PERSONAJES HISTÓRICOS DEL CAMPO DE GIBRALTAR

Don Antonio Barceló y sus lanchas cañoneras

  • El afamado marino mallorquín fue conocido por su capacidad de mando, valor en el combate y exitosas hazañas

  • Se enfrentó a Inglaterra para poner sitio a Gibraltar

Retrato de don Antonio Barceló realizado en 1848 (Anónimo). Museo Naval de Madrid. Retrato de don Antonio Barceló realizado en 1848 (Anónimo). Museo Naval de Madrid.

Retrato de don Antonio Barceló realizado en 1848 (Anónimo). Museo Naval de Madrid.

Don Antonio Barceló y Pont de la Terra, famoso marino español muy vinculado a las tierras y aguas del Estrecho por los numerosos combates en los que se enfrentó a los corsarios norteafricanos y por su participación en el Gran Sitio que los ejércitos y las flotas de España y Francia pusieron a Gibraltar entre los años 1779 a 1783, había nacido el 1 de enero de 1717, en el número 12 de la calle del Vino, en Palma de Mallorca.

Barceló carecía de estudios náuticos o militares y no poseía título de nobleza que hubiera podido favorecer su ascenso en la carrera militar. Sin embargo, con su demostrada inteligencia, su valor en el combate y su conocimiento de las cosas del mar llegó a alcanzar el grado de Teniente General de la Marina Española y una fama imperecedera lograda por su capacidad de mando y su inventiva a la hora de crear unas embarcaciones sutiles que tuvieron un enorme éxito: las famosas lanchas cañoneras, que sirvieron de apoyo a los grandes navíos de la Armada en la guerra contra Inglaterra y como lanchas dedicadas al corso hasta la segunda década del siglo XIX.

Comenzó siendo grumete en el jabeque propiedad de su padre, Onofre Barceló, que transportaba mercancías desde la Península hasta las Islas Baleares, incluyendo el Correo Real. Pronto pasó a ser marinero y luego piloto de la embarcación. A los dieciocho años murió su progenitor, teniendo que hacerse cargo, como capitán, del barco de su padre. Un año más tarde entró en combate con dos naves piratas berberiscas en aguas de Ibiza a las que puso en fuga y, a los veintiuno, pese a su nula formación académica y náutica, el rey Felipe V lo nombró alférez de fragata el 6 de noviembre de 1738.

Batalla Naval de Algeciras de 1801. Óleo de Alfred Morel-Fatio (siglo XIX). Batalla Naval de Algeciras de 1801. Óleo de Alfred Morel-Fatio (siglo XIX).

Batalla Naval de Algeciras de 1801. Óleo de Alfred Morel-Fatio (siglo XIX).

Los mandos de la Armada, pertenecientes a la nobleza, lo despreciaban por su origen plebeyo y procuraban zaherirle e ignorarlo, a lo que Barceló respondía con su eficacia en el mando —sus marinos lo adoraban—, su valor en los combates y sus éxitos apresando o haciendo huir a naves corsarias, en ocasiones más grandes y mejor artilladas que la suya.

En 1748 fue nombrado teniente de fragata por el rey Fernando VI, obteniendo el mando de cuatro jabeques, con los que logró varios triunfos frente a naves corsarias argelinas. En 1761, era ascendido a capitán de fragata, asumiendo el mando de una división de tres jabeques reales. En ese año sostuvo un combate con una escuadra de corsarios, logrando apresar a siete navíos enemigos, cuando él contaba tan sólo con tres. Al año siguiente, con su jabeque, rindió en otro combate a tres navíos. En uno de ellos hizo prisionero al famoso capitán corsario Selim, aunque fue herido en el abordaje de una de esas embarcaciones con una bala de mosquete que le atravesó la mejilla izquierda y que dejó su cara desfigurada para siempre.

Una de las lanchas cañoneras diseñadas por Barceló patrullando las aguas de la Bahía. Una de las lanchas cañoneras diseñadas por Barceló patrullando las aguas de la Bahía.

Una de las lanchas cañoneras diseñadas por Barceló patrullando las aguas de la Bahía.

En 1775, el rey Carlos III ordenó atacar Argel, que era un nido de piratas, con 46 buques de diferentes características y tamaños y un total de 18.400 hombres a bordo. Don Antonio Barceló iba al mando de la flota sutil, en primera línea, y aunque sufrieron numerosas pérdidas, el mallorquín pudo demostrar, una vez más, su enorme talla de marino.

El 16 de junio de 1779 estalló una nueva guerra con Inglaterra. El 24 de agosto Barceló fue ascendido a Jefe de Escuadra y nombrado Almirante-Comandante de las fuerzas navales destinadas en la bahía de Algeciras para poner sitio a Gibraltar. Su flota la componían un navío de línea, una fragata, tres jabeques, cinco jabequillos, doce galeotas y veinte embarcaciones menores.

Ante las dificultades para poder doblegar a los grandes navíos ingleses, Barceló obtuvo permiso de la Superioridad para acometer la construcción, en los astilleros de Algeciras (situados en el Saladillo), de sus famosas lanchas cañoneras, de invención propia, y así poder cañonear a los grandes buques de línea enemigos casi impunemente. Las armó con una pieza de a 24 o con un mortero. Para proteger a la dotación se las dotó de un parapeto plegable forrado por dentro y por fuera con una capa de corcho. Medían 56 pies de quilla, 18 de manga y 6 de puntal, con 14 remos por banda. Llevaban la pieza mencionada giratoria, con una gran vela latina, siendo su dotación de una treintena de hombres. Barceló atacaba de noche y siempre elegía las más oscuras, haciendo imposible a los ingleses poder apuntar y acertar a sus lanchas que sobresalían del agua menos de un metro.

Carlos III relevó a Martín Álvarez de Sotomayor del mando de las fuerzas sitiadoras, sustituyéndolo por el duque de Crillón, que portaba unas instrucciones reservadas para que calibrase la capacidad de Barceló como general. Pero, cuando el duque conoció a Barceló, dirigió una carta a Floridablanca recomendándole para el ascenso a teniente general a pesar de su sordera y su avanzada edad.

El insigne marinero mallorquín continuó al mando de las fuerzas de mar en Algeciras durante el bloqueo de Gibraltar, demostrando un valor y denuedo extraordinarios. Se cantaba, por aquel tiempo, una copla que decía: “Si el rey de España tuviera cuatro como Barceló, Gibraltar fuera de España que de los ingleses no”.

Lanchas cañoneras de Barceló hostigando a un navío inglés durante el asedio a la plaza de Gibraltar de 1779 a 1783 (Grabado de Roberts, 1785). Lanchas cañoneras de Barceló hostigando a un navío inglés durante el asedio a la plaza de Gibraltar de 1779 a 1783 (Grabado de Roberts, 1785).

Lanchas cañoneras de Barceló hostigando a un navío inglés durante el asedio a la plaza de Gibraltar de 1779 a 1783 (Grabado de Roberts, 1785).

Durante el Gran Sitio de Gibraltar, Algeciras se convirtió en el punto de reunión de los oficiales y marineros de la escuadra española. Una vez acabado el conflicto, don Antonio Barceló donó a la imagen de la Virgen del Carmen y al Niño que sostenía en sus brazos, que estaban entronizadas en la Capilla de San Antón, sendas coronas de plata, hecho que está atestiguado por la inscripción grabada en la corona de la Virgen, que dice: “Estas Coronas las dio el Excmo. Sr. D. Antonio Barceló, Teniente General de la Mar. Año de 1783”. Actualmente sólo se conserva la original de la Virgen.

Estando en su retiro de Palma de Mallorca, don Antonio Barceló —el Capitán Antoni, como lo conocían en su ciudad natal— falleció en la casa en la que había nacido en el año 1779, a los ochenta años de edad, reposando sus restos en una de las primeras parroquias que fueron fundadas en Mallorca durante el reinado de Jaime I, en la iglesia de la Santa Cruz, en su propia Capilla de San Antonio, fundada por su familia. Para perpetuar su memoria, se colocó una lápida en el Panteón de los Marinos Ilustres de San Fernando donde se le quiso enterrar, aunque él dejó recogido en su testamento que deseaba descansar en la iglesia de Santa Creu de Palma.

Las lanchas cañoneras que él inventó continuaron surcando las aguas de la bahía de Algeciras y del Estrecho en las décadas siguientes. Su participación fue decisiva en la conocida como Batalla de Algeciras de 1801, en la que las escuadras española y francesa vencieron a la inglesa del almirante Saumarez junto a la Isla Verde.

En la fachada de su casa natal existe una placa que dice lo siguiente: "En esta casa vivió y murió el Excmo. Señor Don Antonio Barceló y Pont de la Terra —Capitán Antoni—, Teniente General de la Marina Española que en las singladuras de sus naves invictas debeló la piratería mediterránea y fraguó en la azulada infinitud de los mares un poema heroico de la España inmortal. El Excmo. Ayuntamiento de Palma al hijo ilustre de la ciudad para perpetua memoria de sus virtudes militares y de sus hazañas gloriosas. 20 de enero de 1967".

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