie sísmica en el sector occidental de la cordillera Bética, "una región caracterizada por la convergencia oblicua entre las placas africana y euroasiática, que avanzan una hacia otra a una velocidad aproximada de 5 milímetros al año", y pese al contexto de lluvias excepcionales que ha vivido la zona en las últimas semanas, el organismo estatal no establece ninguna relación directa entre las precipitaciones y la serie sísmica. En su nota informativa no se menciona el concepto de hidrosismos, ni se alude a posibles efectos de la infiltración de agua, la sobrecarga hidráulica o los cambios en la presión de poros como factores desencadenantes.
Esta postura ha sido criticada por el perfil de Facebook SismoCádiz, que sostiene que estos temblores tienen relación con las últimas lluvias. "Los hidrosismos en la Sierra de Grazalema y Ronda van de 0 a 4 km de profundidad. Cuanto más superficialidad mayor capacidad hidrosísmica hay. A nivel del resto de profundidades, las lluvias no han tenido un efecto directo como en el área hidrosísmica, pero en esta misma vertical, ha producido tal cambio de esfuerzos y bloqueos del circuito habitual de gases de la tierra, que la crisis sísmica se ha generado a todos los niveles de esta zona. En SismoCádiz estamos en completo desacuerdo con la valoración errónea que están dando expertos sobre esta ciencia a golpe de empoderamiento institucional. Se está cometiendo un grave error en decir que las lluvias caídas en la zona no sean el desencadenante de todo este comportamiento", indica.
Del total de terremotos, 31 han sido sentidos por la población en distintos municipios de Málaga y Cádiz, con una intensidad máxima IV en la escala europea EMS-98, compatible con sacudidas ligeras, sin daños materiales. El IGN ha recibido alrededor de 290 cuestionarios ciudadanos a través de su web y aplicación móvil, un indicador del impacto social y la preocupación generada por la reiteración de los temblores.
Los dos eventos de mayor magnitud, ambos de Mw 3,7, se produjeron en la madrugada del 8 de febrero, al noroeste de Jimera de Líbar, y el 9 de febrero, al oeste de Cortes de la Frontera. El primero fue sentido con intensidad III, mientras que el segundo alcanzó intensidad IV. En ambos casos, el IGN subraya que no se han registrado daños personales ni materiales.
Los mecanismos focales calculados para los dos terremotos principales indican fallas de desgarre, coherentes con la tectónica regional. Aunque en la base de datos oficial QAFI no figuran fallas activas cartografiadas exactamente en la zona epicentral, el IGN cita estudios geológicos que describen la Zona de Falla de Gaucín, una estructura de unos 21 kilómetros de longitud, entre Gaucín y la costa, activa en tiempos geológicos recientes.
Una zona sísmicamente activa, pero con movimientos moderados
El IGN recuerda que esta franja del sur peninsular se caracteriza por terremotos principalmente superficiales y por una sismicidad que suele organizarse en series o enjambres, como ya ocurrió en Morón de la Frontera (2007-2009) o en La Puebla de Cazalla–Olvera (2019), con magnitudes de hasta 5.
En el entorno de la actual secuencia existen además antecedentes históricos relevantes, como los terremotos de Grazalema (1901) y El Gastor (1940), con intensidades de hasta VII, o la serie de Villaluenga del Rosario–Montejaque (1936), con más de 50 eventos y una magnitud máxima de 4,6.
Desde el punto de vista de la peligrosidad, las aceleraciones registradas han sido muy bajas.
Para seguir de cerca la evolución del enjambre, el IGN ha reforzado la vigilancia instrumental, con 23 estaciones sísmicas permanentes en funcionamiento y el despliegue adicional de tres estaciones portátiles en la zona epicentral. El objetivo es mejorar la precisión en la localización de los hipocentros y afinar la caracterización de los posibles nuevos eventos.
El mensaje institucional combina prudencia y tranquilidad: la serie de más de 160 terremotos en pocos días se interpreta como una manifestación de la tectónica activa habitual de las Béticas, sin indicios de un aumento significativo del riesgo ni evidencias, por ahora, de que las lluvias excepcionales de este invierno estén influyendo de forma directa en su origen.
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