ESTAMPAS DE LA HISTORIA DEL CAMPO DE GIBRALTAR

Fernando de Zafra y el repartimiento de Gibraltar en 1502

  • Tras el fracaso del reparto realizado por el Duque de Medina Sidonia, los Reyes Católicos ordenan un estudio para proceder al reparto de las tierras basándose en sus cualidades y probables usos

Vista de la dehesa de Zanona (Los Barrios), uno de los “echos” aprovechados por el Concejo de Gibraltar y sus vecinos tras el repartimiento de 1502.

Vista de la dehesa de Zanona (Los Barrios), uno de los “echos” aprovechados por el Concejo de Gibraltar y sus vecinos tras el repartimiento de 1502.

Tras una larga pugna entre la Corona de Castilla y el Duque de Medina Sidonia, que se empecinaba en conservar entre sus títulos el de la ciudad de Gibraltar, alegando que lo había recibido del propio rey Enrique IV mediante Privilegio Rodado otorgado en mayo del año 1470, tras la fracasada entronización de su pusilánime hermano, don Alfonso, en la llamada “Farsa de Ávila”, por fin, con el advenimiento del siglo XVI, Gibraltar y sus términos pasaron a ser definitivamente de realengo, una vieja aspiración de la reina Isabel I que consideraba esta estratégica fortaleza, situada frente a la costa africana, como la “llave de España”.

En 1502, los Reyes Católicos ordenaron la realización de un detallado estudio para proceder a un nuevo repartimiento de su amplio y rico territorio. El anterior repartimiento, realizado por el Duque de Medina Sidonia, había sido un total fracaso, pues la mayor parte de los labradores y ganaderos que trajeron para repoblar no había acudido a tomar posesión de sus tierras o las habían abandonado. El citado estudio lo había de realizar el funcionario real Fernando de Zafra.

Fernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos, nació en Castril en el año 1444 en el seno de una humilde familia de cristianos nuevos. De origen modesto, sus años al servicio como letrado de los reyes y su dedicación, junto al capitán general don Íñigo López de Mendoza, a las labores de política económica y a la diplomacia, le abrieron las puertas de la aristocracia y la riqueza convirtiéndose, mediante privilegio otorgado por los reyes, en señor de Castril.

En la primavera de 1502, los Reyes Católicos lo enviaron a Gibraltar para que llevara a cabo un estudio de las tierras aprovechables existentes en sus términos y les remitiera un informe sobre sus cualidades, probables usos y el repartimiento de las mismas entre nuevos pobladores. El 20 de junio de dicho año, Fernando de Zafra procedió a enviar a los reyes un exhaustivo memorial después de haber realizado un minucioso análisis de las tierras del término, de sus características y capacidades productivas. En dicho memorial (conservado en el Archivo de Simancas) se relacionan las tierras que podían repartirse entre los nuevos pobladores, el valor de las mismas y las posibles rentas que podrían dar a la Corona y al concejo gibraltareño, así como una relación de los “echos e campos” que, estando baldíos, se podrían repartir, y el número de repobladores que se deberían traer para ponerlos en explotación. La idea de los reyes era incrementar el vecindario de Gibraltar, que en 1500 era de 320 (unos 1250 habitantes), en otros 500, de los cuales 150 debían de ser caballeros y 350 labradores, ganaderos y hombres de mar.

Escudo de armas de Gibraltar concedido a la ciudad por los Reyes Católicos el 10 de julio de 1502. Escudo de armas de Gibraltar concedido a la ciudad por los Reyes Católicos el 10 de julio de 1502.

Escudo de armas de Gibraltar concedido a la ciudad por los Reyes Católicos el 10 de julio de 1502. / Ayuntamiento de San Roque

El exhaustivo informe hace referencia a los “echos e campos” principales en los que existían pastos comunes y propios de la ciudad, que eran: Algeciras y Botafuego, en los que casi todas las tierras eran baldíos, excepto una dehesa para pastizales que se podría dedicar a los bueyes que tuvieran los labradores; Los Barrios con Guadacorte, que tenían otra dehesa para bueyes; Fontétar y Albalate, con buenas dehesas para caballos y, por último, Guadiaro y Guadalquitón, la mayor parte de cuyas tierras estaban aún por roturar. De los “echos” más ricos y de mayor extensión, de los que formaban parte del antiguo término de Algeciras, enumera los siguientes: Ojén, Getares, Navas, Zanona y Benarax. Las tierras comprendidas entre el río Guadarranque y el Peñón se dedicarían a pastos comunes del vecindario y propios del Concejo.

Además de estos “echos”, según Zafra, había otros diez en el término que los reyes habían ordenado arrendar, entre ellos El Raudal, Laugis, Muta, Adocal, Navas y Guadarranque.

Fernando de Zafra, propuso que se entregaran las tierras de labranza a razón de una “caballería” por caballero (18,5 hectáreas de tierra de labor) y media para los demás. Los artesanos y mercaderes recibirían un solar para que construyeran sus casas y pudieran tener un pequeño huerto y un viñedo. Los nuevos vecinos se debían comprometer a residir en Gibraltar por un plazo mínimo de diez años, prohibiéndoseles vender las tierras recibidas en los veinte años siguientes a la concesión y a no traspasar la propiedad en ese mismo período de tiempo.

El 9 de noviembre de 1502, Fernando de Zafra, estando ya en Granada, envió un poder a don Diego López de Haro, alcaide de Gibraltar, nombrándolo repartidor y dándole instrucciones de cómo debía proceder cuando fueran llegando los nuevos vecinos. Se le daba un plazo máximo de seis meses para que ejecutara el repartimiento, asignándole un sueldo de 20.000 maravedíes.

Folio 4º del informe de Fernando de Zafra sobre el repartimiento de Gibraltar en el que aparecen algunos de los “echos e campos” con los maravedíes que podían rendir. Folio 4º del informe de Fernando de Zafra sobre el repartimiento de Gibraltar en el que aparecen algunos de los “echos e campos” con los maravedíes que podían rendir.

Folio 4º del informe de Fernando de Zafra sobre el repartimiento de Gibraltar en el que aparecen algunos de los “echos e campos” con los maravedíes que podían rendir. / Archivo General de Simancas

Como don Diego López de Haro había comunicado el rey que el “echo” de Getares no era bueno para la siembra de trigo, don Fernando ordenó que se tomara para propios del Concejo.

El asentamiento de los nuevos vecinos, que fueron llegando, no solo de Andalucía, sino también de Castilla, León y Levante, se fue realizando conforme a lo proyectado, aunque no pudo cumplirse el plazo estipulado, teniendo la reina, en mayo de 1503, que emitir una Real Cédula por la que se prorrogaba el poder del alcaide por otros seis meses más a partir del mes de junio.

Los Reyes Católicos y Fernando de Zafra pusieron especial interés en dotar de abundantes bienes de propios y de rentas al Concejo gibraltareño, tanto para incentivar la llegada de nuevos pobladores, como para hacer de Gibraltar un enclave con suficientes recursos para que pudiera atender y mantener su propia defensa, pues a cuenta de los bienes de propios tenía el consistorio de la ciudad que pagar los salarios de las guardas y los atajadores, tan necesarios en una zona fronteriza siempre expuesta a las incursiones de corsarios procedentes de la otra orilla.

De los 320 vecinos que residían en Gibraltar en el año 1500 se pasó, merced al nuevo repoblamiento y reparto de tierras ordenados por los Reyes Católicos, a 700 en 1510 y a 1450 en el año 1528 (unos 5800 habitantes).

Por un documento que se custodia en el Archivo de la Real Chancillería de Granada, se sabe que en los primeros años del siglo XVI la vega del río de la Miel se dedicó a la siembra y producción de caña de azúcar. La plantación pertenecía al Marqués de Cádiz y a otros dos caballeros de Sevilla. Sin embargo, este cultivo debió ser abandonado, ya que los vecinos de Gibraltar se querellaron contra el Marqués de Cádiz, alegando que "han tomado y ocupado y tienen sembrada y ahora de nuevo quieren sembrar de cañas dulces todas las vegas del río de la Miel que es en Algeciras..." Los vecinos ganaderos se quejaban de que con las cañas de azúcar se ocupaban las vaderas o vados del río por donde debía pasar el ganado y, también, porque se sembraban de caña dulces tierras que el concejo entendía se debían dedicar a sementera por la gran escasez de trigo que hubo siempre en el término. El pleito debió fallarse a favor de los vecinos, pues no vuelve a encontrarse ninguna mención, en documentos posteriores, relativa a este tipo de cultivo.

Gibraltar en el año 1567 según un dibujo de Antón Van den Wyngaerde. Gibraltar en el año 1567 según un dibujo de Antón Van den Wyngaerde.

Gibraltar en el año 1567 según un dibujo de Antón Van den Wyngaerde.

Entre 1525 y 1530, cuando el viajero Pedro de Medina cruzó el solar de la destruida ciudad de Algeciras en su viaje desde Málaga a Cádiz, dejó constancia de lo que vio con estas palabras: "Parece en ella (en la desaparecida Algeciras) ahora pedazos de muy hermosos edificios, en especial algunas torres de la cerca bien fuertes junto a las cuales llega el mar. Tenía esta ciudad campos y dehesas de hierba muy abundosos donde se crían los mejores ganados vacunos de España…, que se llaman ahora campos de Tarifa".

Según el historiador Alonso Hernández del Portillo, jurado de Gibraltar en la segunda mitad del siglo XVI, "esta ciudad tiene para sí de su cosecha largamente lo que ha menester de todos los frutos de la tierra, excepto aceite, que por poca curiosidad de sus vecinos no lo hay, aunque la tierra es muy a propósito para producir olivos y ararlos, pues en sus campos hay muchos silvestres (acebuches)..."

En los entornos de la ciudad de Gibraltar había numeroso viñedos, en los siglos XVI y XVII, entre el istmo y la actual población de San Roque, y en los campos de Getares y la Dehesa de la Punta (cerca de Punta Carnero). En relación con este cultivo escribe Portillo: "Hay en esta ciudad muy larga y abundantísima cosecha de vinos y muy excelentes que se cargan en ella por la mar para Flandes, Inglaterra, Francia y para otras muchas partes de España".

A partir del repartimiento de 1502, dehesas y campos de los antiguos términos de la desaparecida Algeciras se fueron repoblando y poniendo en explotación. En un protocolo de 1592 se hace mención a "un cortijo de tierras de riego y secano con sus casas en las Algeciras, lindando por una parte con un camino que va junto a las murallas de la Villa Vieja".

En otro documento de 1625 se cita otro cortijo situado en Algeciras que lindaba con las tierras de Melchor de Mesa, con el arroyo Salado, con las tierras del Convento de Santa Clara, con las ruinas de Algeciras, con la mar y con el camino que viene de Tarifa. En otro documento de 1700 se mencionan las tierras de pan sembrar que llaman de don Carlos, en Algeciras, y en otro de 1703, al cortijo del Novillero que está en Algeciras.

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