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Las aguas con metales pesados de la mina Cobre Las Cruces, en Sevilla, rumbo al Estrecho

Un grupo de científicos publica un artículo en el que alertan de que los vertidos con arsénico, cobre, cromo, níquel y plomo al Guadalquivir amenazan su ecosistema, la salud humana y la pesca

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El complejo minero Cobre Las Cruces, que se extiende por los términos municipales de Gerena, Salteras y Guillena, en Sevilla. / Cobre las Cruces

Nueve científicos pertenecientes a las universidades de Cádiz, Sevilla y Granada, más del Acuario de Sevilla, han publicado un artículo en la revista Integrated Environmental Assessment and Management, de la Sociedad de Toxicología y Química Ambiental (SETAC) de EEUU, en el que concluyen que los sedimentos del estuario del río Guadalquivir “están comprometidos con altas cargas de metales ecotóxicos”, vinculados al vertido de agua desde la mina Cobre las Cruces, una enorme explotación a cielo abierto situada sobre el acuífero Niebla Posadas y que se extiende en los términos de las localidades sevillanas de Gerena, Guillena y Salteras.

Desde 2009, “la mina Las Cruces ha estado vertiendo anualmente hasta 0,9 hectómetros cúbicos de agua –el equivalente a 360 piscinas olímpicas– tratada con metales y metaloides” como arsénico, cobre, cromo, níquel y plomo, dicen los científicos, que alertan de la vulnerabilidad de hábitats como los bosques de ribera y de la marisma, así como de la exposición que sufren especies como la nutria paleártica y aves limícolas.

Se encontraron restos de arsénico, cobre, cromo, níquel y plomo en las muestras analizadas del lisa; en el 31% de los casos, el plomo estaba por encima del límite legal europeo

Los autores del estudio apuntan que han detectado concentraciones elevadas de los metales pesados señalados, altamente tóxicos, en las muestras analizadas del lisa, un pez muy apreciado en la gastronomía de zona por sus huevas, y en el 31% de los casos se ha hallado plomo por encima del límite legal europeo. También hablan concentraciones de cadmio, cobre y zinc en crustáceos y moluscos como el camarón del Guadalquivir o el cangrejo rojo. El artículo concluye que la salud humana está expuesta por el consumo de ganado (por la afectación a las zonas ribereñas) y marisco contaminado.

Los investigadores afirman que los metales ya alcanzan el Golfo de Cádiz y que, por tanto, pueden llegar a las aguas del Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán, lo que afectaría a la pesca y a la acuicultura de todo ese amplio espacio.

Un camión, en el interior de la corta minera. / Jaime Martínez

De forma significativa, indican, las concentraciones de los metales pesados disminuyeron tras el colapso accidental de la corta minera en 2019 -lo que obligó a suspender su actividad- y aumentaron de nuevo cuando esta se reanudó.

El autor principal del artículo es Jesús M. Castillo, de la Universidad de Sevilla, y han colaborado Sara Sirviente, Miguel Bruno y Remedios Cabrera-Castro y Jairo Sánchez-Rodríguez, de la Universidad de Cádiz; Carlos Granado y Blanca Gallego-Tévar, de la Universidad de Sevilla, Juan Miguel Miró, del área de Investigación Biológica del Acuario de Sevilla; y Manuel Díez-Minguito, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Granada.

Suspensión de vertidos y moratoria para los ya autorizados

El artículo recomienda “evitar cualquier vertido minero en el Guadalquivir hasta que se realicen estudios de campo concluyentes” y establecer una moratoria, en consonancia con la Directiva Marco del Agua, sobre los vertidos mineros recientemente autorizados por la Junta de Andalucía: uno de la propia Cobre Las Cruces (2,34 hectómetros cúbicos durante 14 años) y el de la Mina de Aznalcóllar adjudicada a Minera Los Frailes (hasta cuatro hectómetros cúbicos durante 17 años). Además, solicitan crear un comité interdisciplinar e independiente que asesore a la administración regional y plantean la suspensión del consumo de la lisa hasta que la contaminación detectada sea analizada en profundidad.

El Guadalquivir, a su paso por la provincia de Sevilla. / E.S.

También apuestan por desarrollar simulaciones hidrodinámicas y fisicoquímicas avanzadas que incorporen la dinámica real de sedimentos y biota, porque consideran que las evaluaciones de impacto ambiental aprobadas se basan en modelos simplistas (citan, en concreto, el Cormix), centrados exclusivamente en la columna de agua (masa de agua), y sin tener en cuenta la adherencia de metales a partículas, su deposición en sedimentos, la bioacumulación en biota y los efectos sinérgicos y acumulativos de los tres vertidos simultáneos en la misma zona del estuario interior.

Una zona frágil donde se acumulan los metales, según el estudio

Según el artículo, una parte importante de los metales tóxicos vertidos no se queda flotando en el agua sino que se pega a las partículas de barro y arcilla que circulan por el estuario, hundiéndose con ellas hasta el fondo. Aseguran que la zona interior del Guadalquivir es especialmente frágil porque tiene poco oxígeno, poca sal y funciona como una trampa natural donde todo lo que entra tiende a quedarse acumulado en lugar de ser arrastrado hacia el mar.

El vaso principal de Cobre Las Cruces. / Cobre las Cruces

El problema se agrava, argumentan, por la falta de agua: el río lleva tan poco caudal la mayor parte del año que el agua del estuario interior tarda más de cien días en renovarse, lo que da tiempo más que suficiente para que los metales se concentren y se depositen. Además, añaden, cada vez llega menos agua dulce desde tierra adentro, por la presión de la agricultura y los periodos de sequía cada vez más largos. Esa escasez de agua dulce, según asegura el artículo, provoca que el agua salada del mar penetre cada vez más hacia el interior, y eso es un problema adicional: la sal puede hacer que los metales acumulados en el fondo se disuelvan de nuevo y vuelvan a circular por el agua, contaminando zonas que hasta entonces estaban a salvo.

El Cedex sugirió una mina subterránea en 2001

Ya en 2001, el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (Cedex), organismo autónomo adscrito al Ministerio de Fomento, resaltó el impacto ambiental que tendría la explotación de la mina a cielo abierto, un sistema más barato que el de galerías subterráneas, y puso en duda el sistema de drenaje de las aguas.

"Debería haberse considerado la explotación en mina que, en principio, parece mucho menos impactante desde el punto de vista del medio y los recursos naturales y, en cualquier caso [...] no haber procedido a descartarla a priori, fundándose básicamente en razones de índole económica".

Informe técnico contrario

En contraste con el informe de las tres universidades, un dictamen técnico sobre el estado ambiental del estuario del Guadalquivir –encargado por Cobre Las Cruces (CLC)– rebate las conclusiones de los científicos. Elaborado por Aicia, la Asociación de Investigación y Cooperación Industrial de Andalucía y el departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad de Sevilla, este informe concluye que no existen evidencias de que el vertido de Cobre Las Cruces haya producido alteraciones significativas en la calidad del agua, los sedimentos o la biota del estuario del Guadalquivir y que su estado se mantiene “dentro de los rangos esperables dentro de sus características”.

El informe, fechado el pasado mes de octubre, de 45 páginas y suscrito por los profesores Benito Navarrete y Eladio M. Romero, señala que la contribución del vertido de Cobre Las Cruces en el conjunto de los existentes –y que ejercen presión sobre el Guadalquivir– es de solo el 4,3% del total.

“No se han detectado concentraciones de metales pesados en peces que superen los límites establecido, sin que hayamos apreciado vinculación directa con el vertido de CLC”

“Las fuentes puntuales amparadas por el censo arrojan al Estuario hasta un total de 20.773.778 metros cúbicos, de los que 900.000 corresponderían a CLC”, afirma. En ese sentido, añade que el río, con una masa de agua muy modificada por la acción humana a lo largo del tiempo, recibe aportaciones de usos agrícolas, vertidos urbanos, aportes subterráneos y materiales geológicos ricos en sulfuros metálicos. Eso, apuntan, explicaría la presencia de metales y nutrientes en el sistema.

“No se han detectado concentraciones de metales pesados en peces que superen los límites establecidos, salvo excepciones puntuales para plomo (aguas arriba y aguas abajo del vertido), sin que hayamos apreciado vinculación directa con el vertido de CLC”, señala el informe de Aicia.

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