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El Campo de Gibraltar: un ejemplo de investigación arqueológica

Tribuna de opinión

La comarca tiene argumentos de sobra para ocupar un lugar central en la investigación arqueológica nacional e internacional, pero tiene como verdadero problema la invisibilidad

Un estudio propone catalogar como Patrimonio Mundial de la Unesco el arte rupestre del Estrecho de Gibraltar

Pinturas rupestres en la Laja Alta, en Jimena / Erasmo Fenoy
José Luis Portillo Sotelo
- Doctor en Arqueología de la Universidad de Cádiz y presidente de la Sección 2ª del IECG

02 de marzo 2026 - 02:45

Conviene empezar desmontando un tópico: el Campo de Gibraltar no es un territorio “pobre” en términos arqueológicos. Tampoco un desierto investigador que viva a la sombra de otras regiones andaluzas. Precisamente, es todo lo contrario. Instituciones de reconocido prestigio en la comarca, como el Instituto de Estudios Campogibraltareños o determinadas asociaciones, aunque representen el corazón del patrimonio comarcal, no son más que la punta del iceberg. Bajo la superficie existe una intensa red de proyectos, equipos e investigadores de primer nivel.

Basta con repasar algunos ejemplos. Somos afortunados de contar con la ciudad de Baelo Claudia, el único Conjunto Arqueológico de la provincia y, probablemente, el único yacimiento en España con hasta cuatro proyectos de investigación simultáneos trabajando en paralelo, dirigidos por las Universidades de Cádiz, Sevilla y Alicante, y el Centre National de la Recherche Scientifique.

A ellos se suma el proyecto que desde hace años desarrolla la Universidad de Toulouse en el oppidum de la Silla del Papa. En Algeciras, el Proyecto General de Investigación coordinado por el Ayuntamiento y la Universidad de Cádiz ha permitido sacar a la luz y poner en valor los primeros vestigios romanos de la ciudad, las factorías de salazones de Iulia Traducta.

En Carteia, la investigación no es una novedad, sino una tradición consolidada desde los años noventa, iniciada por la Universidad Autónoma de Madrid y continuada recientemente por la Complutense, con dos monografías publicadas en apenas cuatro años.

En Castellar de la Frontera, el reciente proyecto ArqueoAlmoraima de la Universidad de Cádiz ha revitalizado el conocimiento de la finca, destacando el hallazgo del alfar romano de Moheda de Cotilla, que cuenta con algunos de los hornos cerámicos más grandes de Andalucía, la excavación de la primera aldea medieval de la comarca.

Bajo el mar, el titánico trabajo que vienen desarrollando los arqueólogos subacuáticos de la Universidad de Cádiz con el Proyecto Herakles ha permitido la catalogación sistemática de los pecios y hallazgos de nuestra bahía.

Tampoco Gibraltar permanece al margen, como demuestran los continuos estudios en la cueva de Gorham y sus investigaciones sobre los Neandertales. En Jimena se lleva años llevando a cabo un proyecto de excavación y la puesta en valor del castillo por la Universidad de Sevilla, entre otras instituciones. Todo ello sin olvidar el extraordinario patrimonio de arte rupestre de la comarca, con investigaciones recientes en La Laja Alta (Universidad de Granada), Castellar de la Frontera (Universidad de Cádiz) o diversos enclaves estudiados por la UNED a lo largo del territorio. Por no hablar del importante volumen de tesis doctorales que se han realizado sobre la comarca en los últimos años y de la infinidad de libros, artículos y congresos realizados en o sobre el Campo de Gibraltar.

Con este panorama, resulta evidente que el problema no es la falta de investigación. Nunca lo ha sido. El verdadero problema es la invisibilidad. O, peor aún, la frustrante sensación, ya instalada en el imaginario colectivo campogibraltareño -y repetida casi como un mantra- de que “aquí no se hace nada”. Esto es, sin duda, un serio problema de transferencia social del conocimiento. Una grieta entre las instituciones y sus investigadores, y el público general. Ya sea por falta de medios, desinterés institucional o por discursos poco atractivos, el resultado siempre es el mismo: la percepción de que el patrimonio campogibraltareño está en punto muerto.

Y lo más triste es que ni siquiera hacen falta grandes hallazgos, titulares rimbombantes ni discursos artificialmente engordados para revertir esta situación. Precisamente, la parte aún sumergida del iceberg es sólida, activa y fértil. El Campo de Gibraltar tiene argumentos de sobra para ocupar un lugar central en la investigación arqueológica nacional e internacional. Lo verdaderamente preocupante es que, y aquí habría que entonar el mea culpa, la ciudadanía de la comarca lo desconozca. La realidad es que el Campo de Gibraltar es un territorio clave, encrucijada histórica entre Europa y África, entre el Mediterráneo y el Atlántico. Una importancia que los investigadores conocen bien y que ha llegado el momento de trasladar, con claridad y convicción, a la sociedad que vive -y debería convivir- junto a ese patrimonio.

Baelo Claudia, en Tarifa.

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